MOZART: CUARTETO DE CUERDAS, CON AUTOPSIA
29-07-2001
La Dra. Faith Fitzgerald es una
afamada internista, a la vez que vicedecana
y profesora de Medicina de la Universidad de
California en Davis. En el anfiteatro Davidge
de la Universidad de Maryland, abarrotado de
espectadores médicos, va a realizar un
postmortem poco usual. Es la invitada especial
en la 6ª Conferencia Anual de Patología
Clínica Histórica. La autopsia
no se hará sobre ningún cadáver
real. Y, a su finalización, un cuarteto
de cuerda interpretará un programa musical
de piezas de Mozart.
Efectivamente, así ocurrió recientemente
y se trataba de analizar, científicamente,
las controvertidas causas de la muerte de Johannes
Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, cuyo
nacimiento tuvo lugar en la tarde del domingo
27 de enero de 1756. A los tres años
era capaz de distinguir las sucesiones armónicas
del clavicordio y de tocar al piano, de oído,
muchas melodías. Su grandiosa carrera
de compositor ya había comenzado a los
cinco años, con un concierto de piano,
difícil de interpretar incluso por pianistas
profesionales. En el momento de su temprana
muerte, el 5 de diciembre de 1791, a los 35
años, había escrito 626 composiciones,
incluyendo 23 óperas, 20 misas, 49 sinfonías,
66 arias, 27 conciertos para piano, y un largo
etcétera.
Cuando un hombre ha tenido una
vida excepcional se tiende a imaginar que su
muerte no puede ser común, más
aun cuando está envuelta de enigmas,
como es el caso de Mozart. No es extraño
que ello despierte el interés médico
por conocer las verdaderas causas de su muerte.
MUERTE. En los últimos
años de la vida de Mozart su penuria
económica era tan grande que tuvo que
pedir frecuentes préstamos a amigos y
benefactores. Por ello, su funeral fue el más
barato posible siendo enterrado en la fosa común
del cementerio. En esa época los cuerpos
se enterraban, junto con otros, en dos capas,
que se cubrían con cal. Posteriormente
las tumbas se reabrían y se añadían
nuevas capas de cadáveres, sin que se
realizase ninguna anotación sobre los
allí enterrados. De ahí la imposibilidad
de encontrar y estudiar sus restos.
Existen descripciones escritas
sobre los males y síntomas que le afectaron
en la última etapa de su vida, cuya interpretación
ha dado lugar, hasta ahora, a la elaboración
de unas 150 hipótesis diferentes respecto
a las causas de su muerte. Su último
episodio de enfermedad comenzó el 20
de noviembre de 1791, con fiebre alta, dolor
de cabeza, sarpullidos cutáneos, dolor
e inflamación en brazos y piernas, irritándole
fuertemente el canto de su canario preferido.
La semana siguiente sufre de vómitos
y diarreas e hinchamiento corporal, necesitando
ayuda para sentarse en la cama. Y el proceso
sigue deteriorándose, permaneciendo consciente
hasta la noche del 4 de diciembre, cuando comenzaron
sus delirios y entró en la situación
de coma que desemboca en su muerte, que sus
médicos atribuyeron a una "severa
fiebre miliar", un concepto vago e impreciso.
Una de las hipótesis más
difundidas y populares fue la de su envenenamiento,
debido a la envidia, achacando la autoría
al compositor Antonio Salieri. Constanza, la
viuda de Mozart, llegó a tener sospechas
al respecto. Y, cuando Salieri, en 1823, desarrolló
una demencia senil, llegó a autoinculparse
del envenenamiento de Mozart. Sin embargo, con
los datos disponibles, no existe una base científica
que avale esa posibilidad, mientras que del
resto de más de un centenar de causas
manejadas, las más adecuadas parecen
ser la defendida por la Dra. Fitzgerald y, la
más reciente, elaborada por el Dr. Jan
Hirschmann, recién publicada en la prestigiosa
revista médica Archives of Internal Medicine.
FIEBRE REUMÁTICA.
