STRADIVARIUS: EL SECRETO
23-06-2002
Los violines Stradivarius son
los más preciados instrumentos musicales
del mundo. Entre los cerca de 600 ejemplares
que aun se conservan hay algunos valorados en
más de un millón y medio de euros,
es decir, más de cien veces de lo que
costaría el más perfecto ejemplar
artesano moderno y más de diez mil veces
que los procedentes de fabricaciones industrializadas.
¿Refleja la diferencia
de precios la diferencia de calidad?. ¿Cuál
fue el secreto de Antonio Stradivarius para
fabricar sus maravillosos violines?. ¿Nos
podría aclarar la Ciencia en qué
consistía, de existir, tal secreto?.¿Podría
igualarse, con un violín fabricado actualmente
la calidad tonal de un Stradivarius?. Vamos
a intentar responder a algunos de estos interrogantes.
STRADIVARIUS. El violín,
que en el pasado no gozó de una gran
reputación, surgió en el Norte
de Italia hacia 1550 y se utilizaba para acompañar
danzas o para doblar a las voces en la música
polifónica. No fue hasta el siglo XVII
y comienzos del XVIII cuando el arte de la construcción
del violín alcanzó sus cotas más
altas en los talleres familiares de los italianos
Stradivarius, Amati y Guarneri, y del austriaco
Stainer. Comparado con los modelos modernos,
el violín antiguo poseía un mango
más grueso, menos inclinado hacia atrás,
un diapasón más corto, un puente
más bajo y cuerdas hechas solo de tripa.
Esas características constructivas fueron
modificadas en los siglos XVIII y XIX para producir
un sonido más fuerte y brillante, aunque
diversos violinistas del siglo XX han restaurado
y empleado instrumentos del siglo XVIII por
considerarlos más adecuados para interpretar
la música antigua.
En cualquier caso, fue Antonio
Stradivarius (1644-1737), nacido en Cremona,
quien llevó su oficio de constructor
de instrumentos, en especial de violines, a
su máxima perfección, siendo sus
mejores obras los ejemplares construidos entre
1700 y 1725. La creencia popular piensa que
existía un secreto cuya transmisión
familiar se quebró a comienzos del siglo
XIX.
Podemos considerar que cada violín,
desde el más preciado Stradivarius al
más plebeyo producto industrial, posee
una "voz" propia. Una persona cultivada
musicalmente es capaz de distinguir entre Plácido
Domingo y Pavarotti cuando cantan la misma pieza
operística. Algo semejante es aplicable
a los diferentes violines. En los últimos
150 años numerosos científicos,
entre ellos físicos tan famosos como
Helmholtz, Savart, o el Nobel hindú Chandrasekhara
Raman han intentado conocer las bases científicas
de esas diferencias en las cualidades y características
de los sonidos.
FACTORES. Un problema inicial
es que, todavía, el mejorr instrumento
científico de detección de un
sonido es el oído, y que el cerebro sigue
siendo también un analizador más
sofisticado de los sonidos complejos que cualquier
instrumento científico. Esta situación
necesariamente introduce unos claros problemas
de objetividad y cuantificación.
Una de las personas que mejor ha resumido los
aspectos científicos relacionados con
la calidad de los violines es Colin Gough, investigador
de la School of Physics and Astronomy de la
Universidad de Birmingham, en Gran Bretaña.
En abril del año 2000 escribió
al respecto un artículo muy documentado
titulado "Science and Stradivarius",
que fue merecedor de recibir el Premio anual
de artículos científicos del año
2000, para profesionales en acústica,
instituido por la Acoustic Society of America.
Partiendo de las particularidades
de la Física de la excitación
de la cuerda de un violín, extensivamente
estudiadas por Michael McIntyre y Jim Woodhouse
de la Universidad de Cambridge, en el artículo
mencionado, el Dr. Gough analiza la forma en
que un violín funciona, las características
físicas de los sonidos, sus frecuencias,
las resonancias o armónicos, la relación
con los más mínimos detalles de
los variados componentes de la geometría
del instrumento, la tensión de las cuerdas,
la producción de las así llamadas
ondas de Helmholtz, como se extiende el sonido,
etcétera.
