Semanario de LA VERDAD
 
 
 



Don Antonio está triste

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Con buen criterio, y no sin cierto humor y fina ironía, Luis Alberto de Cuenca, autor de las breves pero suculentas páginas preliminares, afirma que Armando Buscarini, poeta maldito y bohemio que vivió -o malvivió, si hemos de ser fieles a su biografía- entre 1904 y 1940, «es a nuestra literatura del siglo XX lo que Ed Wood es la cinematografía norteamericana de la misma centuria: un auténtico desastre». Y no es para menos.

Por lo que vamos sabiendo, gracias, en parte, a la magistral obra de Juan Manuel de Prada Las máscaras del héroe, donde el poeta riojano, junto a Pedro Luis de Gálvez, cumple un papel determinante en la novela, y también gracias a la impagable labor de un grupo de entusiastas que, en los últimos años, está sacando a la luz textos desconocidos de Buscarini, fundando, además, una editorial que lleva su nombre, estamos ante un escritor que fue capaz de sacrificar su talento creativo a cambio de conseguir el favor de ciertos personajes de la época. Uno de ellos fue don Antonio de Lezama, al que Penélope Ramírez le dedica unas páginas al final de este breve volumen, magistralmente editado. Don Antonio fue un hombre de talante liberal y progresista que, hasta la guerra civil española, gozó de una notable fama en el mundo periodístico. Por esa razón fue acosado hasta la saciedad, si no hasta la locura, por un joven y ambicioso Buscarini que perseguía la fama a toda costa en un Madrid que, como Saturno, devoraba a sus hijos.

Sabemos, como con todo detalle se cuenta en un texto de Rubén y Diego Marín incorporado en la obra que aquí se comenta, que Armando Buscarini amenazó a los hermanos Álvarez Quintero con suicidarse ante la puerta de su casa si no percibía de ellos un determinado salario. Algo parecido tuvo que sufrir don Antonio de Lezama al que Buscarini dirigió cartas, poemas y epístolas líricas que, justamente, se ofrecen ahora al lector para que juzgue por sí mismo. Poemas, para qué ocultarlo, disparatados que mueven a la risa, pero también a la compasión, como el titulado Heliodoro tiene razón, que se inicia con los siguientes versos: «Don Antonio está triste, ¿qué tendrá don Antonio?/ Seguramente anoche le ha tentado el demonio/ y piensa hacer un viaje para no aterrizar».

José Belmonte Serrano ‘Epístolas líricas’. Armando Buscarini. Editorila Buscarini. 54 páginas. 6 e


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