...Y AL PRINCIPIO FUE EL CAOS
03-07-1994
En la Cosmología griega
las primeras nociones sobre el caos lo asimilaban
a la oscuridad del inframundo, de modo que fue
Caos quien engendró a Erebo (obscuridad)
y a Nyx, quien a su vez dio lugar a Éter
(el brillante aire superior) y a Día,
antes de que originase los aspectos negros y
horrendos del universo: Sueño, Muerte,
Guerra y Hambre.
En la Metamorfosis de Ovidio,
el Caos adquiere su consideración clásica
de materia confusa y previa para todas las cosas
que habían de ser creadas con posterioridad.
Sin embargo, en la Genealogía de los
dioses paganos, escrita por Giovanni Bocaccio,
durante los años que mediaron entre la
terminación del Decamerón, en
1350, y su muerte, acaecida en 1365, aparece
otro concepto. Se relata que para quienes, como
Teodoncio, creían que la Tierra era la
creadora de todas las cosas, estaba establecido
que dentro de ella existía una mente
divina denominada Demogorgón. Es decir,
el padre y origen de todos los dioses paganos,
cuyos compañeros eran la Eternidad y
el Caos.
CAOS. Es evidente que en
la actualidad el caos puede ser abordado de
un modo menos misterioso y cosmológico,
de una forma incluso literariamente tan deliciosa
como lo ha hecho en un artículo mi buen
amigo, psiquiatra y escritor, el doctor Francisco
Carles. Pero ahora hemos de referirnos a los
aspectos científicos del caos, definido,
en principio, como una cualidad de un sistema
matemático determinista en el que existe
una extrema sensibilidad a las condiciones iniciales.
El término determinista significa que
el sistema considerado está sujeto a
las normas y reglas científicas establecidas,
por lo que es posible que, respecto a la evolución
inmediata del mismo, se puedan hacer predicciones
seguras mediante la aplicación de esas
leyes. Claro que la segunda característica,
la de la extrema sensibilidad, hace que para
plazos o tiempos prolongados, se produzca una
complejidad del tratamiento, lo que convierte
en totalmente impredecible su evolución
o situación a largo plazo. Por eso, un
sistema de este tipo se denomina caótico,
debiendo quedar claro, desde ahora, que nos
estamos refiriendo a un caos determinista, que
matemáticamente se corresponde a lo que
se denomina una dinámica no lineal, aunque
ello no tiene nada que ver con la acepción
gramatical de nuestra Real Academia Española
del concepto caos como confusión, desorden.
Lo que resulta realmente interesante
es que muchos sistemas físicos y, por
ende, biológicos e incluso fisiológicos
posean esa cualidad de sistemas caóticos,
cualidad que quizá comprendamos más
fácilmente con un ejemplo. Supongamos
que vertemos una pequeña cantidad de
colorante rojo alimenticio en una masa pastosa
de caramelo en elaboración, masa que
una máquina va extendiendo y doblando
sucesivamente. A partir de la situación
inicial, y conociendo los parámetros
del sistema y de la máquina, es evidente
que, con bastante aproximación, se podría
calcular donde estarán situadas las partículas
del colorante en la siguiente vuelta. Pero,
también resulta claro que, al cabo de
poco tiempo, será imposible conocer el
rastro de tales partículas coloreadas
conforme se extiendan a través de la
masa. La trayectoria se pierde porque sería
imposible generalizar las funciones matemáticas
precisas que permitiesen predecir en cada momento
el paradero de cada partícula de colorante.
Para conseguirlo se requeriría una precisión
fuera de toda comprensión.
MECANICISMO. Este ejemplo
nos sirve para evidenciar la imposibilidad de
que en la práctica sea viable alcanzar
el mecanicismo total expresado en 1814 por Laplace:
"Una inteligencia que conociera todas las
fuerzas que animan la naturaleza, así
como la situación respectiva de los seres
que la componen...podría abarcar en una
sola fórmula los movimientos de los cuerpos
más grandes del universo y los del átomo
más ligero; nada le resultaría
incierto y tanto el futuro como el pasado estarían
presentes a sus ojos".
