Semanario de LA VERDAD
 
 
 


arquitectura

el personaje «Soy un nómada, una persona proyectada hacia el futuro»

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MIRADA(S) LÚCIDA(S). El arquitecto Ricardo Bofill, uno de los más veteranos y prestigiosos del mundo, descansando en un rincón de su casa. / T. D. A.

El arquitecto Ricardo Bofill, con obras en los cinco continentes, defiende que «la España de las autonomías es la que se debe ir construyendo y perfeccionando»

ANTONIO ARCO


Dice Ricardo Bofill (Barcelona, 1939): «Yo podría retirarme, claro, porque ya he trabajado mucho, he construido en más de cincuenta países distintos y hemos hechos alrededor de mil proyectos. Me podría retirar y hacer una vida más cómoda, pero tengo una especie de necesidad de seguir creando, de seguir haciendo cosas». Considerado uno de los arquitectos más importantes del mundo, Bofill se declara enamorado de dos tipos de lugares en los que encuentra momentos de gozo: «Los lugares naturales muy fuertes, como son el desierto del Sahara, donde voy mucho, o el mar, y los grandes espacios arquitectónicos hechos por mí o por otros compañeros». En esta entrevista reflexiona sobre sí mismo, sus pasiones, su visión del mundo y su idea de España.

- Señor Bofill, Ana María Matute dice que su reino es el de la duda, ¿cuál es el suyo?

- El del aprendizaje. Me interesa ver cosas nuevas, intentar entender los fenómenos que se van produciendo y conocer todo lo que pueda cuantas más culturas mejor. Yo predispongo mi espíritu para no cansarme de seguir aprendiendo.

- ¿No invierte parte de sus energías en la nostalgia?

- Tengo mucho en cuenta la memoria y la historia, pero no soy un nostálgico. Más bien soy una persona proyectada hacia el futuro. Mi vida está constantemente proyectada hacia lo que voy a hacer, hacia nuevos retos.

- Proyectar es su oficio.

- Un oficio de síntesis, complejo, en el que se tiene la impresión de que uno nunca va aprendiendo. Por muchos años de experiencia y mucho conocimiento que tengas, cada vez las cosas vuelven a empezar; sobre todo cuando la creatividad está en juego, como lo está en mi disciplina.

- ¿Cómo construye su visión del mundo?

- Soy una persona con un origen de izquierdas, hijo de un padre catalanista y muy liberal y de una madre judía y de Venecia, o sea que soy mitad italiano. He vivido una parte de mi tiempo en Barcelona, pero soy un nómada, he estado prácticamente toda mi vida viajando. Eso me da una visión del mundo un poco distinta a las convencionales. Tengo la impresión de que el mundo se hace cada vez más pequeño, y de que no se puede tener una posición fija, única y que sirva para todas partes. Viajar y hacer arquitectura en distintos continentes te da una visión poliédrica del mundo. Cuando estás en Pekín miras a Nueva York de otra manera, cuando estás en Nueva York miras a España de otro modo y cuando estás en Japón miras a Nueva York de forma distinta.

- ¿Y suele mirar con optimismo?

- Soy optimista en el trabajo que hago, pero algo pesimista con el futuro de la Humanidad. Creo en el progreso, pero al mismo tiempo también creo que éste tiene en sí mismo unos males intrínsecos que son inherentes a las personas y a la vida de hoy.

- ¿A qué males se refiere?

- El hombre es un animal inteligente, que tiene un impulso constructivo y otro destructivo. De la misma manera que se va comiendo a las otras faunas, en nuestra cultura occidental esta especie de mecanismo autodestructivo tiene una importante vigencia.

- ¿Consigue seguir sorprendiéndose?

- Lo intento. Me gusta quedarme admirado, enamorado, sorprendido por los nuevos acontecimientos. A mí, la persona que cree que ya lo ha visto todo y que lo sabe todo no me gusta. Quizás yo podría caer en esa posición cómoda después de llevar cuarenta años trabajando y recorriendo estos mundos de Dios, pero no caigo. Me gusta descubrir cosas nuevas constantemente. La arquitectura se ha convertido para mí, también, en una forma de conocimiento de las distintas sociedades que existen.

- ¿Qué es lo más importante que ha aprendido en la vida?

- Dejar de tener miedo a la muerte, pensar que la muerte forma parte de la vida, que la vida no tiene razón de ser sin la muerte. Y alejarme de todas las visiones en las cuales la muerte es como un final.

- ¿No lo es?

- Sí, es el final del hombre individualmente, pero la vida conlleva la muerte. Después de visitar tantos países, de conocer las religiones, de hacer arquitectura un poco también para dejar una obra que a uno lo trascienda -la arquitectura como un desafío a la muerte- acepto la muerte como una realidad.

- ¿Arrastra muchas heridas abiertas?

- No, porque doy valor a todas las experiencias. No tengo una religión determinada, ni tengo una sola fuente de información...; no arrastro heridas, arrastro experiencias que han ido ocurriendo a lo largo de mi vida; apasionantes todas ellas: positivas, negativas, de todo orden. Al final, todo eso construye una personalidad de la cual, de alguna forma eres prisionero. Lo que sí es cierto es que conforme pasa el tiempo se encuentra uno más solo. Tengo el sentimiento de que mi vida es, de algún modo, privilegiada, porque estoy todos los días viajando con muchos desafíos entre manos, pero al mismo tiempo es una vida que te lleva a una cierta soledad porque es difícil de compartir con otra gente.

