Semanario de LA VERDAD
 
 
 


MÚSICA

Narciso Yepes en el recuerdo

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MAESTRO. El músico lorquino NarcisoYepes. / LV

antonio díaz bautista


La primera vez que oí tocar a Narciso Yepes fue en el Claustro de la Catedral de Santander, el verano de 1964. Después tuve la suerte de escucharlo, cuando actuó desinteresadamente en el primer concierto de Pro-Música, en el Paraninfo de la Universidad de Murcia, al ser nombrado Doctor Honoris Causa, en Madrid, en el homenaje que le organizó Cajamurcia, y en algún concierto más. También lo traté personalmente, pues mantenía una estrecha amistad con mi admirado amigo D. José María Tomás, Fundador y Primer Presidente de la Asociación Pro-Música de Murcia, que ahora, le dedica un concierto de homenaje, el próximo jueves, día 3, décimo aniversario de su fallecimiento.

Aunque Narciso Yepes aparentaba cierta timidez o retraimiento, era extremadamente cordial en su trato. Como deseaba Antonio Machado, era «en el buen sentido de la palabra, bueno». Menudo de cuerpo, se agigantaba cuando abrazaba su guitarra de diez cuerdas, a la que, antes de actuar, acariciaba amorosamente, para comunicarle su calor humano, y de sus dedos brotaba el torrente mágico de las notas. Como todos los virtuosos era un trabajador incansable. Contaba que, si estaba un día sin tocar lo notaba él, si eran dos lo advertían también sus más íntimos, pero si eran tres días lo notaba también el público.

Había nacido en Lorca, en 1927, en una familia modesta, en la que no había precedentes musicales. Allí comenzó sus estudios de solfeo. Entre 1940 y 1946 residió en Valencia, donde sobrevivía dando clases particulares de guitarra, y estudiaba con libros prestados, para completar su formación musical. Fue el Maestro Vicente Asencio, que no era guitarrista, quien lo animó a crear una técnica nueva en la guitarra, planteándole problemas que, hasta entonces, eran imposibles de resolver. Su marcha a Madrid, en 1946, le abrió las puertas de una brillante carrera como concertista. En 1947 obtuvo un gran éxito interpretando el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, con la Orquesta de Cámara de Madrid, dirigida por Ataulfo Argenta. Fue el solista que más veces lo tocó convirtiéndolo en una obra popularísima, hasta el punto de que su grabación de 1954 fue el disco más vendido, durante varios años en Europa, América y Japón. A partir de 1949 comenzó sus giras internacionales con gran éxito, trasladando su residencia a París. El director René Clement le encargó la música para su película Juegos prohibidos y él rescató un antiguo romance español para vihuela, de autor desconocido. El film consiguió importantes premios, pero lo que ha perdurado es la música, que alcanzó una enorme difusión y a la que todo el mundo conoce hoy por el título de la película.

Realizó importantes investigaciones sobre la técnica y la afinación de la guitarra, la tiorba, la vihuela y el laúd barroco, lo que le permitió interpretar muchas obras, casi desconocidas, de antiguos autores españoles y de J. S. Bach. Murió en Murcia el 3 de mayo de 1997, a los 70 años de edad, cuando aún estaba en la plenitud de su carrera artística.

Fallece Manuel Díaz Cano

Mientras preparaba esta colaboración, me llegó la noticia de la muerte de Manuel Díaz Cano, otro gran guitarrista y compositor murciano, aunque hellinero de nacimiento, con quien mantuve una cordial amistad desde mi infancia. Lo recuerdo, cuando era joven, ensayando en la pequeña tienda que tenían sus padres en la Calle del Pilar, y después en distintas actuaciones, entre las que me deslumbró especialmente su versión de una sonata de Scarlatti. Llevó su arte y el nombre de Murcia por muchos países del mundo y desarrolló una importante labor cultural en el vecino Marruecos, en los años del Protectorado. Descanse en paz.


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