Valores como el respeto al medio ambiente y la conservación de la naturaleza son algunos de los más importantes en la cooperativa Virgen del Oro de Abanilla. Esta empresa, con más de 30 años de antigüedad, se dedica al trabajo de la madera para la elaboración de cajas para la comercialización de frutas y hortalizas.
Aunque cuando la cooperativa empezó a funcionar, allá por el año 1974, la industria de la madera estaba en auge en la zona, en la actualidad, este sector ha mermado su actividad pasando de 8 empresas, que empleaban a 30 ó 40 trabajadores cada una, a las 3 que en la actualidad sobreviven. Así mismo, aunque en un primer momento la cooperativa estaba constituida por unos 40 socios, ahora cuentan con 15 a los que hay que añadir otros 10 trabajadores más.
El punto de inflexión llegó en la década de los 80, cuando debido al aumento de la concienciación social por el medio ambiente, dejaron de trabajar con el pino, centrando su trabajo exclusivamente en el chopo. «Este árbol se cría mucho más rápido que el pino», explica el presidente de Virgen del oro, Alejandro Frías. Los chopos nacen y crecen en choperas, y tienen una cadena por la cual, cuando se tala uno de estos criaderos ya hay otro que está en crecimiento, por lo que no se daña al medio ambiente. Esta cooperativa comercializa sus cajas en la Región, Valencia, Alicante y Albacete. Sus proveedores son de Salamanca, Ávila, Ciudad Real, Jaén, y el propio Albacete.
Cuando hace veinte años empezó a introducirse el cartón en el mercado de los envases para la fruta empezó la crisis en el sector de la madera.
Alejandro Frías resalta que las cajas de madera destinadas al melocotón, el albaricoque o la ciruela, o para verduras como el brócoli o las lechugas, «son la mejor opción para mantener estos productos frescos de la forma más natural».
Y es que el calor unido al cartón hace que se recaliente la fruta, mientras que en el caso contrario, con el frío de las cámaras frigoríficas de algunos establecimientos y de determinados transportes, este material se agrieta y hace inviable el transporte de mercancías con largos recorridos.
Los socios de esta cooperativa aseguran que la llegada de las grandes superficies al mercado no les ha beneficiado, ya que las pequeñas tiendas de barrio usaban más las cajas de madera para que la fruta se conservara durante más tiempo. «Además, esa madera se recicla para aglomerado para muebles, por ejemplo», añade Alejandro Frías.
En cuanto al precio, el de la madera siempre es el mismo, mientras que el del cartón varía dependiendo de la calidad de este material.
Un incendio, en marzo de 2003, y las heladas de 2005 y 2006 sobre el campo murciano truncaron el desarrollo imparable de esta empresa. El incendio lo arrasó todo (menos el disco duro del ordenador), pero los socios y trabajadores de Virgen del oro siguieron trabajando, y antes de que comenzara la temporada alta para este sector empresarial (en verano), volvieron a estar en funcionamiento. Antes de que llegaran los ingresos del seguro tuvieron que quitar escombros, pintar las paredes, poner techos y suelos, etc, etc.
En los últimos tiempos han tenido que ir ampliando su actividad e ir reciclándose. En este sentido, ahora la materia prima con la que hacen los envases la revenden para sacar más ingresos.
Al ser una cooperativa longeva, la relación con Ucomur comenzó más tarde, a partir de octubre del 2003. «A raíz del incendio se agudizó la crisis, y hubo un momento en el que habían más trabajadores que socios, así que nos propusieron darle un impulso a la empresa y algunos de estos trabajadores nos incorporamos como socios», asegura el presidente de la cooperativa. Se asociaron a Ucomur y descubrieron que era la mejor manera de solicitar ayudas y subvenciones, que les ayudaron a solventar el paso del incendio por su nave.
«Por desconocimiento no hemos aprovechado más las facilidades que nos ofrece Ucomur, porque estábamos completamente dedicados a nuestro trabajo, pero ahora estaremos más pendientes porque nos han sido de gran ayuda», añade.
Depende de la demanda, pero según los cálculos realizados por la cooperativa a la semana consumen unos dos camiones de madera, lo que suponen entre 80 y 90 camiones al año. A 17 toneladas por camión ello arroja unos datos de producción con madera de 2.500 toneladas al año.
«Todo lo que producimos lo vendemos, si produjéramos más también lo venderíamos, pero necesitamos fuertes inversiones económicas para desarrollarnos, y es un capital del que no disponemos», explica otro socio, Víctor Montiel.
Debido a las crisis, los ingresos también han disminuido, y si en años en los que el sector estaba boyante podían mover casi dos millones de euros, en la actualidad mueven alrededor de un millón y medio.
Otra de las diferencias que ha traído el paso del tiempo es el proceso de producción, antaño mucho más manual, que dejaba maltrechas las espaldas de muchos de estos trabajadores de la madera.
En la actualidad todo está más mecanizado, y las máquinas son las encargadas de cortar los palos a la medida indicada, desenrollar los troncos de madera para que queden suaves láminas que la cizalla corta inmediatamente. A continuación se seca y se estrían sacando tres láminas de distinta calidad, que se colocan en función de su valía a la hora de hacer la bandeja de las cajas. La rotulación y el impreso de logotipo comercial es el último paso, y hasta con motivos navideños los ha habido.