EL EFECTO POMELO
20-06-99
La potencia de un buen número de numerosos
medicamentos muy utilizados, entre ellos algunos
antihistamínicos, hipotensores, anticolesterolémicos,
antifúngicos, antibióticos, antigripales,
etcétera, puede aumentar a límites
peligrosos para la salud por el hecho de haber
ingerido antes o después de su toma un
simple vaso de zumo de pomelo o de haber comido
uno de esto frutos, por otra parte, excelentes.
Hace ya 10 años que se
publicaron los primeros datos al respecto en
la literatura médica. Desde entonces,
numerosas investigaciones han confirmado ese
efecto, que puede ocasionar mareos, sonrojos,
taquicardias, dolor de cabeza, somnolencia e,
incluso en algún caso, el fallecimiento
de los afectados. En 1997 investigadores de
la Facultad de Medicina de Michigan publicaron
un excelente estudio sobre el problema, en la
prestigiosa revista The Journal of Clinical
Investigation. Posteriormente se han descubierto
las razones moleculares de ese fenómeno.
Sin embargo, incomprensiblemente, en el casi
centenar de medicamentos comercializados en
los que se pueden producir esas consecuencias
negativas no suele indicarse nada al respecto
en sus correspondientes hojas informativas.
POMELO. Perteneciente a
la familia de las rutáceas, el pomelo
(Citrus maximus) es el nombre común del
fruto de una variedad de cítrico probablemente
originaria de Jamaica, e introducida en Florida
en el siglo XVI por los españoles, derivado
del híbrido entre el Citrus grandis (otra
variedad) y el Citrus sinensis (naranja). Los
actuales pomelos rosados se produjeron por una
mutación de la variedad blanca, ocurrida
en 1920 en el sur de Tejas. El color naranja
se debe a su contenido en carotenoides (180
unidades equivalentes de vitamina A), de modo
que supera en 50 veces al contenido en carotenoides
del pomelo blanco (3 unidades equivalentes de
vitamina A). Es en nuestro organismo donde los
carotenoides se transforman parcialmente en
vitamina A. La vitamina A es un antioxidante,
preciso para un crecimiento adecuado, el desarrollo
de la piel o la visión correcta. El contenido
del pomelo en vitamina C también es alto,
unos 80 miligramos por fruto, mientras su equivalencia
calórica suele ser inferior a las 100
kilocalorías por fruto.
Sin embargo, por lo que concierne
al efecto pomelo sobre ciertos medicamentos,
lo importante es que el pomelo contiene ciertos
compuestos flavonoides que inhiben la transformación
metabólica de bastantes medicamentos
hasta sus formas inactivas, por lo que la consecuencia
es un incremento de su absorción y de
su biodisponibilidad, así como de la
concentración del medicamento activo
en la sangre. El principal flavonoide implicado
parece ser la naringina, causante de sabor amargo
del fruto, así como su aglicona naringenina,
aunque parecen participar en el proceso otros
componentes flavonoides un centenar de veces
más activos que la naringina.
MEDICAMENTOS. La interacción
entre el pomelo y los medicamentos fue descubierta
por azar en el curso de una Investigación
que pretendía estudiar la posible interacción
existente entre una medicina hipotensora y el
alcohol. El zumo de pomelo se utilizó
como vehículo para enmascarar el gusto
a alcohol y lo que se encontró fue que
mientras que el alcohol no afectaba a la cantidad
de fármaco circulante en el cuerpo, sin
embargo, el zumo de pomelo incrementaba notablemente
tal concentración.
Actualmente se conocen más
de una quincena de principios activos sensibles
al zumo de pomelo, que están presentes
en un centenar de medicamentos comercializados.
Vamos a citar algunos de los más conocidos:
la cafeína, constituyente usual de más
de veinte antigripales y preparaciones similares,
tipo Desenfriol; el antihistamínico antialérgico
astemizol, componente principal de una decena
de especialidades como el Hysmanal; el también
antihistamíno antialérgico terfenadina,
presente en más de media docena de preparados,
como el Triludán; la eritromicina, constituyente
de casi una quincena de preparaciones comerciales;
las estatinas anticolesterol, como la lovastatina,
principio activo de varias especialidades como
el Mevacor, o como la estatina pravastatina,
participante en otras preparaciones como el
Bristacol; o la estatina simvastatina, utilizada
en varios preparados como el Pantok; diversos
antifúnficos como el keticonazol, base
de una decena de fármacos comerciales
como el Fungarest; o el antifúngico itraconazol,
presente en especialidades como el Hongoseril.
También se incluyen benzodiacepinas como
el midazolam, protagonista de la preparación
antiinsomnio Dormicum. E, incluso, el fármaco
ciclosporina, tan ampliamente utilizado en el
tratamiento antirrechazo tras los trasplantes
de órganos.
Como ejemplo concreto de la magnitud
del efecto pomelo podemos fijarnos en el hipotensor
Nisolpidina, que al igual que otros bloqueantes
de los canales de calcio, se absorbe bien oralmente,
pero debido a su alto metabolismo presistémico
intestinal y hepático, antes de actuar,
en condiciones normales su biodisponibilidad
es solo del 5%. Sin embargo, cuando se toma
junto o cerca de una ingesta de zumo de pomelo
la concentración sanguínea del
principio activo se multiplica por un factor
de siete, es decir, es como si se hubiese tomado
siete veces la dosis prescrita.
ACCIÓN. Buena parte
de los principios activos componentes de los
medicamentos anteriormente citados presentan
unas características comunes. Se metabolizan,
inactivándose, merced a la participación
de ciertas enzimas presentes en el tracto intestinal
y en el hígado. Entre estas enzimas destacan
las abreviadas como CYP3A4 y CYP1A2, es decir,
los sistemas citocromo P450 3A4 y citocromo
P450 1A2, que, asimismo, también participan
en la biodegradación de múltiples
metabolitos a desechar. Estas son las enzimas
que resultan inhibidas por los flavonoides presentes
en el zumo del pomelo, con la consecuencia inmediata
de que la biodegradación de los medicamentos
se reduce y resulta aumentada su dosis activa
o biodisponibilidad.
Las respuestas individuales al
efecto pomelo pueden ser muy variables llegando
a ser nulas en algunos casos. Por ello, como
precaución, cuando se tome un nuevo medicamento
o alguno que tenga principios activos como los
señalados anteriormente se pueden tomar
dos alternativas. Si se desea continuar como
consumidor habitual de pomelos o de zumo de
pomelo debe consultar a su médico sobre
la posibilidad de una contraindicación.
O, como precaución general, se suele
recomendar que el consumo del zumo de pomelo
no se realice en el periodo de 2 horas antes
a 5 horas después de la toma de la medicación.
En todo caso, la Investigación
sobre la naturaleza del "efecto pomelo"
puede tener efectos beneficios si se controla
adecuadamente. Uno de ellos sería la
posibilidad de bajar las dosis de ciertos fármacos,
como la ciclosporina, en el caso del control
de los fenómenos de rechazo de los órganos
trasplantados. Otra posibilidad diferente sería
la de homogeneizar las grandes diferencias individuales
que existen entre los individuos, normalmente,
en relación con las dosis eficaces para
cada uno de ellos de determinados fármacos.
La razón radica en que esas diferencias
resultan anuladas o muy disminuidas con el "efecto
pomelo".
Y si es posible, si no estamos
medicados con sustancias susceptibles, sigamos
deleitándonos con el consumo de esa excelente
fruta y de su zumo.