Este fue el diagnóstico alcanzado por
la Dra. Fitzgerald ante los 300 profesionales
participantes en la conferencia anual a la que
nos referíamos con anterioridad. Los
síntomas podrían apuntar, en principio
a tres direcciones: enfermedad hepática,
enfermedad renal y fallo congestivo cardíaco.
La enfermedad hepática la descartó
al no existir signos de ictericia. Tampoco existen
sospechas sobre disfunciones renales en el compositor
y las enfermedades renales avanzadas suelen
ocasionar delirios en etapas más previas
de la enfermedad. El fallo cardíaco debido
a la fiebre reumática sería el
candidato ideal.
Un estetoscopio lo podría
haber confirmado, pero su invención tuvo
lugar transcurridos más de 25 años
de la muerte de Mozart. También hubiera
sido acertado si un médico hubiese aplicado
su oído al pecho del paciente para analizar
sus latidos cardíacos. Pero es comprensible
que ello no ocurriera con un paciente febril,
vomitando, lleno de sarpullidos.
La fiebre reumática es
una enfermedad inflamatoria que afecta a articulaciones
y al corazón y tiene lugar por una fuerte
reacción del sistema inmune ante las
bacterias estreptocócicas infectantes.
En la época de la muerte de Mozart se
ha señalado que una epidemia, posiblemente
de fiebre reumática, castigó fuertemente
Viena. Y las investigaciones de la Dra. Fitzgerald
le revelaron que Mozart había sufrido,
al menos, dos episodios de fiebre reumática
en su infancia y que la descripción de
sus padecimientos crónicos indicaba infecciones
de garganta y tonsilitis frecuentes, indicadoras
de que tenía una infección estreptocócica
recurrente que le ocasionaba una predisposición
a los fallos cardíacos. El hinchamiento
corporal del compositor se causaría por
una carditis o inflamación cardiaca.
Incluso la petición de que sacasen de
la habitación a su canario cantor se
interpreta fácilmente por el hecho de
que la irritabilidad es uno de los síntomas
clásicos de la fiebre reumática
TRIQUINOSIS. "¿Qué
huelo?... ¡Chuletas de cerdo!. ¡Qué
gusto!. Como a tu salud". En esta frase,
escrita por Wolfgang Amadeus Mozart a su esposa,
44 días antes de su muerte, han encontrado
otros investigadores médicos la pista
para diagnosticar, correctamente, la probable
causa de su temprano fallecimiento. La triquinosis
suele ser ocasionada por carne de cerdo infectada
por triquina y no suficientemente cocinada.
Su periodo de incubación es de hasta
50 días y podría explicar todos
los síntomas de Mozart, es decir, fiebre,
sarpullidos, dolor en los miembros e inflamación.
Así lo opina el Dr. Jan Hirschmann, especialista
en enfermedades infecciosas del Centro Médico
de Veteranos de Seattle, USA. Además,
las complicaciones de la triquinosis suelen
incluir neumonías y problemas cardíacos,
lo que han sido la base de otras teorías
alternativas. El Dr. Hirschmann también
cree que era precisamente la triquinosis la
enfermedad epidémica no especificada
que afectaba a la ciudad de Viena por esos tiempos.
Su trabajo de Investigación sobre literatura
médica, documentos históricos
y biografías de Mozart se acaba de publicar
en un artículo de 8 páginas en
la revista médica Archives of Internal
Medicine.
Cabe recordar que la triquinosis
no fue caracterizada hasta el año 1800,
cuando se produjeron varios brotes mortales
de la enfermedad en Europa, lo que llevó
a desarrollar medicamentos eficaces contra el
parásito causante de la enfermedad.
En cualquier caso, lo que nunca
dispondrán los actuales o futuros investigadores
será de ningún resto biológico
procedente del cadáver de Mozart. Por
ello, de acuerdo con lo escrito al respecto
por la Dra. Fitzgerald, "quien únicamente
conozca con certeza de lo que murió Mozart
puede que sea el coro celestial que estaba a
la espera de recibir a alguien con suficiente
mérito para ser merecedor de compartir
su gloria"