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El marketing sigue ganando en el mercado agroalimentario
Un tercio de los consumidores españoles prima la salud a la hora de comprar alimentos, aunque el 80% se mantiene fiel a las marcas comerciales
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'SIN NOMBRE'. Los tomates murcianos son vulnerables a los precios porque carecen de distintivo. / LV
El 34% de los consumidores españoles priman la salud a la hora de comprar los productos alimenticios que llevan a sus hogares, según destaca la directora general de Industria Agroalimentaria del Ministerio de Agricultura, Almudena Rodríguez. Un indicio de que las campañas de promoción de frutas y hortalizas, apoyadas por las cooperativas, no caen en saco roto.

Otras factores que condicionan la selección de alimentos es la rapidez de preparación de los mismos, la costumbre y el placer, añade Rodríguez, quien recuerda que el consumidor es quién «determina en gran medida» las tendencias de la industria alimentaria. Igualmente asegura que los cambios sociales de los hogares están modificando los hábitos de compra.

La responsable de Industria Agroalimentaria del Ministerio se refiere a distintos tipos de consumo, como el de las personas que viven solas o las parejas sin niños, «que cada vez hay más».

Según Almudena Rodríguez, estas personas se caracterizan por un alto consumo de platos preparados «y una importante preocupación por comer productos saludables». «Los adultos independientes son muy hedonistas y están muy preocupados por la salud», asevera.

Por otra parte, los jóvenes emancipados, que tienen un creciente peso poblacional, «son muy innovadores e impulsivos a la hora de alimentarse y están dispuestos a pagar aquello que les ahorre tiempo a la hora de cocinar», añade.

Otro rasgo que define a los consumidores españoles es su fidelidad a las marcas, afirma Almudena Rodríguez.

Un 80% de los consumidores afirma comprar siempre las mismas marcas; un 15% compra la más barata dentro de una serie de firmas preseleccionadas y sólo un 3,8% se decanta por los productos más baratos aunque su nombre no sea conocido. Este último dato echa por tierra los argumentos de las cadenas comerciales a la hora de exprimir a las cooperativas y empresas agrarias con la amenaza de recurrir a producciones de países extracomunitarios, más asequibles pero con menos garantías de calidad y seguridad alimentaria.

Por ello, las grandes empresas, que suponen menos de un 1% del total de la industria agroalimentaria española, son las que más se preocupan sobre este aspecto, «llegando en ocasiones -afirma Rodríguez- a invertir más en la marca que en el producto».

Respecto a la distribución de los productos alimentarios, las encuestas señalan que los consumidores españoles se decantan por los supermercados en detrimento de las tiendas tradicionales que, sin embargo, son las elegidas para la compra de frutas y verduras frescas.

Menos compras

Los españoles acuden a los supermercados una media de 18 veces al mes y gastan aproximadamente 15 euros por compra, indica Almudena Rodríguez, quien añade que en los últimos cinco años se está imponiendo una nueva tendencia, que consiste en visitar el hipermercado un menor número de veces -una o dos a la semana- y gastar más en cada compra: «Ello supondrá que los clientes serán menos selectivos a la hora de llenar la cesta de la compra».

El sector agroalimentario español constituye la principal actividad manufacturera, con una facturación del 17%del conjunto de la industria. Las empresas cárnicas, lácteas, conserveras, de alimentación animal y de aceites suponen el 55% del total de ventas netas del sector.

Almudena Rodríguez advierte de la «amenaza» que puede suponer para esta industria -compuesta por un 99,1% de pequeñas y medianas empresas- la liberalización del comercio mundial, «ya que, al ser un sector muy atomizado tiene poca capacidad exportadora». Otra debilidad del sector es, según apunta la directora general de Industria Agroalimentaria, la dependencia que tiene de diversas materias primas sujetas a las condiciones climatológicas.

Para enfrentarse a estas dificultades, Almudena Rodríguez aboga por «aprovechar el paulatino incremento del consumo en los países en vías de desarrollo», puesto que, al aumentar sus rentas, «también aumentan sus gastos en alimentos importados».





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