Semanario de LA VERDAD Publicado el 19 de Abril de 2008
 
 
 


LIBROS

La tristeza del naranjo


Se acabó la crisis. Adiós a los malos tiempos. El cuento ha renacido de sus propias cenizas y goza de una salud envidiable, hasta el punto de llegar a ocupar, por raro que parezca, un lugar destacado en los siempre repletos escaparates de las librerías. El cuento ha dejado de ser un camino obligado para llegar a la novela, como tantas veces se ha postulado desde la crítica, y ha pasado a convertirse en un sendero por el que transitar libremente. Es, en definitiva, la verdadera joya de la corona. Un mal cuento no tiene perdón de Dios. Una novela mediocre siempre es salvable por un determinado personaje, por una única página magistral.

El pensamiento mudo de los peces, colección de relatos de Lola López Mondéjar (Murcia, 1958) que con no poca elegancia edita Páginas de Espuma, es la mejor muestra de lo que hasta aquí se lleva dicho. El libro resulta, para empezar, impactante, de una incuestionable unidad estructural y, sobre todo, elaborado como lo podía haber hecho un auténtico orfebre. Un orfebre de la palabra, de la expresión sugerente, del simbolismo, elementos que ocupan un lugar muy destacado en estas páginas. Su primer relato, titulado Ley de costas es sencillamente modélico, a pesar de ese título entre ecologista y administrativo. López Mondéjar no deja nada, ni una sola coma, a la improvisación. Sabe encontrar el tono preciso para contar la historia elegida y le aplica el ritmo que cada una de estas líneas requiere. El resultado es sorprendente porque, sin pretenderlo, sin abusar de los resortes líricos propios del género, sin efectismos de ninguna clase, el lector se mira ante el espejo del abismo. Las cosas cotidianas, que diría el maestro Cortázar, a la que la autora concede algún que otro guiño, son las más complejas, las más difíciles de explicar y darles sentido.

En estas páginas no hay fisuras. Su autora sabe que se la juega en cada recodo del camino, de ahí esa elaboración meticulosa, de esa palabra clara y sustantiva, fina y sutil. Fiel reflejo de ello son sus cuentos La tristeza del naranjo, Prendas de amor, o esas dos pequeñas joyas tituladas Resignación y Lluvia: como para quitarse el sombrero. O el cráneo, que diría Valle-Inclán.
José Belmonte Serrano.


 

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