Otra parte del artículo
se dedica a las características de los
materiales utilizados, especialmente la madera,
su tratamiento en remojo, su envejecimiento,
su humedecimiento interno, el ajuste de cada
componente y, la discusión sobre el papel
que juega el barniz sobre la calidad del instrumento.
Para el Dr. Gough las investigaciones realizadas
por microscopía electrónica y
fotografía ultravioleta descartan la
existencia de un secreto en la composición
del barniz, por lo que opina que la Ciencia
no ha encontrado todavía una propiedad
medible que sirva para diferenciar los violines
de Cremona de los hechos por expertos artesanos
actuales.
EL BARNIZ. No opina así
el Dr. Joseph Nagyvary, un químico húngaro,
que se formó con los Premios Nobel Paul
Karrer (Suiza) y Alexander Todd (Gran Bretaña)
antes de su traslado a Estados Unidos, donde,
desde 1968 es catedrático de Bioquímica
y Biofísica en la Universidad de Texas.
Su interés por los violines comenzó
en su juventud, en Zurich, cuando sus primeras
prácticas las realizó en un violín
que había pertenecido a Albert Einstein.
Sus ideas las ha expuesto, desde
los 60, en diversas publicaciones y en 120 conferencias
auspiciadas por la American Chemical Society.
La observación inicial fue la de los
terribles efectos de las termitas sobre muebles
e instrumentos musicales en el Norte de Italia
mientras que los Stradivarius no solían
sufrir estos daños. Ello le llevó
a la búsqueda de las posibles sustancias
insecticidas usadas en el pasado con efectos
acústicos, lo que le condujo a: 1) el
bórax, insecticida, polimerizante y endurecedor
de la madera lo que produce que el sonido sea
más brillante; 2) fungicidas como la
resina gomosa de los árboles frutales;
3) polvo de vidrio triturado, usado como antitermita.
El "secreto", para Nagyvary,
radica en unos violines perfectamente construidos,
usando maderas con un tratamiento previo prolongado
remojante que facilita la apertura de sus poros
y, de forma fundamental, en el tratamiento final
de la madera con una mezcla equilibrada y adecuada
de las tres sustancias anteriormente citadas.
Nagyvary, está reproduciendo
estos procedimientos para fabricar violines
que comercializa y, como prueba de su acierto
aduce que en diversas audiciones realizadas
por especialistas y virtuosos, éstos
no han logrado distinguir entre un violín
Stradivarius y un violín Nagyvary. Una
de las últimas pruebas ha sido la grabación
de un CD comercial en el que la excelente violinista
Zina Schiff usa uno u otro tipo de violín
para interpretar, entre otras, piezas de Bach
y Stravinsky. Cuando 20 especialistas escucharon
el CD e intentaron distinguir el instrumento
usado en cada caso, el porcentaje de fallos
y aciertos fue similar, el 50%, es decir, el
correspondiente al mero azar. Si el amable lector
desea hacer de experto musical puede encontrar
muestras de las grabaciones correspondientes
en http://www.nagyvaryviolins.com/.
Como modelo de las opiniones favorables
a las ideas del profesor Nagyvary se puede citar
la del Dr. Pavlath, presidente de la American
Chemical Society (ACS): "Él ha sido
el pionero del paradigma químico en la
manufactura de violines. Muchos de nosotros
hemos sido persuadidos por él de que
el Santo grial de la manufactura de violines
hay que hallarlo en la química de los
materiales
". Y el virtuoso violinista
Isaac Stern opina: "El conocimiento del
Dr. Nagyvary sobre la calidad tonal de los grandes
violines así como sobre sus métodos
de construcción hace que su trabajo tenga
hoy un valor especial para nosotros".