La Agrupación de Conserveros y Empresas de Alimentación de Murcia, Alicante y Albacete, que integra al 80% de la industria agroalimentaria de la Región, propondrá a Fecoam un pacto de precios para estabilizar la presente campaña de alcachofa.
La incertidumbre sobre la producción prevista para las próximas semanas en el Valle del Guadalentín, el Campo de Cartagena y en la Vega Baja alicantina, a raíz de la escasez de agua, ha generado una situación compleja para la patronal conservera que, a día de hoy, se muestra incapaz de dar garantías de suministro a sus clientes.
Pese a contar con 20.000 toneladas de excedente de la anterior campaña -el doble de lo normal, por culpa de la competencia peruana y chilena-, los conserveros dudan de si dispondrán este año de materia prima suficiente, ya que necesitan al menos 100.000 toneladas para mantener su actividad dentro de la normalidad tanto para envasar como para congelar. De hecho, ya hay empresas que están buscando proveedores en Andalucía.
El presidente de la Agrupación de Conserveros y Empresas de Alimentación, José García Gómez, considera que ha llegado el momento de acordar «un marco de precios y calidades» con las cooperativas para evitar las grandes fluctuaciones en la cotización que se están dando por estas fechas. «Hay mucha campaña por delante -explica- y no puede ser que en una semana la alcachofa no valga nada, en la siguiente se ponga por las nubes y luego vuelva a bajar. Tales variaciones no pueden ser absorbidas por las empresas conserveras, que tienen que ofrecer unos precios estables a sus clientes».
Otra de las propuestas de la Agrupación a Fecoam será la creación de un centro de contratación tutelado por la Consejería de Agricultura para las ventas de alcachofa a industria que reemplace al actual proceso de subastas en la veintena de alhóndigas que hay en la Región, un proceso de José García Gómez no duda en tachar de «mecanismo diabólico».
El presidente de la Agrupación indica que los intermediarios de las alhóndigas cobran un 10% a los productores y tres céntimos por kilo a las empresas conserveras, algunas de las cuales se ven obligadas a procesar 200.000 kilos diarios: «Tales comisiones son muy desproporcionadas con respecto al precio de origen de la materia prima, y lo peor es que suelen ser subastas ficticias».
García Gómez destaca que un centro de contratación «transparente y supervisado por la Administración redundaría en beneficio del productor, al no haber intermediarios con comisiones tan altas». De materializarse el proyecto, «el sector no tendría inconveniente en asumir un contrato- tipo», como el que ya existe para el limón.
El año pasado se cultivaron en el Valle del Guadalentín y en el Campo de Cartagena 6.400 hectáreas de alcachofa (antes de la actual sequía no bajaban de las 7.500), que proporcionaron 96.000 toneladas, de las que la cuarta parte fueron comercializadas por las cooperativas de Fecoam.
En aquel entonces, unas oportunas lluvias salvaron la cosecha (que aportó 3.840.000 euros de beneficio a los agricultores), pero los conserveros dudan de que pueda repetirse tal golpe de suerte en uno de los inviernos más secos de las últimas décadas, con los pozos cada vez más salinizados por la sobreexplotación y con la nula perspectiva de un trasvase de socorro.
Aparte de la incertidumbre existente sobre la evolución de la actual cosecha, el sector conservero debe lidiar con la creciente presión de la competencia de Perú y Chile, que ha hecho que las exportaciones de alcachofa en conserva cayeran un 18% el año pasado, pasando a 35.000 toneladas (en lugar de las 45.000 de media de campañas anteriores).
Otro dato significativo. Hace tres años, las empresas murcianas mantenían una cuota el 94% del mercado estadounidense, convirtiendo a la alcachofa en conserva en la «joya de la corona» del sector en dicho país, tras la debacle del tomate.
En el 2006, el porcentaje se había reducido al 55%, con el agravante de que la demanda había aumentado un 30%. La supresión de aranceles para la alcachofa peruana (la española paga un 14%) fue el detonante de este retroceso, empeorado por la reducción de tasas aduaneras para la alcachofa chilena. Frente a las ventajas de los conserveros sudamericanos en cuanto a aranceles, menos costes de fletes y valor de la mano de obra, los murcianos cuentan -de momento- con la baza de la calidad. Los productores peruanos y chilenos cultivan alcachofa de simiente, mientras que los murcianos y alicantinos lo hacen con esquejes, lo que permite calibres mayores y más aptos para la conserva.
Frutas
Respecto a otros productos, José García Gómez aventura un buen año para el melocotón: «Es más que posible que iniciemos la próxima campaña sin excedente alguno, si se mantiene el actual ritmo de ventas, algo que no sucedía desde el 2000». La comercialización de conservas de melocotón aumentó un 18% durante el pasado año, hasta rondar las 60.000 toneladas.
Para el albaricoque las perspectivas son más sombrías (las ventas del 2006 fueron de sólo 20.000 toneladas) «La demanda mantiene un tono muy bajo. Hace tiempo que los precios tocaron techo en el mercado, y eso nos condicionó mucho en las negociaciones de precios de la anterior campaña y lo va a seguir haciendo este año».
La pera es el producto revelación. Las ventas pasaron de 9.000 a 14.000 toneladas durante el 2006.
La mandarina en almíbar, por su parte, seguirá levantando cabeza (28.000 toneladas el año pasado), siempre y cuando la UE mantenga el actual veto (vía cláusula de salvaguarda) sobre las importaciones desde China.
Pero son en los cócteles de frutas donde está el mayor crecimiento de la demanda, que subió en más de un 40% durante el año pasado.