NUESTRAS RAÍCES
14-05-1995
A partir del tronco común
del árbol evolutivo, ¿qué
rama diferenciada comenzó a crecer antes,
la del orangután, la del chimpancé
o la de los homínidos?. ¿Por qué
y cómo se volvieron bípedos nuestros
antepasados?. ¿Cuál fue la primera
especie de homínidos existente?. ¿Cuáles
las posteriores?. ¿El Homo sapiens sapiens
actual se deriva de alguna de esas especies
concretas o procede de la evolución diferenciada
de diversos Homo sapiens arcaicos, incluso del
Hombre de Neanderthal, en las regiones colonizadas
por el Homo erectus?
Ninguna de estas preguntas tiene
una respuesta inequívoca en la actualidad,
pero muchas de las claves de sus correctas contestaciones
pueden estar enterradas en África. Concretamente,
en la zona de confluencia entre los actuales
países de Eritrea, Etiopía y Somalia,
lindando con la extremidad Sur del Mar Rojo.
Allí se encuentra un desierto y desolador
paraje muy activo volcánicamente, conocido
como el valle del Rift, en el cual se localizan
diminutas y míseras poblaciones como
Hader y Aramis, que han conseguido recientemente
que su nombre sea conocido por muchos científicos
del mundo.
HOMÍNIDOS. La razón
de tal celebridad se debe a los importantísimos
hallazgos paleontológicos que han tenido
lugar en sus inmediaciones. Las características
geológicas del terreno volcánico
han hecho que durante millones de años
buena parte del territorio haya permanecido
cubierto de sedimentos que protegían
los restos enterrados bajo los mismos. Pero
cambios geológicos posteriores han hecho
aflorar a su superficie los valiosos restos
óseos de diversos homínidos que
durante millones de años poblaron aquellos
lugares. Y, de acuerdo con la prestigiosa revista
científica Science, uno de los acontecimientos
más trascendentales ocurridos en 1994
ha sido la publicación, en septiembre,
en las páginas de su gran competidora
la revista Nature, de un artículo del
paleontólogo Tim White y colaboradores.
En el mismo se desvela el descubrimiento, en
Aramis, de los restos de una nueva especie de
homínido, datada en unos cuatro millones
de años de edad, el Australopithecus
ramidus. Se trata de lo que parece constituir
un eslabón único en la cadena
evolutiva que desembocó en el hombre
moderno actual.
Hace unos 5,5 millones de años
se bifurcaban del tronco evolutivo común
el gorila, el chimpancé y los homínidos,
con analogías genéticas entre
ellos que se acercan a la cifra del 99%. El
orden de aparición es todavía
poco conocido, aunque algunos opinan que funcionalmente
debió ser el anterior. Así se
explicaría mejor la aparición
del bipedalismo, o uso de dos extremidades para
desplazarse. Posiblemente ello fuese resultado
de la sistematización de un comportamiento
bien conocido en los grandes monos, que se conoce
como la parada de intimidación: ponerse
de pie para impresionar al adversario. El grado
extremo de ese comportamiento sería el
bipedalismo. Pero sea cuál sea la causa
de la introducción del bipedalismo, sin
duda la liberación de las extremidades
delanteras facilitó el que los homínidos
manipulasen objetos e instrumentos logrando
establecer un flujo entre cerebro y manos que
espolearía el desarrollo de su inteligencia.
Por ello, a finales de los 60,
significó un gran hallazgo, cerca del
poblado de Hadar, el de Lucy, un homínido
hembra bípedo (de acuerdo con sus estructuras
óseas), que vivió en las sabanas
africanas. Lucy mostraba en las piezas bucales
encontradas un esmalte dental muy grueso y duro,
adaptado al medio. Esta característica
es propia de seres que tienen que alimentarse
de semillas duras y otros componentes abrasivos
en un terreno herbáceo, de arbolado escaso,
como el que debía existir en la zona
considerada. Lucy fue bautizada así porque
el equipo de paleontólogos dirigidos
por Don Johanson, escuchaban continuamente,
en las emisiones de radio de aquella época,
a los Beatles. Y repetitivamente, una de sus
canciones, titulada en español "Lucy,
en el cielo con diamantes".
