Semanario de LA VERDAD
 
 
 



A veces sí, a veces no

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Carmen Posadas sigue divirtiendo y divirtiéndose con su literatura, que es lo mejor que se puede decir de un libro. Y no es para reírse. No se trata de una novela de humor, sino de un relato en el que lo divertido radica, precisamente, en la complejidad de la obra, aunque parezca un contrasentido. No es nada nuevo en su trayectoria, que arranca en 1996 -hace ahora, precisamente, diez años- con la publicación de Cinco moscas azules, el encontrar determinados juegos metaficcionales que lejos de aburrir, como sucede en tantos otros autores, proponen al lector una especie de pacto lúdico en el que es preciso su participación para completar los agujeros negros que, deliberadamente, deja a su paso. Y, una vez más, su intención es, en algún que otro pasaje, demasiado obvia, quizá por su deseo de llegar a mayor número de lectores. No sabría cómo calificar a este tipo de novela, que, de alguna manera, como en Pequeñas infamias, tiene algo de relato detectivesco, con cierto aroma de novela rosa, sin olvidar su inequívoco componente psicológico e intelectual. Como si Posadas creara un género nuevo valiéndose de lo mejor de cada uno de ellos. Lo que en apariencia parece caótico a los ojos del lector, con una trama envolvente que va desarrollándose en círculos concéntricos, va aclarándose poco a poco a medida que avanzamos en sus páginas hasta llegar a la almendra final, con sorpresa incluida. Para empezar, los propios títulos que van al frente de cada uno de estos capítulos poseen esa nota divertida a la que antes se ha aludido. Véase un ejemplo: «Dos semanas más tarde: el humor negro no es bueno para la literatura (Y tampoco para el sexo)». Literatura sobre literatura, es cierto. Pero también hay algo más. De haberse conformado sólo con eso sería una novela condenada de antemano al fracaso. Ese «algo más» tiene que ver, por ejemplo, con la reflexión que Carmen Posadas lleva a cabo sobre el ser humano -el devenir de la vida, dice, tiene mucho que ver con la famosa canción de Julio Iglesias: a veces sí, a veces no-, las causalidades y las casualidades que nos depara la existencia, los errores y los fracasos que siempre nos acompañan, la maldad, la inocencia y los juegos paralelísticos con el ineludible Borges, cómo no, como telón de fondo.

José Belmonte Serrano ‘Juego de niños’. Carmen Posadas. Planeta. 394 páginas.

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