Semanario de LA VERDAD
 
 
 


SEMANARIO DE AVISOS

Beethoven y sus metamorfosis


El auditorio del Museo de Louvre ha dedicado todo el mes de marzo a treinta sesiones de música filmada, con un protagonista único: Beethoven. Entre estos documentos hay tesoros inéditos. En su conjunto se atestigua de la seducción que ha ejercido, y ejerce, en todos los tiempos la música de este alemán genial, cuya sordera prematura no le impidió legarnos una obra inmensa. De la inmortalidad de esta música, verdadero eslabón perdido entre el clasicismo y el romanticismo, nos sigue hablando ese Himno a la alegría, de su Novena Sinfonía, hecho himno oficial de Europa, con la voz del poeta Schiller que nos invita a la fraternidad contra el pesimismo antropológico del filósofo Hobbes para quien el hombre era «lobo para el hombre».

El poema del romántico teutón nos advierte de que «el hombre es para todo hombre un hermano, que todos los seres se entienden…» El porqué esta fraternidad progresista fuese utilizada y amañada por instancias oportunistas como el régimen nazi es algo que no deja de resultar misterioso. El caso es que la Novena fue usada en provecho de aquel régimen brutal, y ahora en el Louvre se puede visionar la dirección de orquesta que de la misma hizo Fürtwangler ante el ministro Göhring y un puñado de nazis en Berlín durante la guerra. Y como antídoto, también vemos a un Toscanini, vigoroso resistente antifascista, dirigir esta misma sinfonía con una orquesta americana nada más terminar la conflagración. En fin, las cámaras estaban allí también cuando Knapperstbusch dirigió la Tercera Sinfonía, la Heroica, ante los altos oficiales nazis una tarde de 1942. Y cuando Leonard Bernstein movió su batuta en 1989 ante el Muro de Berlín para celebrar gozosamente su caída con ese emblema de fraternidad y libertad del tan mentado Himno a la Alegría. En estas sesiones del Louvre, tituladas ‘Beethoven y sus metamorfosis’, no falta la fotogenia de las nueve sinfonías del genio interpretada por directores tan diferentes como Karajan, Kubelik o Abado. La Misa Solemne, filmada por el cineasta Zeffirelli en Roma, o la coreografía sobre la Novena creada por Maurice Béjart. Todo ello nos habla de la incorruptibilidad del grandioso legado Beethoven, de su vigencia, solidario con la incomunicación y la soledad del hombre contemporáneo.

LOS ABUELOS DADÁ

La Tate Modern londinense ha reunido en cóctel vitriólico, ciertamente explosivo, tres nombres, una amistad triangular: Duchamp, Man Ray y Picabia. Unas 350 piezas llegadas de varios lugares del planeta que simbolizan la esencia de la insatisfacción y la burla hacia la obra perfecta y redonda, el antiacademicismo, la provocación, la búsqueda y la ruptura incesantes, la transgresión de todo límite…Allí, el urinario de Duchamp, al que osó llamar Fuente, las dos Giocondas ultrajadas con mostachos y otras sevicias del citado y de Picabia (éste, de origen español), las osadías fotográficas de Ray, sus anatomías masculinas… Los abuelos del Dadá, pese al transcurso de todo un siglo, siguen impartiendo lecciones a sus nietos posmodernos del perfomance y la instalación, como se puede advertir por el entusiasmo que está despertando dicha muestra londinense.

PROVOCACIÓN PELIGROSA

La exposición ZOG a cargo del colectivo de artistas danés Surrend, mostraba en una galería berlinesa, entre otros riesgos, un fotomontaje en el que figuraba la Kaaba, lugar santo del Islam donde se conserva la piedra negra que el arcángel Gabriel dio a Abraham, con esta inscripción: «Piedra idiota». En otro fotomontaje se veía a un judío ortodoxo tocado con sombrero negro; su título: Sombrero idiota. Este colectivo se caracteriza por su lucha arriesgada contra todo fanatismo político y religioso. Pero el galerista berlinés que los acogía no sin temblor ha tenido que cerrar las puertas de su establecimiento ante las reiteradas amenazas de grupos árabes fundamentalistas.

MONUMENTO BIOY

Van erigir un monumento a Adolfo Bioy Casares en su Buenos Aires querido. ¡Qué menos! Este caballero de la literatura, semioculto en la sombra por el gran cuerpo celeste Borges, su íntimo, viejo, amigo y colaborador, autor de La invención de Morel y de otras elegantes ficciones, quedará inmortalizado en su barrio de la Recoleta, gracias al programa Pasión por Buenos Aires que pretende recuperar los valores de la ciudad. Aquí, casi desconocido, hasta que Borges habló de él. Años más tarde se le otorgó el Premio Cervantes.


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