Semanario de LA VERDAD
 
 
 



El misterio de los realespavos

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La América profunda, ya sea la de Kansas City, ya la de Luisiana, huele a una rancia manera de convivir. Las almas sencillas de los cuentos rezuman religiosidad bíblica, herencias míticas y una fortaleza colectiva impagable para construir el gran sueño americano. Pero en esas regiones del Medio Oeste habitan también la desolación y la quimera. Una violencia interior que explota en cada pueblo, en cada casa, en cada esquina, en cada mercado donde un vendedor de verbo fácil te hace comprar el artilugio más inútil.

Leemos que los viejos no quieren salir de su casa para ir a Nueva York con sus hijos, que el barbero más anónimo le da un baño dialéctico al sesudo profesor universitario, con los negros como testigos, que la abuela es capaz de adivinar la cara oculta del asesino y enfrentarse a él sin miedo. Estas almas sencillas chocan con un psicópata, un borracho, un tarado o cualquier friki diabólico. Criaturas del Mal que el azar reparte en las alforjas del destino. En un abrir y cerrar de ojos un revólver dispara, un cuchillo se clava en la espalda, un corazón se desangra. La vida sigue igual en cada casa, en cada esquina. No ha pasado nada.

Estos cuentos de Flannery O’Connor son espléndidos por su textura literaria; en su forma narrativa, reflejan el disparo limpio, exacto, eficaz en la diana del éxito. Hay que guardarlos como ejemplos didácticos. Son perfectos. La autora sigue la estela de Faulkner o Carson McCullers y es comparable a los últimos textos breves de Sam Shepard o Cormac McCarthy. Pertenecen al llamado gótico sur y, como ellos, Flannery es capaz de aderezar sus trágicos relatos con la dosis de humor de quien está de vuelta de la vida. Deslumbra la ironía, la paradoja y el sentido común.

Flannery O’Connor (1925-1964) sufrió durante años una enfermedad degenerativa, lupus, y postrada en su granja de Georgia se dedicó a escribir y a cuidar pavos reales. Fervorosa católica, vivía rodeada de protestantes. Creía en el Mal y en la fuerza divina del perdón. Su espíritu atormentado y sombrío se transforma en los cuentos de manera sorprendente: los personajes, los escenarios, los diálogos, la acción y la resolución de los conflictos están trazados con seguridad, rotundidad y no tienen fisuras. Son buenos, lector.

Antonio Ortega Fernández ‘Cuentos completos’. Flannery O’Connor. Lumen. 842 páginas. 20 e


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