El objetivo primordial del envasado es conservar y proteger adecuadamente el producto empaquetado, permitiendo una distribución segura, económica y eficaz, y representar una garantía para la salud de los consumidores, a los que debe llegar un alimento de igual calidad a la de los productos frescos o recientemente preparados. En estos tiempos de inquietud por la conservación del medio ambiente debería añadirse que este objetivo debe conseguirse con el menor impacto medioambiental que sea posible.
Mientras que la evolución de los envases de venta directa al consumidor ha sido espectacular, desembocando en un dominio casi absoluto del plástico, en cuanto al material constitutivo, con pequeña participación de la madera (envases de alrededor de 2-2,5 kilos para fresas por ejemplo), la de los envases utilizados para el transporte hasta los mercados no ha sido similar.
Tradicionalmente la madera era el material utilizado en el envasado de frutas y hortalizas frescas. El cartón, que entra en escena en la década de los ochenta en el sector hortofrutícola, tenía una desventaja comparativa: elevada capacidad de absorción de humedad y reducida capacidad de transmisión de calor. Sin embargo, una continuada investigación tecnológica de vanguardia condujo al cartón ondulado o al compacto, que, mejorados con el paso del tiempo, han permitido incrementar la solvencia de este material para el envasado. Conseguido esto, ventajas de precio, peso, facilidad de aprovisionamiento, mayor espacio útil para la publicidad del comerciante y del producto, y menor costo de destrucción (al menos, inicialmente), determinaron con el paso del tiempo que el cartón desbancara ya en los 90 a la madera de su posición predominante (dominio absoluto en los setenta). Todo ello a pesar de que, técnicamente hablando, no hay envase que desbanque claramente al de madera, ni en cuanto al transporte ni al acondicionamiento de las frutas u hortalizas, ni al mantenimiento de la calidad y frescura de ellas hasta su consumo.
Los reglamentes de eliminación de residuos dio lugar a una mayor utilización del cartón en los envases de tránsito, a costa de los de madera, cuyos costes de destrucción son mayores. También dio el pistoletazo de salida al uso de sistemas de cajas de plástico reutilizables.
Convivencia
En estos momentos, hay una convivencia de los tres modelos de envases de tránsito utilizados en el comercio internacional preferentemente: madera, cartón y plástico reutilizable. Todos tienen su sitio, dadas las ventajas e inconvenientes relativos de unos y otros. Así, el empleo se mantiene así en frutas y hortalizas, según datos aportados por Anecoop: cajas de cartón, un 67,5%; cajas de madera, 23,5% y cajas de plástico, 9%.
En cítricos la proporción es de un 55% para las cajas de cartón; un 32% para cajas de madera y un 13% para cajas de plástico.
Según una encuesta a 550 visitantes profesionales a la feria hortofrutícola Fruit Logistica de Berlín en 2003, más de la mitad cree que las ventajas medioambientales del envase de madera (natural, ecológico y reciclable) son las que mejor lo definen, aunque se destacan otras como: resistencia, precio, imagen, frescura, para fruta de calidad, bueno para la logística e higiénico.