Semanario de LA VERDAD
 
 
 


CRÓNICA DE ACTUALIDAD

Calidad del dibujo, del XVI al XIX

Foto
'Hombre desnudo en pie', de Fortuny; y portada de los 'Discursos históricos' del Licenciado Cascales.


Inundada de la delicadeza que despiden los dibujos, la sala de exposiciones de la Fundación Cajamurcia en el Palacio Episcopal, recién abierta al público, quizá no podría haber encontrado mejor inicio. La intimidad de su recoleto espacio y y su céntrica localización pueden ser otros motivos, para que llegue a ser, si no se tuerce -y no hay por qué augurarlo- tan prometedora apertura.

Esta exposición inaugural consiste en un numero considerable de pequeñas obras del Legado Gómez-Moreno, «excelente conocedor de dibujos, tanto de artistas antiguos como contemporáneos». Perteneciente a la Fundación Rodríguez Acosta, la colección abarca varios siglos, y numerosos autores; desde el XVI al XIX, y desde Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, hasta Mariano Fortuny, pasando por José de Ribera, Rodríguez de Arellano, Leonardo Alenza, Ricardo Balaca..., sin que falten los dibujos de Manuel Gómez-Moreno González, padre del recopilado de la colección.

Como otras veces se ha escrito en esta página, a la hora de comentar exposiciones colectivas, lo que sucede con esta es que la fama de unos autores debiera considerarse detalle intrascendente, ante la contemplación de la atrayente variedad que emana del conjunto de las obras expuestas. Hay un recorrido constante por una capa de delicadeza y sensibilidad, fácilmente perceptible en los dibujos expuestos, sobre los que ha quedado fijamente impreso el dominio que los autores tenían de la técnica dibujística. Pero se palpa mucho más que la técnica. En estos dibujos se advierte de inmediato su capacidad para transformarse en obras de más peso y tamaño; en trabajos llenos de profundidad, sobre los que cada autor dejará también su idea del color, de la luminosidad y de la resolución definitiva. Se da el caso, como sucede con Fortuny, que alguno de estos esbozos ya se interpreta como el origen claro de cuadros conocidos y populares. popular y famoso.

En esta exposición no viene a cuento desmenuzar uno a uno, ni siquiera por autores, los dibujos presentes. Los hay antiguos, y en ellos, como afirma el ilustre catedrático Alfonso E. Pérez Sánchez, imperan los «cuidadosos estudios parciales, apresurados y atentos, a lápiz negro y a sanguina, que se realizaban como preparación rigurosa(...), antes de incluirlos definitivamente en una composición pintada»; y de los del XIX, brota «una estricta calidad artística, de muchas de las piezas y la diversidad de técnicas y géneros, por la nutrida nómina de sus autores, entre los que se encuentran algunas de las grandes figuras de la pintura española».

Lo que interesa, pues, es contemplar, como se afirmaba al principio, la delicadeza, la exquisitez y la bella factura de esta respetable colección. Sin grandes alardes en su presentación, emociona por su contenido.

MARQUESADO DE LOS VÉLEZ

Otra exposición que encierra gran interés, más que para los amantes de bellas artes netas, para los enamorados de nuestra historia cercana. Es la que ofrece el Archivo regional, bajo el título El marquesado de los Vélez. Señorío y poder en los reinos de Granada y Murcia. Con ella se pretende conmemorar los quinientos años de la concesión del título de Marqués de los Vélez a don Pedro Fajardo. Es, en conjunto, un repaso, podríamos decir que genérico, sobre tan largo período y sobre una etapa rica en historia, en hechos y en monumentalidad imperecedera. Documentos, libros, planos, fotos, pendones, monedas, escudos... van desmenuzando el paso del tiempo por las diversas áreas en que la muestra se ha dividido: La familia Fajardo, el territorio y disolución de los señoríos, el patrimonio arquitectónico civil, el Patrimonio arquitectónico religioso y las villas y lugares pertenecientes al marquesado.

La exposición demuestra el poderío y la riqueza de los sucesivos titulares del marquesado, pero emociona el recuerdo de algunas de las grandes obras arquitectónicas que surgieron a la sombra de tan poderoso marquesado como, por ejemplo, el famoso castillo de Vélez Blanco, «una de las obras renacentistas más bellas de nuestro país», o la no menos famosa Capilla de los Vélez de la catedral murciana, «comparable, por su maestría, a la capilla del Condestable, de la catedral de Burgos».

Más datos referentes a Murcia recuerdan los vestigios históricos de los castillos o las ruinas que se expanden a lo largo del antiguo reino, así como las casas y palacios en los distintas localidades, pertenecientes al marquesado: Librilla, Alhama, Molina de Segura o Mula.


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