| 'Cafetera', de José Caballero', y 'Delfos', de Martínez Mengual. |
Pedro Soler
No son fáciles de contemplar las exposiciones de José Caballero y de Antonio Martínez Mengual, que presenta el Palacio del Almudí. Y no lo son, por cuestiones hasta cierto punto similares, pese a la distancia. Entre ambos autores, en el tiempo, en los avatares de la vida y en el uso de la materia. Pero lo que en ambas se impone es el asentido o el uso que se aplica al color.José Caballero está considerado uno de los pintores españoles del siglo XX, que más cambió en el estilo, en la temática y en el uso de la técnica. No hay más que contemplar la obra expuesta para captar la variedad de imágenes, pese a que el espacio temporal en el que se desarrolla el conjunto más importante, apena supere los veinte años. Hay que partir de la base de que se trata de un artista que persiguió el uso de un estilo fuera de la común, pese a que sus inicios arrancaron desde la figuración más habitual, como discípulo de Vázquez Díaz. Su cercanía en los años treinta a la entonces imperante flor y nata de lo artístico y lo literario -García Lorca, Alberti, Torres-García, Neruda, Buñuel...- son ya una previsión garantizada de cómo será la huella y la calidad de su obra. El surrealismo iniciado en aquellos años tendrá en Caballero una continuación, que, como Calvo Serraller apunta, «casi llegó a bordear lo abstracto, aunque sin romper nunca por completo con algún anclaje figurativo y, sobre todo, sin abandonar lo gestual». La exposición del Almudí es una sucesión de ideas, transformadas en colores, como toques de síntomas definitivos de lo que cada cuadro encierra. Puede verse Cafeteras, de 1952, o Mesa con pan pobre, de 1956. Pero, quizá, tan útil y conveniente como desentrañar los interiores y buscar los mensajes -que, hasta cierto punto, se dejan translucir, cuando se compara el lienzo con el título-, lo que desbroza con autenticidad el contenido de la obra de Caballero podría ser el uso preciso del color y la fortaleza de la materia. El color aplicado es lo que define y llena de luz, de emoción, de movimiento o de patetismo cada una de las obras. Y hay pruebas claras de que cada imagen encierra un significado que llega a ser comprensible. La serie dedicada a la muerte de García Lorca es como un arrebato, por el que el artista se adentra al encuentro con los momentos más trágicos y realistas, palpables pese a ese sonido de abstracción figurativa que permanece en cada uno de dibujos. El número V es como el abandono más cobarde del cadáver todavía ardiente. Y por encima de todo, está patente, de una modo irrenunciable, el afán creador de José Caballero, que como afirman los críticos, siempre impulsó su obra, comprometida y pura.
Martínez Mengual
Respecto a Martínez Mengual, su exposición Imágenes de la memoria se reafirma en algo que siempre le ha entusiasmado y ha mantenido, desde el primer momento: el color. Para él, el color es fundamental, un conducto imprescindible con capacidad de suplir cualquier carencia. Sobre él se vuelca en esta exposición con una intensidad acaso no tan abrumadora en su ya prolongada trayectoria. Y es con el color y con los trazos planos con los que quiere definir cuáles son las visiones que su retina ha captado y cómo las conserva su memoria, tras sus viajes por lejanos y hasta exóticos países. Y así ha querido recoger los ruidos de una avenida populosa o la multitud vagante de un mercado oriental; la lluvia en Nueva York o los jardines de Estambul... Lo que no debiera preocupar al espectador, por mucho que el pintor le quiera conducir por unos parámetros de comprensión, es querer identificar el título con la obra. Lo que atrae, insisto, es el modo de interpretar a base de una mescolanza de colores, dispuestos en paletadas, sin minuciosidad, esa memoria viajera, que -según la cita de Edmond Jabès recogida en el catálogo- está «ligada al lenguaje, a la música, al sonido, al ruido, al silencio». Todo, convertido en color, tras un trabajo en el que la imaginación y el riesgo desempeñan un papel fundamental. Hay otras obras de más simples tratamientos, pero parecen accesorios de unas piezas elementales. Martínez Mengual ha querido utilizar el recurso que la libertad artística otorga para interpretar de un modo más intenso que en etapas anteriores, como queriendo eliminar la sujección a que uno mismo se somete en su trabajo artístico.
Juan Carlos Robles
Lo de la Sala Verónicas es otra cosa: Fragmentos urbanos. Tu fantasía favorita. Se trata de un video, en el que se describe la ciudad, con su problemática ordinaria, sus contenidos y sus ausencias. El espectador se encuentra con «un todo deconstruido, mucha veces deslavazado, tanto urbanística como humanamente». Hay donde elegir, porque las proyecciones son un recorrido por lo cercano, pero con incidencia en otros temas a los que el autor ha aplicado más intencionalidad. Hay imágenes espectaculares, a las que, seguro, los técnicos en la materia ajustarán los debidos valores. Y junto a la sensación que se percibe en el desarrollo humano de cada día, no falta el rigor y la deshumanización con que se impone la materia.
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