Una lámina bidimensional de grafeno, de sólo 10 nanometros de espesor, actúa como un transistor de electrón único. Cuando un electrón lo ocupa origina lo que se denomina un bloqueo de Coulomb e impide el flujo electrónico. Por tanto, conseguir el apagado-encendido de un transistor de grafeno requiere sólo unas mínimas variaciones de voltaje, que se traducen en amplios cambios en la corriente, haciendo que el instrumento sea sensible y rápido. Además del control individual de electrones, el grafeno es estable a temperatura ambiente, mientras que los semiconductores convencionales de silicio son mucho más oxidables y descomponibles.
|