LA CATÁSTROFE IRLANDESA
17-06-2001
Los desacuerdos entre ingleses
e irlandeses son una constante histórica.
Cuando, en Gran Bretaña, tras el aplastante
éxito electoral de Blair, se pretende
virar hacia una postura más europeísta,
simultáneamente, en Irlanda, se produce
el rechazo popular a los acuerdos de Niza. Posiblemente
ello no conducirá a ninguna catástrofe
futura, pero lo que comentaremos en este artículo
es una catástrofe histórica pasada,
conocida como "la hambruna irlandesa",
cuyas causas precisas acaban de ser dilucidadas
científicamente.
La población actual de Irlanda se acerca
a los 4 millones de habitantes, pero en 1845
alcanzaba los 8 millones y medio, y el principal
constituyente de su alimentación era
la patata. Entre 1845 y 1848 una devastadora
plaga asoló en varias ocasiones los cultivos.
Las consecuencias en muertes, hambre, enfermedades,
emigración e inestabilidad política
y social fueron de una magnitud catastrófica:
el censo de 1851 registraba una disminución
de población de más de 2 millones
y medio de personas. Y la conflictividad social,
sin duda, favoreció la aceleración
del proceso de finalización de los 400
años de gobierno inglés.
HISTORIA. Se piensa que
fueron los legendarios milesios, procedentes
de España, quienes dominaron a las primitivas
tribus que habitaban en Irlanda. Irlanda no
perteneció al Imperio Romano y en el
siglo IV d.C. sus pobladores de entonces, los
escotos, invadieron Gran Bretaña, una
provincia romana. Así dio comienzo el
pertinaz enfrentamiento entre ambos pueblos.
Una bula del Papa Adrián IV, en 1155,
permitió al rey Enrique II de Inglaterra
intentar conquistar Irlanda. Los conflictos
se sucedieron a lo largo de los siglos y se
alternaron las cuotas de poder y autoridad en
ambos bandos hasta que, bajo el reinado de Isabel
I, el poder de la Iglesia anglicana se extendió
hasta Irlanda, utilizando el anglicanismo como
instrumento de control político en la
isla. La conflictividad continuó, con
masivas confiscaciones de tierras, aunque el
Tratado de Limerick (1691), estableció
una cierta libertad religiosa para los católicos
y la devolución de algunas tierras, pero
los ingleses continuaron destruyendo deliberadamente
el comercio y las industrias irlandesas.
En 1801 el primer ministro británico
William Pitt, el Joven, consiguió que
su proyecto de unión legislativa de Gran
Bretaña e Irlanda fuese aprobado por
el Parlamento irlandés, pero a pesar
de ello continuó la lucha por lograr
la libertad cívica y religiosa y la separación
de Gran Bretaña. En este contexto el
episodio de la hambruna fue decisivo. Su causa
real fue la destrucción de las cosechas
de patata por la enfermedad conocida como roya.
En otoño de 1845 ya era previsible el
desastre, pero el Gobierno británico
no supo hallar soluciones eficaces. Peor aun,
en junio de 1847 un nuevo gabinete inglés
whig decidió aplicar una política
económica no intervencionista, que en
1847 hubo de rectificar, ya tarde, al estallar
epidemias de fiebres tifoideas, cólera
y disentería, que se cobraron más
vidas que la propia hambruna. El primer ministro
instauró la tasa de la Poor Law (Ley
de los pobres), un impuesto sobre la propiedad
destinado a costear el envío de ayuda
a Irlanda, pero su recaudación fue acompañada
por una oleada de desórdenes y violencia.
Murieron más de un millón de personas
y hubieron de emigrar muchas más. Tras
la hambruna un movimiento revolucionario, el
fenianismo, sirvió de preámbulo
para la Guerra Civil que desembocó, en
1921, en la creación del Estado libre
de Irlanda en el sur de la isla.
PHYTOPHTHORA. Con el nombre
común de roya se designa a una enfermedad
fúngica. Los hongos antiguamente se clasificaban
como una división del reino de las Plantas.
