MÚSICA
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El patético testamento musical de Tchaikovsky
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| BAILARINES ensayan una obra de Tchaikovsky. / EFE |
ANTONIO DÍAZ BAUTISTA
En 1893, cuando presentó la Sinfonía Patética, tenía Tchaikovsky cincuenta y tres años. Aunque no era una edad muy avanzada, ni siquiera para su época, estaba muy envejecido, según sus biógrafos. Su existencia había estado dominada por frecuentes periodos depresivos y por una extrema hipersensibilidad, que lo hacía sumamente vulnerable a las contrariedades. De familia acomodada, había sido un chiquillo inteligente, bien dotado para la música, pero tan delicado que lo calificaban como un «niño de porcelana». Como suele suceder en estas personalidades, se sentía muy vinculado a su madre y la muerte de ésta, a causa del cólera, cuando él tenía catorce años, fue un golpe durísimo. Se ha querido ver en el trauma producido por esta pérdida el origen de los desequilibrios psicológicos del compositor, agravados, probablemente, por la no aceptación de su tendencia homosexual. Para quien, desconociendo su biografía, escucha su música, por lo general fácil, comunicativa y brillante, le cuesta entender que sea fruto de una personalidad tan atormentada. Tchaikovsky fue un permanente inadaptado que, ni siquiera en los escasos periodos estables de su vida, parece haberse sentido conforme consigo mismo. No experimentó el menor entusiasmo por los estudios de Derecho, que cursó hasta el final, ni con el confortable puesto de funcionario del Ministerio de Justicia, que alcanzó muy pronto, y que abandonó para dedicarse a la música.Pero tampoco parece haberse encontrado satisfecho con su actividad docente en el Conservatorio de San Petersburgo y, ni siquiera, con su propia producción musical, sin duda porque sus aspiraciones eran desmesuradas y demasiado inconcretas. Aunque siempre se manifestó deseoso de encontrar la serenidad a través del amor, sus relaciones con las mujeres fueron tempestuosas. Se enamoró en 1869 de una soprano belga, Desirée Artot, que se casó con otro hombre. Más tarde cedió a las presiones de una joven, Antonia Miliukova, también bastante desequilibrada, y se casó con ella, en 1877. El matrimonio no llegó a consumarse y se separaron a las pocas semanas, tras una crisis nerviosa del compositor, quien intentó suicidarse. El periodo más fecundo y, relativamente plácido, de la vida de Tchaikovsky se produjo entre 1880 y 1890, bajo el patrocinio económico de Nadezhda von Merk, una acaudalada viuda, doce años mayor que él, con la que mantuvo una relación epistolar, sin llegar jamás a verla. La ruptura con su protectora y amiga, lo sumió de nuevo en la depresión, aunque no interrumpió su actividad creadora, puesto que en la década de los noventa escribió la Quinta Sinfonía, los deliciosos ballets Cascanueces y La bella durmiente, y la Sexta Sinfonía, su testamento musical, a la que su hermano dio el sobrenombre de Patética. Desde mucho tiempo atrás había manifestado Tchaikovsky su sensación de estar acabado, pero a partir de 1890, esta idea se hizo más punzante. En 1892 concibió una nueva sinfonía, cuya composición, en los años siguientes, le hizo derramar muchas lágrimas, según confesaba. Era su «obra más sincer» y no acabaría con el habitual allegro, sino con un lento y triste adagio lamentoso. Preveía que la obra no sería bien aceptada y, en una de sus últimas cartas, afirmaba que la música estaba impregnada de un sentimiento que hacía pensar en un requiem. Fuera o no un presentimiento, el músico murió nueve días después de ser estrenada, sin demasiado éxito, Según la versión habitualmente aceptada falleció a causa del cólera, pero hay quien afirma que, al descubrirse sus relaciones homosexuales con un joven de la aristocracia zarista, sus compañeros de estudios le formaron un tribunal de honor y lo obligaron a suicidarse.
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