En la bahía de Mazarrón, a escasos 50 metros de la playa, es posible encontrar un rincón en el que poder disfrutar de la tranquilidad y de un trato totalmente familiar. El hotel La Galerica, una cooperativa creada por tres socios e inaugurado el pasado verano, ofrece a sus clientes una oferta exclusiva basada en el confort de sus instalaciones y en un ambiente de relajación, donde la armonía de sus colores envuelve al visitante en el más puro Mediterráneo.
| DATOS DE DEYMA |
Número de socios: 3 Número de trabajadores: 5 Número de habitaciones: 15 Número máximo de clientes: 28 Precios en temporada baja: Doble 50 euros, individual 35 euros. Precios en temporada alta: doble 75 euros, individual 60 euros. Desayuno incluido. Ubicación: Calle Trafalgar, 33 Puerto de Mazarrón Teléfonos de contacto: 679 51 51 98 y 968 33 22 26 |
«La verdad es que la idea de fundar un hotel fue un poco por casualidad. Estuvimos en Santillana del Mar, en Cantabria, y vimos un establecimiento de un estilo parecido, y pensamos que podría ser interesante poner en marcha uno similar en Mazarrón», explica Antonia Cánovas, uno de los tres socios de la cooperativa Deyma.
Y así, hace siete años, empezó a gestarse este proyecto que, en principio iba a ser un hostal reformado de un antiguo edificio en el que el padre de Antonia alquilaba las habitaciones. Acabó convirtiéndose en un hotel con 15 habitaciones, 9 dobles y 6 individuales, que dan cabida a un 28 visitantes.
Además cuenta con un salón comedor y tres salitas de estar, una por cada planta del hotel, que están habilitadas para fumadores, y en las que en un futuro próximo tienen pensado instalar una pequeña biblioteca, e incorporarles juegos de mesa, «lo que favorecerá todavía más este ambiente familiar, para que la gente se sienta como en casa», asegura Antonia.
Para La terraza de La Galerica, nombre simbólico de una piedra de la bahía de Mazarrón, también tienen pensado un nuevo proyecto, ya que para aprovechar toda la luz que el sol ofrece, en Semana Santa habilitarán un solarium, con hamacas, y algunas sillas y mesas, en las que poder tomarse un refresco o subir a desayunar.
La elección de la forma cooperativa les llegó a través de Juan Pablo Muñoz, un cooperativista mazarronero que les aconsejó adoptar esta forma empresarial, «ya que era la que más nos convenía, porque éramos tres socios», explica Domingo Rosa, marido de Antonia y otro socio de Deyma.
La adaptación al entorno y el autoempleo sigue siendo uno de los principales estandartes de las cooperativas, y este es un claro ejemplo de que funciona en el competitivo sector hostelero.
Deyma da empleo directo a cinco personas: Antonia, encargada de la cocina; Domingo, encargado del mantenimiento y de la administración; Eliécer Cánovas, hermano de Antonia y recepcionista nocturno; Isabel, hermana de Domingo, encargada de la limpieza junto a otra mujer y ayudante de cocina.
Aunque, por el momento, la plantilla está al completo, los tres socios no descartan contratar a una sexta persona para que les sirva de apoyo en diversas tareas como la limpieza.
Junto con los tres cooperativistas, Luisa Mari, una amiga de la familia y propietaria de una tienda la tienda de cerámicas El Alfar, ha sido una de las grandes protagonistas del diseño del hotel. Un diseño creado a partir de las decisiones personales de los dueños, en el que predominan el azul y el naranja para conseguir un clima cálido y acogedor.
El cuidado en los detalles es importante y se ve reflejado también en los colores de las paredes, que Domingo ha pintado personalmente, y del que un buen ejemplo son las de las tres plantas. En estas tres alturas, los colores van degradándose desde el tercer piso hasta el primero. De esta forma se consigue que, cuando penetra la luz por el patio al que dan los balcones de las tres plantas, el color se vea uniforme, y parezca que estén pintadas en el mismo tono. Estos colores se combinan de manera especial con los espacios abiertos que dan paso a la luz, y que se combinan con el mármol, la cerámica y la madera, materiales nobles y acogedores que predominan en el hotel. Fue un trabajo laborioso para los que Domingo califica como artistas de la cerámica, «ya que gracias a su colaboración podemos tener piezas elaboradas por artesanos de muchos sitios de España».
«Lo que más le llama la atención a la gente es que ven la fachada muy estrecha y luego comprueban que realmente es más espacioso de lo que parece», explica Antonia, que cuenta una anécdota sobre dos clientes que le dijeron: «Hemos pasado muchas veces por la puerta y los colores que tiene a mi me dicen que lo que hay dentro es precioso». Y no se equivocaron.
Por otra parte, el hotel cuenta con piezas diseñadas exclusivamente para éste, como por ejemplo el mosaico de la entrada, el de la escalera con una sirena como protagonista, la colorida fuente que alegra el patio o el suelo de esta estancia, que ayudan a crear un clima muy particular.
Cuenta asimismo con piezas exclusivas, con historia, como por ejemplo unas teteras, unas figuras en forma de meninas, de gatos, unas lámparas en forma de cafetera y tazas, o unas luces decoradas con cazuelas viejas.
Esta es la respuesta de Domingo al preguntarle por el principal valor del hotel. Y es que, en pleno centro de la bahía de Mazarrón, se puede respirar un aire agradable y totalmente acondicionado. Destacable también es su cocina casera, en la que se elaboran con productos de primera calidad, platos muy murcianos como el pisto, el pastel de zarangollo, la sepia en su tinta, las bolitas de merluza y deliciosos postres como la tarta de chocolate y el pastel de queso, que hacen la delicia de los visitantes.
De sus cazuelas también pueden disfrutar las personas que no se alojen en el hotel, siempre que realicen una reserva. Los viernes y sábados se ofrecen cenas. «Este también es uno de nuestros principales valores, ofrecer un servicio personalizado y espacioso, para garantizar que la gente coma como en casa», explica Domingo.
Por este motivo el público que se hospeda en el hotel es de edades muy variadas y que vienen desde diversos puntos de la Región, así como japoneses, pasando por austríacos e ingleses, que en muchas ocasiones repiten la experiencia, y ayudan a afianzar la buena marcha de la cooperativa. En la actualidad vienen también muchos turistas del interior de la Península que van a hacer cursos de buceo, así como trabajadores, representantes comerciales, etcétera.
La innovación es importante para los socios de esta cooperativa, y por eso hay que pensar en ofrecer a los clientes servicios añadidos, como por ejemplo, ofertar bicicletas a los clientes.
La idea surgió de una pareja de austríacos que se hospedaron en La Galerita y que no tenían transporte. Antonio y Domingo les dejaron unas bicis con las que recorrer las calas de la localidad, como la de Bolnuevo. Así que ahora han adquirido varias de estas bicicletas, con las que ofrecer a los huéspedes el poder desplazarse por los alrededores.