LAS DESDICHAS DE UN SABIO
28-01-2005
La
sustancia cuya fabricación descubrió
ayudó a cambiar el mundo, según
los entendidos, más que lo hizo la propia
Revolución francesa. La Academia francesa
había establecido, en 1775, un premio
de 2400 francos para quien lo lograra. Los ingleses
habían estado buscando el procedimiento
durante más de 40 años pero todos
sus esfuerzos resultaron inútiles.
Nicolás Leblanc (1742-1806),
médico y químico francés,
en 1784, se interesó por el tema y, tras
6 años de trabajo, descubrió el
sistema de fabricación de la sosa artificial
a partir de la sal común, el cloruro
sódico, tan abundante en la Naturaleza.
Comenzaba el esplendor de la sosa y las desventuras
de Leblanc, que le condujeron, ahora hace 200
años, a la ruina, desesperación
y suicidio.
SOSA. La sosa de la que
tratamos no es la sosa caústica (hidróxido
sódico) sino el carbonato sódico
o sosa comercial. Los egipcios ya la conocían
y usaban para la fabricación del vidrio
(fundiéndola con arena de sílice
y caliza) y para limpiar grasas. Se encuentra
en la naturaleza en los estratos de sal y también
disuelta en las aguas de lagos interiores, llamados
lagos de sosa. Abundaba principalmente en las
costas del río Natrón, de donde
procede el nombre latino que tiene el sodio
(Natrium) y su símbolo químico
Na.
En lugares donde no habían
fuentes de este tipo, el carbonato de sodio
se solía obtener de las cenizas de las
algas y de otras plantas alcalinas y se conocía
como cenizas de sosa. De las más apreciadas,
para la fabricación de vidrios especiales,
eran las españolas procedente de Alicante,
Cartagena y Málaga.
A mitad del siglo XVIII la sustancia
adquirió una importancia especial debido
al problema del blanqueo de las lanas escocesas.
Escocia, con su clima húmedo, poseía
grandes rebaños de ovejas. Para blanquear,
no sólo la lana, sino el algodón
y el lino, se había descubierto la utilidad
del uso de lejías preparadas con cenizas
vegetales que contenían altas proporciones
de potasa (carbonato potásico) y sosa
(carbonato sódico), procedentes de la
incineración de árboles (hayas)
y de plantas barrilleras alcalinas que crecen
en terrenos salitrosos. Pero el gran desarrollo
de la industria textil agotaba los bosques europeos
y amenazaba seriamente a los americanos. De
ahí la institución del premio
ya citado por parte de la Academia francesa.
El método descubierto por Leblanc cuya
licencia y patente le fue concedida en 1791
contaba de dos etapas principales. En la primera,
se hacía reaccionar la sal común
con ácido sulfúrico, para producir
sulfato sódico. En la segunda, el sulfato
sódico se calcinaba con caliza y carbón
para obtener el carbonato sódico o sosa
comercial.
CONSECUENCIAS. Para financiar
la construcción de una primera fábrica,
Leblanc hubo de vender su proceso técnico
al duque de Orleáns, quien se autodenominaba
Alteza Serenísima. De este modo, a la
orillas del Sena, donde actualmente se sitúa
la estación RER de la Universidad de
Nanterre, comenzó a operar la primera
fábrica de sosa comercial, con una producción
de 200 o 300 kilos diarios. Sin embargo, fueron
los ingleses los más beneficiados por
el proceso ya que, lanzados en 1823 a una gran
aventura industrial, en 1885 eran capaces de
producir más de 150.000 toneladas anuales
de sosa por el método Leblanc.
Las consecuencias del abaratamiento
de la sosa cambiaron el mundo de la época.
La industria textil inició un despegue
espectacular, debido al desarrollo de productos
rápidos y baratos para blanquear las
fibras.
El uso adecuado de la sosa en
la producción del vidrio permitió
mejorar enormemente su calidad lo que facilitó
su uso no solo ornamental sino para la construcción
de instrumentos ópticos de calidad. Y
se popularizó su consumo en objetos de
uso corriente como botellas, vasos y otros utensilios.
La industria jabonera también
experimentó la influencia favorable de
disponer de sosa. El jabón duro, sales
sódicas de los ácidos grasos,
se puede obtener a partir de la combinación
de las grasas con un álcali. El uso de
la sosa comercial como álcali permitió
bajar el precio de fabricación con lo
que el jabón pasó de ser un artículo
de lujo a considerarse un producto de utilización
corriente.
De modo más indirecto,
los beneficios también llegaron a otras
muchas actividades, como la industria de los
muebles, cuya fabricación a gran escala
demandaba de grandes cantidades de cola, para
cuya obtención se usaban residuos animales
que escaseaban. El ácido clorhídrico,
obtenido como subproducto de la industria de
la sosa, se pudo utilizar para la disgregación
química de huesos animales y obtención
de las grandes cantidades de cola que demandaba
la industria del mueble.
La necesidad de ácido sulfúrico
para la obtención de la sosa comercial,
facilitó y abarató la producción
del ácido, haciendo posible su empleo
en trabajos de metalisteria y el posterior desarrollo
de industrias como la de colorantes, fertilizantes
y fibras artificiales, entre otros.
LEBLANC. Teóricamente
esta época debería haber sido
la de gloria para el inventor. Pero el 12 de
octubre de 1789 había tenido lugar el
asalto a La Bastilla, que iniciaba el proceso
social y político conocido como Revolución
francesa, que se extendería hasta 1799.
El socio de Leblanc, el duque de Orleáns,
Su Alteza Serenísima, se creía
a salvo ya que, oportunamente, había
votado en la Cámara, en enero de 1793,
a favor de la muerte de su primo el rey Luis
XVI. Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero,
pero, fruto de los ímpetus revolucionarios,
el 6 de noviembre, el duque seguía la
misma suerte. La fábrica de sosa fue
secuestrada, todo su contenido fue vendido y
los obreros dispersados. Poco tiempo después
el Comité de Salud Pública intentaba
remediar las consecuencias desastrosas del hecho
y reunía a una serie de presuntos expertos
para solucionar el problema. Incapaces de hacerlo,
apelaron al patriotismo de Leblanc, quien les
reveló los secretos de la fabricación.
¿Su recompensa?. Casi la
miseria, cambiando continuamente de tareas.
La más penosa de las que se le encomendó
fue la de responsabilizarle de hacer el inventario
del laboratorio de Lavoisier, maestro venerado,
fallecido en 1794, para proceder a la venta
de
su contenido. En marzo de 1799 el Ministerio
del Interior acordó conceder a Leblanc
una recompensa de 3000 francos, pero diversas
excusas administrativas hicieron que solo recibiera
600. El 16 de enero de 1806 se suicidó.
Medio siglo después, a título
póstumo, el Segundo Imperio reconocía
oficialmente su condición de inventor
de la sosa artificial y concedía a sus
descendientes una renta.
El método químico
desarrollado por Leblanc tuvo vigencia industrial
y comercial más de 60 años tras
su muerte, hasta que hacia 1870 fue sustituido
por el método Solvay, más rentable
económicamente.