La ciudad autoconstruida: una solución para el urbanismo sostenible
El arquitecto Santiago Cirugeda propone el uso temporal de los miles de edificios públicos y privados vacíos que pueblan España
Santiago Cirugeda (Sevilla, 1971) se ha convertido con su activismo arquitectónico en pieza fundamental del desarrollo sostenible de las ciudades. Aboga por ciudades vivas en las que el ciudadano se implique; por la ocupación temporal de espacios, públicos y privados, en desuso; por la autoconstrucción como fórmula para luchar contra los astronómicos precios de la vivienda; y no duda en recurrir a la desobediencia civil cuando la causa lo merece. A finales de 2007 recibió el premio Ojo Crítico de Artes Plásticas -que por primera vez ha sido para un arquitecto- por su capacidad crítica para relacionar su trabajo creativo con la realidad social urbana; por su originalidad en la búsqueda de nuevas propuestas que pueden convertirse en soluciones tanto para el espacio público como para el privado; y por saber involucrar en este proceso a colectivos ciudadanos, profesionales y teóricos. En definitiva, por acercar la arquitectura a la calle», destacó de su labor el jurado. También le han reconocido como Joven Creador de Andalucía. «Es curioso, me dan premios pero no me dejan hacer proyectos», comenta jocoso Cirugeda, que en la última edición de Madrid Abierto, con su intervención, logró reunir material para poder ejecutar cuatro viviendas alegales, temporales y totalmente desmontables en Madrid.
Urbanismo sostenible
Su mente no descansa y la última aventura-locura en la que está inmerso consiste en hacer un catálogo nacional de edificios públicos vacíos y sin rehabilitar, solares en desuso y no construidos, y esqueletos urbanos -«aquellos que construyeron y no se terminaron de ejecutar por problemas judiciales o aquellos que cambiaron su uso y no se han devuelto a la vida», explica Santiago Cirugeda-, además de evaluar la posibilidad de crear carriles-bici en las ciudades de Murcia, Cartagena y Alicante, procedencia de los 69 alumnos que han participado, desde el miércoles hasta ayer, en el taller teórico práctico La ciudad autoconstruida, organizado por el Centro Párraga, y que tendrá continuidad en el desarrollo de proyectos concretos.
Este arquitecto social, inusual y subversivo, estima que en España debe haber unos dos millones de metros cuadrados en edificios vacíos, además de los solares. «Si eso lo confirma nuestro catálogo, demostraremos que no habría que devorar más territorio para facilitar la vivienda a la población, que es el problema que plantea el ensanche al que están sometidos actualmente las ciudades. Eso es absurdo».
Revivir la ciudad
La idea es hacer un plano de la ciudad muerta en Alicante, Cartagena y Murcia, y plantear propuestas para devolverla a la vida. «Y hay dos vías de desarrollo: una, mostrar a la Administración lo que podría hacer presentando los proyectos y esperando que lo comprendan y se animen a ponerlo en práctica; o hacerlo directamente, porque los trámites son muy largos. En noviembre, por ejemplo, hicimos en Madrid, en una noche, once kilómetros de carril-bici. Al día siguiente el Ayuntamiento lo quitó, pero la propuesta está entregada al registro público, les hemos marcado por dónde puede ir sin problemas y volveremos a hacerlo si hace falta».
Fábricas de palés, tabacaleras, edificios de Renfe o cualquier infraestructura empresarial sin aprovechamiento, porque ha dejado de producir, son escenarios viables para Cirugeda y sus recetas urbanas. Unas recetas que promueven soluciones prácticas al problema de la vivienda, que piden la implicación de la población en un proceso que sirva para mejorar sus vidas. «Hay infinidad de edificios obsoletos que tienen un mar de posibilidades de uso. En España no se posibilita el uso de estos edificios o terrenos públicos para actividades temporales, mientras que en Europa es como una premisa, hay hasta ayudas europeas como la Catálisis, que potencian el uso temporal. Se montan pymes en lugares vacíos sin tener que hacer una inversión grande y el proceso es totalmente reversible cuando pasa el plazo de tiempo estipulado por la cesión», explica este sevillano con don de gentes, que ha conseguido tener auténticos clubs de seguidores por toda la geografía española y mundial. «Mira, en Alemania se ha construido la primera catedral de arquitectura efímera del mundo y también existen estadios, todos ellos incluidos en un plan de licencias temporales. Sin ir más lejos, en Sevilla, la Gerencia de Urbanismo, que es una construcción temporal, lleva 15 años en funcionamiento».