Actualmente se consideran como un grupo completamente
separado, que evolucionó a partir de
flagelados sin pigmentos. Existen unas cien
mil especies conocidas de hongos, unicelulares
o pluricelulares, siendo causantes, junto con
las bacterias, de la putrefacción y descomposición
de toda la materia orgánica. En cualquier
parte en que existan otras formas de vida también
hay hongos, muchos de ellos parásitos
y, algunos, productores de enfermedades en plantas
y animales. La mayor parte de los hongos se
reproducen por esporas, diminutas partículas
del protoplasma rodeado de pared celular. Por
ejemplo, el champiñón silvestre
puede formar doce mil millones de esporas en
su cuerpo fructífero.
Las esporas se originan de dos modos diferentes.
En el primero, las esporas se producen después
de la unión de dos o más núcleos,
combinando los genes progenitores, en una o
varias células especializadas. Los cuatro
grupos principales de hongos vienen definidos
por los cuatro tipos de esporas posibles: oosporas,
zigosporas, ascosporas y basidiosporas. Las
oosporas se originan por la unión de
una célula macho y otra hembra; las zigosporas
por dos células sexuales similares entre
sí. Las ascosporas suelen disponerse
en agrupaciones de ocho unidades contenidas
en unas bolsas llamadas ascas. Las basidiosporas
se agrupan en conjuntos de cuatro unidades,
en unas estructuras con forma de maza llamadas
basidios.
El segundo proceso más común de
producción de esporas sucede sin la unión
previa de dos núcleos. Los principales
tipos de esporas reproductivas formadas así
son: oídios, conidios y esporangiosporas.
De acuerdo con lo expuesto, aunque
con muchas peculiaridades, los hongos se clasifican
en cuatro filos principales: oomicetes, zigomicetes,
ascomicetes y basidiomicetes según formen
oosporas, zigosporas, ascosporas y basidiosporas.
En concreto, los oomicetes son hongos que se
parecen a las algas y comprenden desde organismos
unicelulares hasta complejas masas de hifas.
Entre ellos se incluyen los mohos acuáticos,
las royas blancas y los mildius vellosos. En
el género Phytophthora los receptáculos
que contienen las zoosporas pueden estar modificados.
El término phytophthora procede de dos
palabras griegas significando destructor de
plantas y es precisamente el hongo Phytophthora
infestants el causante de la roya de la patata.
CULPABLE. Cuando hace varias décadas
se identificó a este hongo como el responsable
de la enfermedad pudo combatirse eficazmente
con diversos funguicidas. Como respuesta a estos
tratamientos, desde finales de los 80 han venido
apareciendo algunas cepas del hongo resistente
a los funguicidas, por lo que la amenaza de
la roya vuelve a tener actualidad. La mayor
parte de la diversidad genética entre
todas sus especies se ha localizado en el valle
de Toluca, en México. Y, hasta ahora,
se creía que una de estas especies, la
US-1, que se reproduce asexualmente, había
dado lugar a un linaje clonal, que era el descendiente
directo del hongo que produjo la hambruna irlandesa.
En un verdadero trabajo detectivesco
molecular, el grupo del Dr. Ristaino, de la
Universidad de Carolina del Norte, ha investigado
en 28 herbarios de Inglaterra e Irlanda las
muestras de hojas infectadas de patata que allí
existían, recogidas entre 1845 y 1847,
procedentes de la epidemia irlandesa. Como marcadores
moleculares identificadores han usado mutaciones
en el ADN mitocondrial. Sus resultados los acaba
de publicar la revista Nature. En ellos, el
estudio de las secuencias de ADN ha demostrado,
sin género de dudas que, en contra de
lo que se suponía, la cepa US-1 no era
la culpable. Por el contrario, el verdadero
culpable, el hongo de la roya productor de la
hambruna irlandesa no procedía de México,
sino de otras zonas de Suramérica, cuya
localización concreta se hará
mediante posteriores investigaciones.
Esta aplicación de lo que se podría
denominar arqueología molecular es un
claro ejemplo de la variedad de las aplicaciones
de la Biología y Genética moleculares
en el campo de las investigaciones de acontecimientos
históricos.