Cooperativismo Regional - Suplemento de economía social de la Region de Murcia - Laverdad.es

 

AGROREGIÓN
Costura que combina calidad, dureza y cooperación
Ocho mujeres dirigen Lo Sandoval, una empresa de confección de Torre Pacheco especializada en pantalones de trabajo industrial
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DIVISIÓN DEL TRABAJO. Mari Luz Carrillo, una de las socias -en primer término- prepara los bolsillos. / OLAYA CASADO
Es un trabajo poco conocido, pero al fin y al cabo necesario. Poner en marcha un taller de confección industrial laboral no es tarea fácil en los tiempos que corren, pero Patro Méndez y Fina Pedreño, junto con tres socias más, lo hicieron posible en el año 1986 creando la sociedad cooperativa Lo Sandoval de Torre Pacheco.

Dedicada a elaborar pantalones de trabajo industrial, la cooperativa cuenta ahora con un total de ocho socias que trabajan activamente en el taller.

Patro es la presidenta de la cooperativa, mientras que Fina, María Marín, Mari Carmen Castejón, Asunción y Cati Ramón, Pilar López y Mari Luz Carrillo, desempeñan varias funciones.

«Éramos un grupo de mujeres que estábamos cosiendo en un taller de Torre Pacheco, pero la empresa quebró. Así que nos quedamos en la calle», explica Patro, que asegura que los comienzos -«e incluso ahora durante algunas temporadas»-, fueron muy difíciles.

«Empezamos poniendo cada una un mínimo de 5.000 pesetas para el capital social, y aunque trabajábamos con más gente y ganábamos para cubrir los gastos, ha habido meses muy malos en los que hemos ganado muy poquito», explica Fina.

En la actualidad, la cooperativa cuenta con cuatro mujeres asalariadas -a las que ellas mismas formaron con el trabajo diario- y con veinte máquinas.

Algunas de estas máquinas, de elevado coste, se dedican a trabajos específicos como la realización de ojales, remalladoras, máquinas que hacen los bolsillos, para botones, etcétera. Al día pueden elaborar cuatrocientos pantalones, del modelo más sencillo, «pero si llevan más bolsillos o algún otro detalle especial podemos llegar a sacar del taller entre trescientos y trescientos cincuenta pantalones», explica Patro.

Con la práctica adquirida durante el trabajo en el taller de confección y un curso impartido por el Inem, las cinco fundadoras se animaron a embarcarse en este pequeño negocio para conservar sus trabajos. Aunque sin olvidar la ayuda del señor Vitoriano, un hombre muy implicado con el mundo cooperativista, que les abrió las puertas de esta forma empresarial y les ayudó con los trámites y el papeleo.

La relación con Ucomur llegó más tarde a través de su asesoría, que les aconsejó que se pusieran en contacto con la organización murciana porque les informaría de las ayudas que podrían a pedir. Y aunque tardaron en llegar, la cooperativa se puso en marcha.

«Hoy todos los trabajos tendrían que estar asociados con cooperativas porque las personas se integran, se responsabilizan y hacen su gestión empresarial con más ganas», anima Patro Méndez.

En la actualidad trabajan para varias empresas como Uniformes Murcia, Unimur y Working, ya que si trabajaran para un único cliente puede que se quedaran sin trabajo.

Estas empresas les facilitan la prenda cortada y en el taller la confeccionan, la rematan y la planchan. Todo el trabajo es elaborado por una cadena humana que va sumando sus esfuerzos individualmente para que al final el producto final pueda estar en manos del cliente en la fecha para la que lo solicitó.

En primer lugar, la construcción de la prenda comienza con el sobrehilado. De ahí pasa a lo que llaman «preparación», en el que se elaboran los bolsillos delanteros y traseros.

A continuación se remallan los bolsillos, se les pone el forro interior y la cremallera, se monta el trasero, la entrepierna, se les ponen las pletinas o una goma en la cintura, se elabora el bajo, y se hacen las presillas y los ojales. Entonces, ya sólo queda ponerles el botón, cortarles los hilos y plancharlos. Los meses entre mayo y julio son en los que más trabajo hay, ya que es cuando las empresas dejan preparados los uniformes para la nueva temporada.

«Siempre intentamos dar respuesta lo más pronto posible a los pedidos que nos encargan, puesto que hay un trato directo con el cliente», explica Patro. «Y en agosto, vacaciones para todos», añade.

Fina Pedreño explica que a las grandes superficies no les interesa ahora confeccionar las prendas en sus propios talleres, «porque es más costoso pagar a una persona un sueldo y la seguridad social». Por eso delegan en talleres como el de Lo Sandoval e incluso llevan las prendas a confeccionar a localidades como Ciudad Real, que aunque haya que pagar el transporte les sale más barato.

Rivales serios

Pese a que aseguran que en Torre Pacheco no hay talleres de características como Lo Sandoval, sí las ha salido un duro competidor en la Región, que hace un poquito más difícil el trabajo de la cooperativa: los talleres chinos clandestinos.

«En estos lugares pagan muy poco, cosen al precio que les diga y la calidad es bastante buena», asegura Patro.

Estos talleres cada vez son más, ya que no pagan impuestos y no aseguran a sus empleados, que tampoco suelen tener horarios y no gozan de unas condiciones laborales muy ventajosas, lo que les permite vender a un coste más bajo que el de la cooperativa.

Ello, unido a que el 2006 ha sido un año flojo debido a la importación de prendas muy baratas, ha hecho que en ocasiones no haya habido el suficiente trabajo, «pero teniendo algo nos vale, aunque a veces nos desmoralicemos», apunta Fina Pedreño.





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