Semanario de LA VERDAD
 
 
 


CRÓNICA DE ACTUALIDAD E

Historia en las fotos de José Rodrigo

Foto
Fotografía de la exposición de personajes y cuadros costumbristas lorquinos (s. XIX-XX) del fotógrafo José Rodrigo.

PEDRO SOLER


En la Casa Díaz Cassou se presentan dos exposiciones que pudieron ser contempladas con anterioridad en otras salas de la Región. Una de ellas muestra una serie de interesantes fotografías del pintor lorquino José Rodrigo (1837-1916); la otra acoge dibujos sobre papel del pintor argentino Guillermo Kuitca.

Por lo que parece deducirse, la colección de fotografías de Rodrigo fueron expuestas en Lorca, y algunas de ellas también en la Casa Díaz Cassou, con motivo de una colectiva sobre la obra de diversos fotógrafos. Sea como fuere, es indudable que merece la pena contemplar, todas o en parte, una colección, que recogen trozos de una historia relativamente cercana, a base de personajes, enclaves, fiestas, tradiciones... Además, se palpa una fidelidad y una sapiencia artística más que respetable en todo lo referente al arte de la fotografía. Merece la pena, sí, recontemplar esas obras, en las que aparecen el huertano, el limpiabotas o el sepulturero como muestra de unas profesiones, en un momento determinado, pero también como una demostración dramática de la vida de una época relativamente cercana.

Si se busca otras rutas, entre las fotografías de Rodrigo asoman las familias ataviadas con su estampa y sus galas domingueras o los documentos precisos para recordar el surgimiento de nobles edificios, y su comparación con la actualidad; o bien suponen un prueba gráfica de algo que estuvo y ya no está. Queda, como algo imborrable, el testimonio de las antiguas barracas y de emotivas estampas huertanas, junto a vistas panorámicas en las que los arrabales y el abandono ocupan los primeros planos. Están los testimonios y reflejos de momentos lejanos y variopintas situaciones en Lorca, Cartagena, Vera, Águilas, Murcia, Caravaca, Almería..., y los precisos momentos de episodios guerreros o la construcción de vías férreas y puertos marítimos. Y junto a esta variedad temática, destaca la atención prestada a la siempre atrayente Semana Santa lorquina.

Uno de los apartados que merecen una atención preferente es el dedicado a los espléndidos retratos, en los que permanecen no solo rostros, cuerpos o familia con el necesario adorno y la pose imprescindible. De manera especial habría que señalar la definición de vivencias personales y profesionales que conlleva cada uno de los personajes retratados. El ropaje, los utensilios y el contorno genérico dicen tanto como cada uno de los retratados. Manuel Muñoz Clares afirma que estos retratos ofrecen «una valiosa información complementaria para el estudio y la caracterización de la sociedad lorquina del último tercio el siglo XIX». Totalmente de acuerdo.

Referente a la exposición de Guillermo Kuitca -quien en el 2003 presentó su obras en el madrileño Palacio de Velázquez, en una muestra organizada por el Museo Reina Sofía- ya se ofreció en Cartagena, durante la pasada edición de La Mar de Músicas. El pintor, definido por Juan Ramón Medina Precioso, consejero de Educación y Cultura, como «uno de los artistas argentinos más internacionales y aclamados de su generación» o, según afirma Pilar Barreiro, alcaldesa de Cartagena, «un luminoso ejemplo de lo mejor de entre lo mucho que Argentina ofrece al mundo», aporta a la Casa Díaz Cassou una serie de dibujos de trazado sencillo, y muchos otros que conforman distintas variaciones, incluso cuatro, sobre un mismo tema. Escenarios, famosos teatros, estadios... se ofrecen como especiales radiografías internas.

Quizá, uno de los aspectos con mayor aliciente y curiosidad de la exposición sea la variación no sobre un mismo tema, sino sobre distinta temática y variados métodos para utilizar las formas y el color. Hay obras en las que los colores permanecen con una hiriente intensidad, y otras en las que apenas brotan cargados de suave percepción. Y aparecen obras sobre cuestiones indefinidas, pero llenas de imaginación. Los comentaristas reseñan la «connotación musical», derramada a lo largo de la pintura de este artista argentino.

El pintor Molina Sánchez sigue ocupando visos de actualidad, pese a su actitud silenciosa y retirada. Todavía no hace dos meses fue clausurada la exposición -titulada Período de África, presentada en la sala El Martillo- en la que se evocaba uno de sus momentos artísticos de mayor esplendor. Ahora acaba de clausurar otra muestra de obras recientes en una sala de la ciudad de Almería. Incapaz de permanecer ocioso, esta tarde presenta una nueva exposición en la galería Thais, de Lorca; y para el próximo mes de marzo volverá a ocupar la sala de Galería Chys. Junto a su calidad artística y su incuestionable bonhomía, no puede olvidarse su incansable entrega a la pintura.





 

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