Hay miles de metros cuadrados vacíos que tienen un uso para 8 o 10 años, pero en ese tiempo un tío puede montar una empresa y tirar para delante». Eso no implica perder la propiedad, tranquiliza Cirugeda, que es consciente de que vivimos en una sociedad demasiado apegada a ella. «La idea es presentar las propuestas oficialmente, a la espera que la Administración las comprenda y si no responde, poder plantear acciones», adelanta este sevillano optimista sobre los proyectos que se han empezado a desarrollar en el taller.
Connivencia política
En Gerona se han aplicado las ordenanzas redactadas por Cirugeda para Sevilla, que le han permitido dotar de áreas recreativas a distintos barrios en solares sin uso. Las casas alegales y temporales crecen como setas por las azoteas, escondidas tras las sábanas rígidas inventadas por este ciudadano rebelde. Los proyectos de viviendas temporales para jóvenes serán pronto una realidad en Rentería y Mataró -«País Vasco y Cataluña son los más avanzados en arquitectura temporal», ilustra Cirugeda- y algunos gobiernos locales han optado por la autoconstrucción como respuesta a la vivienda social y como método de integración de un colectivo marginal instalado en un poblado chabolista. «Lo más normal es que usen los solares como aparcamientos, pero se pueden hacer zonas ajardinadas, edificios temporales... La arquitectura actual permite construcciones de alta calidad, económicas y totalmente reversibles, en las que se pueden instalar también bibliotecas, centros sociales o asistenciales», argumenta con conocimiento de causa, porque son los resquicios legales, o en casos de necesidad extrema la ilegalidad, los que Cirugeda usa para devolver a los ciudadanos la cultura social.
Bienestar compartido
Santiago Cirugeda cree que la cultura social en España es muy vaga. «Estamos especulando con las VPO, hay parejas que se las compran y las tienen vacías hasta que se casan, y también con el arrendamiento, en Barcelona la Administración carga con el arrendamiento y muchos de estos pisos están vacíos (veremos cómo sale). Dos tercios de la población sale de su casa paterna con más de 30 años y el sábado pasado hubo una manifestación nacional por el tema de la vivienda en Madrid y acudieron 2000 personas. Falta masa crítica», argumenta.
Para este arquitecto, que aboga por el háztelo tu mismo, es fundamental que el estado de bienestar recupere la aportación de los ciudadanos, algo que, por propia experiencia, resulta común en Latinoamérica. «Allí la autoconstrucción es una necesidad y la ilegalidad es lo más común. Los ciudadanos están más comprometidos. Aquí, sin embargo, el estado nos lo da todo, pero a cambio nos piden que no molestemos, que estemos tranquilos», explica gráficamente este arquitecto.
«Últimamente radicalizo las cosas, pero negociar con las instituciones y políticos es algo muy común en mi trabajo, porque el fin último es que se legalice», comenta cuando le pregunto por segunda vez si le veremos pervertirse. Y tras su sonrisa sibilina afirma: «La verdad es que en estos últimos meses, con las elecciones, ha sido una locura», cuenta refiriéndose a las propuestas que le han hecho regidores de todo signo político. «Creo que no -responde-. Hasta ahora, en las cosas que he aceptado, creo que he acertado con políticos que lo están haciendo correctamente».
Y ¿cómo puedes con todo? «No teniendo vacaciones hace cuatro años». Pero, ¿tienes colaboradores? «Harold, Alice, Alejandro y Lucas,un equipo campeón del mundo, ninguno es español», destaca. Recibe cientos y cientos de mail de personas prestándose a colaborar y manifestando su complicidad, «pero a la hora de formar parte de un proyecto colectivo..., es muy difícil», dice apenado y añade, curiosamente sólo una chica española ha venido a pedirme trabajo al estudio.
Su madre le dice hijo, vives como un rico sin serlo y lo hace cuando se refiere a los múltiples viajes que le llevan de un lado al otro del planeta para asesorar en proyectos urbanísticos y evaluarlos legalmente. Cuba, México, Panamá, Chile, Colombia y Japón son destinos que frecuenta. Ahora le esperan en Jerusalén, luego en Belgrado y después «en México de nuevo». Pero eso no le interesa. «Fuera hay más facilidades, pero eso no me mueve. Yo no quiero hacer el trabajo de otros.Voy como asesor. Me interesa que el cambio ocurra aquí, en España, en mi entorno; crear condiciones para la gente que tienes cerca. Sin arraigo al lugar, no pueden salir las cosas igual», concluye.