Semanario de LA VERDAD
 
 
 



Vértigo y frescura

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Hay escritores que escriben sobre Cuba desde dentro, ya sean conniventes con el régimen castrista o no, y otros que lo hacen desde la orilla opuesta, atrincherados en la comodidad de Miami, desde la que fustigan sin parar a la dictadura más decadente del mundo actual. Entre ambos extremos ha surgido la figura de Teresa Dovalpage, que, aun estando fuera, conserva una mirada lo suficientemente lúcida como para retratar la realidad habanera sin ponerle paños calientes y sin erigirse en voz justiciera y política.

Así lo demuestra en esta novela fresca, ácida, divertida y rápida, tanto en su desarrollo como en un lenguaje afilado, rico y lleno de matices. El fondo de la historia es antiguo: un triángulo amoroso que acaba en tragedia, y podría ser un tema muy trillado de no ser por la personalidad con la que la autora esboza a sus protagonistas y las situaciones que estos viven. Pío Ponce de León es un murciano sesentón destinado temporalmente en La Habana, y Maricari una jovencita esmirriada que sobrevive fabricando muñecas porque no ha querido hacerse jinetera. A ellos se une una delicia de personaje, Mercedes-Teófilo, un travestido santero que ha encontrado en la religión y en las falsas videncias una manera de salir adelante en ese universo caótico, desenfrenado y tan lleno de hambre como de sexo y sueños frustrados en que se ha convertido la isla.

Pío se encapricha de Maricari, Maricari ve en él una salida hacia el viejo mundo, más nuevo que nunca para ella, la madre de la chica ve en el español un retiro dorado, y Teófilo ve cómo Mercedes se aleja de su vida al encapricharse de la flacucha Maricari, mientras su pareja, el Toro, se deshace de celos y entabla con él trifulcas memorables que se solucionan en la cama. Todos los tópicos de la precariedad y la supervivencia cubanas están en estas páginas, pero Teresa Dovalpage (que hasta aparece como personaje aludido) los transmite con una sinfonía de voces tan delirante como ajustada; todos hablan, todos se apoderan de la narración para tratar de explicarse cómo sus existencias se han tambaleado de manera tan demoledora, y entre todos hacen que la novela sea vertiginosa y refrescante, a pesar de las dificultades con las que han de lidiar todos los días.

Antonio Parra Sanz ‘Muerte de un murciano en La Habana’. Teresa Dovalpage. Anagrama. 189 páginas. /15 e


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