Lucy era el primer ejemplar, con
1,10 metros de altura, de una nueva y desconocida
especie de homínidos, la de los Australopithecus
afarensis, con una antigüedad de unos tres
millones de años. A partir de ese momento
se consideró que, junto al bipedalismo,
otra característica general de los homínidos
debería ser la de su esmalte dental robusto,
propio de las zonas no boscosas. Mas este último
aspecto es el que ha sido puesto en solfa por
la recién descubierta nueva especie de
Australophitecus ramidus. Su datación,
con más de 4 millones de años,
le hace ser, posiblemente, la primera especie
con consideración real de homínida,
no de chimpancé. Sus primeros restos
se comenzaron a recoger en 1992 y prácticamente
se ha podido completar ya todo un esqueleto,
de baja estatura, bípedo. Pero, al contrario
que Lucy, presenta un delgado esmalte dental,
al igual que el que poseen chimpancés
o gorilas, disponiendo asimismo de grandes caninos
e incisivos. Esto indica que su hábitat
era forestal como se ha confirmado por otros
ciertos vegetales encontrados, lo que nos hace
preguntarnos, sin respuesta, por ahora ¿qué
es lo que, en ese ambiente boscoso, ayudó
a que se produjese el salto evolutivo?.
EVOLUCIÓN. Por las
cifras de sus respectivas antigüedades
sería lógico pensar que el A.
ramidus fue la primera especie homínida
existente, de la que se derivó el A.
afarensis. Esta idea secuencial es la más
aceptada, pero no faltan defensores de otras
alternativas que defienden una bifurcación,
desde un tronco común, hacia las ramas
afarensis y ramidus, con posibilidades de que
el Homo sapiens tenga su raíz bien en
una, bien en la otra. En todo caso, aun dentro
de la primera, la más común, otra
gran incógnita sería descubrir
la trayectoria recorrida durante unos tres millones
de años, desde el Australopithecus afarensis
hasta el hombre de hoy día, el Homo sapiens
sapiens.
Una alternativa es la de la teoría
de la sustitución, con una filogenia
arborescente, en la que todas las ramas se extinguen
excepto la que conduce al hombre moderno. De
acuerdo con ello, desde el A. afarensis se separaron
dos grandes ramas. La primera, la del A. Aethiopicus,
originaría posteriormente las especies
parántropos (palabra que significa casi
hombre), que vivieron casi durante unos dos
millones de años hasta que se extinguieron.
La segunda rama o género sería
la del Homo, aparecido en África, que
podría pasar o no por el Homo habilis
hasta llegar al Homo erectus, originado en África.
Allí, tuvo lugar la Primera Gran Expansión,
origen de su extensión y evolución
por diversos lugares del mundo, siendo capaz
de plasmar su inteligencia en forma de fabricación
de pequeñas y rudimentarias herramientas.
Ello ocurriría hace algo menos de dos
millones de años, y durante un millón
de años surgirían diversas poblaciones
específicas de Homo erectus en África,
Asia, y Europa. Posiblemente, su evolución
le llevó hasta el Hombre de Neanderthal
en Europa y Oriente próximo.
Otros investigadores abogan por
la teoría de la sustitución, defendiendo
concretamente que, fue el Homo erectus de África
quien hace un millón de años evolucionó
hasta el Homo sapiens. Con este comenzó
la denominada Segunda Gran Expansión,
sustituyendo en los diversos lugares geográficos
paulatinamente (mezclándose o no genéticamente
con ellos) a los ejemplares allí existentes
evolucionados de Homo erectus e incluso del
Hombre de Neanderthal. Para ello sería
un factor clave su superior capacidad tecnológica,
con la capacidad de crear herramientas mucho
más complejas y útiles. Desde
luego, se admite generalmente que, hace unos
doscientos mil años, existía el
Homo sapiens, en forma de un pequeño
grupo humano que puede considerarse como padre
de todas las razas y hombres actuales.
Otra alternativa al modelo de
sustitución es la de la continuidad,
cuyos defensores piensan que, en las diferentes
regiones colonizadas por diversas formas de
Homo erectus habrían aparecido formas
arcaicas de Homo sapiens, tal como se puede
considerar al propio Hombre de Neanderthal.
En esta situación se habría producido
la mezcla de poblaciones y el mantenimiento
de un flujo génico lo que desembocó
en el Homo sapiens sapiens actual.
Arqueólogos, paleoantropólogos
y biólogos moleculares son los principales
científicos que, actualmente, se ocupan
con metodologías muy diferentes de estudiar
la fascinante cuestión del origen del
hombre moderno. En todo caso hallazgos como
los que hemos comentado pueden ayudar a resolver
los dilemas existentes y, de este modo, ayudarnos
a saber de modo más preciso cuáles
son nuestros orígenes, dentro de la diversidad,
encuadrados dentro del escenario del fenómeno
maravilloso que es la vida.