- Ser uno de los arquitectos más importantes del mundo, ¿de qué le pone a usted a salvo?

- De los desafíos, no. Hoy los medios de comunicación hacen que las cosas se sepan con mucha facilidad y, bueno, el trabajo que yo hago en China, en Japón, en EE UU o en Latinoamérica puede ser conocido rápidamente. Esto facilita un cierto privilegio, pero después el desafío, el reto en cada proyecto es el mismo.

- ¿Qué papel le toca desempeñar hoy a la arquitectura en este mundo convulso?

- No tiene el mismo valor en países desarrollados que en países emergentes, ni en un continente que en otro. La arquitectura como forma de dar cobijo a la gente que no lo tiene, o como forma de construir la colectividad o de transformar el medio, está vigente sobre todo en países que tienen el optimismo y las ganas de mejorar, de modificarse. Es muy distinto trabajar en ciudades como París, donde la firma del arquitecto se convierte en una plusvalía que se da al objeto que se construye, que en África.

China, por ejemplo

- ¿Se olvida la arquitectura muchas veces de la gente?

- En los países que se están dando una nueva cara, una nueva personalidad, como puede ser China, los encargos que a uno le piden son edificios nuevos que sean lo más originales posible, que no se hayan visto en ningún lado. Piden más objetos insólitos, nuevos, que una relación con el hombre. Ya no importa tanto que el hombre esté en el centro del espacio y que todo esté proporcionado y sea armónico en relación con la mente y con el cuerpo de los hombres. Hoy se pide una arquitectura muy monumental, muy objeto, de una gran potencia; y ésta no es siempre la arquitectura que tiene más valor.

- ¿Cuál es la que sí lo tiene?

- Los valores que son la base de mi cultura tienen que ver con la ciudad mediterránea, con una ciudad mezclada, con calles y plazas con mucha vida.

- ¿Creando ha tenido muchos momentos de felicidad?

- Es difícil definir la felicidad. En un proceso de trabajo, por ejemplo, el momento en que uno está concibiendo el concepto de un proyecto puede ser muy gratificante, pero en cualquier caso el sistema creativo está basado en la insatisfacción, en una especie de empuje, de insatisfacción que se tiene y que le lleva a uno a mantener una posición autocrítica con respecto a su obra para constantemente poder hacer otra que pretende ser mejor que la anterior.

- Está muy cerca el referéndum sobre el Estatuto de Cataluña. Julián Marías sostenía que «los nacionalismos son suicidas». ¿Qué piensa usted de ellos?

- Naturalmente, son sistemas inadecuados, o sistemas un poco ultrapasados. Lo que ocurre es que en España, más que de nacionalismos se puede hablar de un sistema de descentralización, de autonomías; se puede hablar de la España plural, de la España descentralizada, de la España de las autonomías, que yo creo que es la que se debe ir construyendo y perfeccionando, incluso con aquellos que se llaman nacionalistas.

- ¿Ve usted algún peligro de que España se rompa, se parta, naufrague?

- No, no creo que España se rompa en absoluto. España está en Europa, está en Europa y en el mundo. España está con una vida democrática fundamentalmente normalizada y no creo que se rompa, todo lo contrario. Yo creo que la diversidad que hay en España es buena, porque no la tienen Francia y otros países y puede dar mayores individualidades y mayores posibilidades para todos. En realidad los grandes países, adultos y maduros, son países federales como Alemania y EE UU, porque es imposible desde un Estado dominar y atender la totalidad de los problemas de la gente. El poder tiene que estar lo más cercano posible de la gente, y eso es algo que hay que defender.

- ¿En qué momento profesional se encuentra?

- En un momento de comprobación sobre mí mismo, en un momento de poder elegir con absoluta libertad. En realidad, puedo elegir entre trabajar o no, entre hacer un proyecto o no, porque nos llaman para trabajar de muchos sitios distintos, desde Israel hasta Líbano, desde Moscú hasta Nueva York, desde Tokio hasta Pekín. Nos están llamando desde países del Este, desde países emergentes, desde las grandes potencias. Esto da una gran satisfacción pero, al mismo tiempo, uno se pregunta si la creatividad va a continuar funcionando, porque cada proyecto es un nuevo desafío.


Ricardo Bofill (Barcelona, 1939).

En 1963 creó en Barcelona el Taller de Arquitectura.

Planificación urbana en ciudades como Luxemburgo (La Place de l’Europe), Praga (Barrio de Nova Karlín), Varsovia (Port Praski), Madrid (Prolongación de la Castellana), Sevilla (Puerto Triana), en Europa; Kobe, en Japón; y Nan Sha, en China.

Trabajos en el barrio de Antigone, en la ciudad francesa de Montpellier, compuesto de calles, plazas, viviendas y edificios públicos, es el ejemplo materializado de un proyecto a gran escala llevado a cabo por el equipo durante veinte años.

Infraestructuras como las del Palacio de Congresos de Madrid, en el Campo de las Naciones, el Aeropuerto de Barcelona, realizado en 1991 y la ampliación de éste, cuyas obras se iniciaron en el 2004.

Ha construido en más de cincuenta países distintos y ha realizado alrededor de mil proyectos. China es uno de los países en los que más trabaja actualmente.

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