¡VAYA TOMATE!
22-05-1994
La comercialización de
los productos agrícolas, sobre todo los
frutos, tropieza frecuentemente con la dificultad
de su rápida maduración, así
como la de los tiempos necesarios para su recolección,
envío y venta a los consumidores finales.
Todo ello hace que, usualmente,
se recolecten cuando aun no han obtenido el
grado de madurez óptimo para alcanzar
sus mejores características organolépticas
de sabor, textura, fragancia, etcétera,
sometiéndolos después a una maduración
artificial con sustancias tales como el gas
etileno. Los tomates constituyen un ejemplo
típico de ello, cuando se pretende venderlos
en lugares lejanos a los de producción,
ya que durante su proceso normal de manipulación
se incrementa mucho la actividad de la enzima
poligalacturonasa, hidrolizante de pectinas.
Esta enzima rompe las paredes celulares, lo
que provoca un veloz ablandamiento de los frutos,
que pronto pierden su valor comercial. Por ello,
los científicos pensaron en la solución
de poder reducir la expresión normal
del gen que codifica a la enzima poligalacturonasa,
con la esperanza de que así se haría
más lenta la maduración del tomate,
ganando el producto en sabor y favoreciendo
su mejor comercialización.
FLAVR SAVR. Tras casi 10 años
de Investigación, desarrollo y dificultades
burocráticas para obtener los permisos
correspondientes de las autoridades, ha llegado
ya la hora de esa posibilidad. La compañía
Calgene Inc. de California está comenzando
a comercializar sus tomates Flavr Savr, que
serán los primeros alimentos, en la historia
de la Humanidad, genéticamente alterados
por medio de las nuevas biotecnologías
de la ingeniería genética. Las
plantaciones se realizaron el pasado otoño
en México, California y Florida. La recolección
comenzó en marzo y se han completado
las primeras transacciones comerciales simultáneamente
con la conclusión del proceso definitivo
de aprobación oficial. A favor de los
nuevos tomates biotecnológicos se aduce
que la textura más firme permite que
su vida comercial tras la recolección
se alargue una semana más, así
como que sus características organolépticas
resultan comparativamente mejoradas respecto
a las de los tomates normales.
Éstos tomates transgénicos se
diferencian de los normales (Lycopersicon esculentum)
en la introducción de dos nuevos genes,
ausentes en éstos. El primer gen, bautizado
como Flavr Savr, realmente es como un antigén
o gen antisentido con respecto al gen normal
de la poligalacturonasa. El camino recorrido
para obtenerlo se inició con el aislamiento
en células de tomate del gen normal,
codificante de la enzima poligalacturonasa.
A continuación se secuenciaron las bases
de su ADN, lo que permitió su conocimiento
íntegro molecular. Una vez conocida esa
secuencia, en el laboratorio se procedió
a sintetizar el Flavr Savr, que es un fragmento
de ADN antisentido con respecto al gen normal.
Ello significa que posee una orientación
contraria y una secuencia complementaria respecto
a una porción del gen fisiológico,
de modo que el producto de esta especie de antigén
sintético, es decir, su ARN mensajero,
se une, específicamente, bloqueándolo,
al ARN mensajero correspondiente al gen normal
de la enzima poligalacturonasa. Al bloquearlo
impide su expresión fisiológica,
es decir, anula la síntesis de la enzima.
Una vez obtenido el antigén
Flavr Savr se insertó en el interior
de una región específica del ADN
del plásmido T1. Este plásmido
es muy utilizado para procurar insertar secuencias
de ADN en el genoma de plantas dicotiledóneas,
ya que el plásmido se integra fácilmente
en la bacteria Agrobacterium tumefaciens, una
bacteria normal del suelo que con el plásmido
adquiere virulencia, con lo que queda capacitada
para infectar a las células vegetales.
En el caso hoy comentado lo que se hizo fue
cultivar células vegetales normales de
tomate junto a la bacteria que contenía
el plásmido dotado con el gen Flavr Savr,
con lo que se consiguió, en un cierto
número de casos, que este gen quedase
insertado en el genoma de las células
de tomate. Estas células, tras cuidadoso
cultivo, dieron lugar a las plantas correspondientes,
cultivadas en invernadero, cuyos tomates proporcionaron
semillas que se utilizaron en posteriores generaciones
de plantaciones de tomates transgénicos.
KANAMICINA. Respecto al otro gen agregado,
se trata de un gen que codifica la síntesis
de una proteína que confiere resistencia
al antibiótico kanamicina, que es letal
para las plantas normales de tomate. Con la
introducción de ese gen de resistencia,
de modo análogo al otro gen previamente
introducido, los investigadores disponían
de una herramienta para diferenciar en sus primeras
etapas de desarrollo las células transgénicas
de las que no consiguen serlo. Efectivamente,
ya que basta someter a todas ellas a la kanamicina,
con lo que las células no recombinantes
mueren y las recombinantes sobreviven. Precisamente
las principales voces críticas respecto
a estas experiencias se han elevado arguyendo
la posibilidad de que este gen de resistencia
a la kanamicina pudiese pasar a los humanos,
con lo que ya no sería posible utilizar
terapéuticamente este antibiótico.
En todo caso no quedan dudas de que el gen y
la proteína codificada por el mismo,
quedan totalmente destruidos e hidrolizados
durante el proceso digestivo normal.
A lo largo del proyecto, hoy comentado,
se han realizado numerosos estudios comparativos
de los tomates normales y transgénicos,
dando resultados totalmente coincidentes respecto
a sus contituyentes nutricionales (proteínas,
hidratos de carbono, vitaminas, minerales) y
caracteres complementarios (tomatina, color,
requisitos de cultivo, etcétera.). La
inserción de los genes Flavr Savr, en
el genoma celular del tomate, hizo que el nivel
de la enzima poligalacturonasa fuese menor del
1% respecto al existente en tomates normales,
con lo que se incrementó la dureza y
viscosidad de los transgénicos, y se
retrasó su ablandamiento. Por otra parte,
los tomates biotecnológicos han resultado
ser más resistente frente a la infección
por hongos y han carecido de efectos negativos
en todas las experiencias de alimentación
realizadas con animales. Por todo ello parece
culminado el camino iniciado hace más
de 10 años con este proyecto, que dio
lugar a los primeros ensayos de campo hace unos
5 años. Con los logros obtenidos se posibilita
que, desde el punto de vista científico
o industrial, la existencia de alimentos biotecnológicos
transgénicos pronto pueda ser tan normal
en los supermercados como la de otros productos
clásicos como el yogur, la leche, los
vinos o los lácteos. Éstos, desde
hace siglos, se vienen obteniendo con el concurso
de técnicas que hoy clasificados como
biotecnológicas clásicas, es decir,
que no alteran las características genéticas
del producto básico.