Semanario de LA VERDAD
 
 
 


MÚSICA

Luciano Berio

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PIANISTA. El músico italiano Luciano Berio. / LV

ANTONIO DÍAZ BAUTISTA


Hace tres años que falleció en Roma Luciano Berio, uno de los más prestigiosos compositores de nuestra época, nacido en 1925 en Oneglia, pequeña ciudad de la Liguria. Su padre y su abuelo, ambos organistas, lo iniciaron en la música. Un desgraciado accidente frustró su dedicación al piano: había sido movilizado durante la Segunda Guerra Mundial y se hirió en una mano mientras aprendía a usar la pistola. Terminada la contienda estudió composición en el Conservatorio de Milán y, más tarde en los Estados Unidos, con Luigi Dallapicola, y en Alemania, con Stockhausen y otros autores de vanguardia. En 1955 fundó en Milán un estudio de música electrónica y, en 1960 volvió a Norteamérica como profesor y compositor invitado, llegando a impartir clases en la prestigiosa Julliard School. Ganó el Premio Italia con su obra Laborintus II, y, en 1969, alcanzó gran éxito con su Sinfonía para ocho voces amplificadas y orquesta. En 1972 regresó a Italia, dirigiendo centros de música electroacústica en París y Florencia. En 1994 fue nombrado Distinguido compositor Residente en la Universidad estadounidense de Harvard. En el 2000 se le designó Presidente de la Academia Santa Cecilia de Roma, el más renombrado centro de enseñanza musical de Italia, puesto que ocupó hasta su muerte. Contrajo matrimonio tres veces, siempre con señoras de alto nivel intelectual: con la soprano americana Cathy Barberian, la filósofa Susan Oyama y la musicóloga Talia Pecker. De las dos primeras se divorció.

La más importante aportación de Luciano Berio fue la música electroacústica. Del mismo modo que los compositores del Barroco y el Clasicismo desarrollaron las posibilidades sonoras del violín y del clave, instrumentos que esta época alcanzaron un gran desarrollo técnico, y los del Romanticismo hicieron lo mismo con el piano, Berio comprendió que los actuales aparatos para la creación y la reproducción del sonido abrían un campo nuevo para la composición musical, que debía ser explorado. En su música se experimentan nuevos timbres y texturas acústicas, partiendo de la manipulación electrónica de los sonidos instrumentales y de la voz. El resultado puede resultar chocante, por lo inusitado, para nuestros oídos, habituados a la estructura sonora tradicional, pero no deja de ser interesante como muestra de unas nuevas estructuras expresivas y también de la indudable categoría artística del compositor, porque, a poca atención que se preste, se descubre enseguida que todos estos atrevimientos de notas distorsionadas y palabras entrecortadas no son un juego de provocación arbitraria, sino que, en Berio, responden a una intencionalidad estética perfectamente delimitada.

Con frecuencia se traslucen en la música de Berio elementos extramusicales, literarios o políticos, como los textos de Joyce (Thema), Martín Lutero King (O King), Levy-Strauss y Samuel Beckett (Sinfonía), Sanguinetti, la Biblia, T.S. Eliot y Karl Marx (A-Rone), o Italo Calvino Il re ascolto). Mención aparte merecen las transcripciones y adaptaciones de obras musicales de otros autores. En ellas la técnica del collage, término que el autor rechazaba, no opera incorporando iconos extraños al arte de la música, sino recreando las obras de los maestros tradicionales, y revistiéndolas de un nuevo ropaje sonoro.

En unas ocasiones Berio respeta la estructura argumental de la melodía con lo que el oyente identifica inmediatamente la procedencia. En otras, en cambio, la atomización de la sintaxis originaria, las torna irreconocibles, aunque perdure en ellas el aroma de los sonidos pretéritos. En todo caso estas adaptaciones resultan mucho más digeribles para el gusto tradicional y muestran la sabiduría musical del compositor para observar a los clásicos con una mirada ciertamente novedosa pero en modo alguno irreverente.


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