El Consejo Económico y Social (CES)
aprobó en su último pleno el dictamen sobre
el proyecto de ley de las Empresas de Inserción. Es
el paso previo a su presentación en el Congreso de
los Diputados.
El CES, en su dictamen, solicita al Gobierno que elimine
del texto la necesidad de consultar a las organizaciones
«del sector afectado» en caso de modificación
de los colectivos de exclusión social, dejando como
sujetos de esta consulta a las «organizaciones sindicales
y empresariales más representativas». Se evidencia
una cierta marginación de las organizaciones representativas
de las empresas de inserción.
Varios consejeros apoyaron una enmienda promovida por los
representantes de la economía social, pretendiendo
eliminar esta petición. Al no ser aprobada esta enmienda,
se elaboró un voto particular, que se anexa al dictamen
expresando la disconformidad de que las consultas del Gobierno
sean absorbidas por las organizaciones sindicales y empresariales
«más representativas».
Esta actuación resulta preocupante, porque en la
sociedad no sólo existen el negro y el blanco, sino
matices de grises. Entre éstos se encuentra la economía
social, fórmula conceptualmente amplia que integra
a las cooperativas, sociedades laborales, fundaciones, mutualidades
y asociaciones. Entidades ellas que tienen principios como
el de la primacía de la persona sobre el capital,
la democracia, la solidaridad, la preocupación por
el entorno en el que actúan. Entidades que se unieron
hace más de una década para defender a sus
asociados, para hacer oír su voz en las mesas e instituciones
en las que individualmente no se las escuchaba... Han pasado
los años, se ha avanzado con pasos cortos pero seguros.
Sin embargo, se ha vuelto a comprobar que, cuando el Gobierno
abre la posibilidad de participación a otras entidades
que no son las habituales de todos los procesos negociadores,
se produce la eliminación del texto, la oposición
a las propuestas presentadas; en definitiva, la exclusión
de otros agentes...
Es una cuestión a reflexionar, ya que son numerosas
las actuaciones de orden socio-económico-laboral
que se están produciendo para que en su desarrollo
y ejecución sólo participen los agentes tradicionales.
Estamos en el siglo XXI, existen otras realidades y hay
que darles, no sólo carta de naturaleza sobre el
papel, sino espacio para actuar.