El diálogo social, según lo define la OIT, comprende todo tipo de negociaciones y consultas -e incluso el mero intercambio de información- entre representantes de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores, sobre temas de interés común relativos a las políticas económicas y sociales. La definición y el concepto de diálogo social varían en función del país o de la región de que se trate, no teniendo una formulación definitiva.
A falta de esta formulación definitiva, en España uno de los elementos distintivos para participar en el diálogo social suele ser la capacidad de negociar convenios colectivos, lo que se traduce en la práctica en sentarse en la mesa las organizaciones patronales y sindicales, reconociéndose mutuamente la representación de las partes implicadas: empresa y trabajadores.
Esta configuración ha experimentado variaciones en los últimos años, ampliándose los temas que bajo el concepto de Mesa del Diálogo Social se vienen analizando y debatiendo, al estimar el Gobierno que, para mantener una paz social, era necesario dialogar con las organizaciones patronales y sindicales.
Desde los Pactos de Toledo, los de generación de empleo, la negociación de proyectos de ley de calado social (ley de la Dependencia) han pasado estos años por la Mesa del Diálogo Social. Pero no toda la realidad socio-laboral está presente allí. Existen otros agentes que representan una realidad empresarial diferente de las empresas mercantiles al tiempo que reivindican derechos laborales más allá de posiciones sindicales. Estos agentes son los representantes de la economía social, las cooperativas y las sociedades laborales. Esta realidad asociativa pide su participación, pues la concertación social no es patrimonio exclusivo del gobierno, patronales y sindicatos.
Esta reivindicación no es un fenómeno aislado de España. Las organizaciones cooperativas de Europa lo reclaman y así se ha expresado recientemente en la convención celebrada en Praga.
La experiencia demostrada por el cooperativismo en la generación de empleo estable, conciliador de la vida familiar, al tiempo que participativo, y como vía de acceso laboral para mujeres y jóvenes no puede ser obviado. Es preciso, no sólo en España sino en toda Europa, que avancemos en este nuevo diálogo social, incluyendo la realidad de personas -cooperativistas- que conjugan cada día empresa y el trabajo.