Atrás quedaron los días en los que un buen empleo era sinónimo de un puesto estable en una empresa de renombre donde adquirir una vasta experiencia hasta la jubilación. Hoy por hoy, los jóvenes menores de 25 años piden a sus trabajos -con caducidad- el salario suficiente para mantener una calidad elevada de vida en la que no interfieran horarios ni problemas con sus superiores y, sobre todo, en la que el tiempo pasado en el puesto sea más que agradable. El estudio La actitud de los jóvenes españoles hacia la empresa y el trabajo,elaborado por PeopleMatters, pone de relieve el cambio que está empezando a sufrir la cultura laboral. Un punto de inflexión que las cooperativas deben tener cada vez más en cuenta para no perder la carrera en la búsqueda de buenos profesionales.
Para la Generación Y, nacida a finales de los setenta y principios de los ochenta, el mundo del empleo es distinto al que se encontraron sus padres y hermanos mayores. El descenso demográfico hace de ellos un bien cada vez más preciado que puede exigir a la empresa lo que sus predecesores no eran capaces de plantear de entrada: mejor salario, buen ambiente y horario flexible.
Ya no importa la solidez de la empresa o las condiciones de trabajo, los que la Generación Y busca es el mejor bienestar tanto dentro como fuera del lugar de trabajo. Un aspecto en el que las cooperativas de trabajo asociado pueden jugar con ventaja.
Respecto a dentro, los jóvenes buscan un clima en el que predomine tanto la creatividad como el buen ambiente personal. Los mandos son esenciales para crearlo, fomentando el trabajo en equipo -un aspecto más que asumido por las cooperativas de trabajo asociado- sin dejar de reconocer los méritos individuales. No en vano el informe de PeopleMatters pone de manifiesto que unos de los factores más relevantes a la hora de abandonar un empleo es la mala relación con el jefe, su falta de implicación y el no cumplimiento con el contrato. Este último aspecto es cada vez menos importante para el nuevo trabajador que prefiere un «pacto entre caballeros», más bien informal pero firme en el que no sólo se incluyan unas condiciones por derecho, sino unos reconocimientos personalizados que se materialicen tanto en salario -fijo y variable, sobre todo a corto plazo- como en una amplia variedad de beneficios sociales.
En lo que se refiere al sueldo, una cuarta parte de los consultados para el estudio prefiere un salario fijo -sobre todo los que acaban de entrar en el mercado laboral- mientras que cuatro de cada diez -incluso la mitad en el caso de los varones-, opta por el fijo más variable. La misma proporción apuesta también por alternativas que ya no están tan relacionadas con recursos materiales como transporte, vales de comida o descuentos, sino que favorecen una mayor calidad de vida: seguros médicos, de vida y/o accidentes y planes de pensiones.
En cuanto a horario, el cambio en las preferencias no lo es tanto en la disminución de horas laborales como en que éstas se adapten al ritmo de vida del candidato y le permitan alcanzar una calidad de vida a la que ya empezó a acostumbrarse desde pequeño. La mitad se decanta por la semana de 40 horas aunque casi una tercera parte -sobre todo las mujeres- preferiría una ligera disminución y, uno de cada diez -más en el caso de los hombres-, sería capaz de rebasar esta barrera siempre y cuando el «tiempo de más» se viera compensado económicamente.
Y es que todo esfuerzo que se decida a hacer el nuevo empleado va a estar siempre encaminado a la obtención de una contraprestación -nunca en beneficio único de la empresa a la que ya no es fiel-, sobre todo si ésta tiene que ver con el momento en el que deja el lugar de trabajo para dedicarse a su vida social y familiar. Es la nueva cara del empleo, que valora ese fuera tanto como el tiempo dedicado a la empresa y que influye más que cualquier otro factor a la hora de elegir un empleo.
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El nuevo trabajador suele llegar a la empresa o la cooperativa con un amplio conocimiento de lo que se va a encontrar. Se ha documentado a través Internet y ha recabado información de sus contactos, de cómo es la firma y qué puede obtener de ella. Así y al igual que hasta ahora el candidato se sabía al dedillo cómo acudir y qué llevar a una entrevista de trabajo, a partir de ahora es la empresa la que debe dominar el nuevo papel que debe jugar.
Si antes el curriculum vitae era el documento alrededor del que giraba todo el proceso, hoy lo es la información corporativa que pueda proporcionar el empleador.
Además, la cooperativa debe hacer un importante esfuerzo en fidelizar a su empleado -con vistas a hacerlo socio-, no sólo a través de un buen salario y una mejor jornada, sino también potenciando el bienestar a ambos lados de la frontera del empleo. La mejor marca es aquella que se hace con la fama de buena empleadora, algo de lo que pueden alardear las cooperativas de trabajo asociado. La cuestión es que la Generación Y lo sepa.
Para ello, Ucomur y la Consejería de Empleo y Formación han iniciado este año una amplia campaña de fomento del cooperativismo entre los jóvenes que buscan trabajo a través de carteles en vallas publicitarias, autobuses urbanos y marquesinas, así como de anuncios en los medios de comunicación.