La realidad es que este mecanicismo
radical de Laplace hizo aguas por varias razones:
en primer lugar, porque existen sistemas complejos
con tantas variantes que resulta totalmente
imposible seguir la huella de cada una de ellas
a lo largo del espacio o del tiempo. En tales
casos, únicamente cabe acudir a la ayuda
de las leyes estadísticas, estocásticas
o probabilistas. En segundo término,
porque las partículas elementales, los
núcleos, los átomos y las moléculas
constituyen sistemas cuánticos, cuyas
leyes difieren de las de Newton extrapoladas
por Laplace. Y, en tercer lugar, el aspecto
que nos interesa hoy, la existencia de los sistemas
denominados caóticos, que a pesar de
presentar un aspecto simple y con pocos grados
de libertad poseen, sin embargo, un comportamiento
muy complejo que los hace ser simultáneamente
deterministas (a corto plazo) e impredecibles(a
mayor tiempo).
La causa radica en que, aunque
están sujetos a las leyes físicas
deterministas, también presentan otras
trayectorias o cambios complejos. En tal situación,
lo que podríamos considerar como errores,
crecen de una manera violenta e incontrolada.
Como es imposible conocer el estado actual de
un sistema de este tipo con total precisión
(matemáticamente el equivalente a infinitas
cifras decimales), ello hace que al cabo de
un tiempo el error acumulado sea tan grande
que no tenga sentido cualquier predicción
al respecto. La razón radica en que al
transformarse el sistema se va destruyendo información
por la acumulación de errores, por lo
que pronto existe una total inseguridad respecto
a los números que pudieran expresar matemática
y físicamente el estado del sistema.
Es a este fenómeno al que se refería
el Premio Nobel Prigogine al afirmar que estamos
condenados a ver el mundo a través de
una ventana temporal.
SISTEMAS BIOLÓGICOS.
De gran importancia es que, desde el comienzo
de la década de los 80, se haya ido comprobando
que muchos sistemas biológicos, incluso
fisiológicos básicos, se comportan
como sistemas caóticos, por lo que en
los últimos 5 años se han ido
desarrollando reglas para aplicar la teoría
del caos a la Biología y a la Medicina.
Ya parece evidente que es hora de abandonar
creencias tradicionales como que la salud está
asociada a sistemas periódicos y ordenados,
mientras que la enfermedad o el envejecimiento
lo estarían en alteraciones de ese orden.
Más bien existen muchos ejemplos demostrativos
de lo contrario, de que los procesos fisiológicos
en situación de salud pueden constituir
un rico muestrario para los estudios sobre el
caos, los fractales y las dinámicas no
lineales. La Investigación sobre estos
temas, aparentemente tan esotéricos,
puede derivar en consecuencias inmediatas e
interesantes sobre el conocimiento de los efectos
de las enfermedades y otras disfunciones. Tanto
es así que Rossler, uno de los pioneros
en estos campos, ha llegado a decir que "la
Fisiología es la madre del caos",
mientras que para Henry Adams "el caos
engendra vida, mientras el orden crea hábito".
Tendremos que volver a insistir
en alguna de estas cuestiones. Hasta tanto,
puede servirnos de referencia la consideración
de que la importancia del caos biológico
descansa en el hecho de que las variables que
gobiernan su geometría espacial y temporal
pueden ser muy pequeñas en cuanto a su
número y fraccionales en cuanto a sus
dimensiones. Se abren así las posibilidades
de que si, en un momento y lugar adecuados,
se introduce en el sistema una variación
de pequeña energía se pueden ocasionar
importantes y complejas consecuencias deterministas,
previsibles. Recientemente así ha sido
comprobado por el grupo del Dr. Spano, en sus
estudios sobre la dinámica de los latidos
cardíacos, sistema asimilable a los caóticos.
Analizadas sus características, con un
pequeño impulso eléctrico individual
aplicado, han sido capaces de cambiar la dinámica
cardíaca desde el estado de ritmicidad
al de arritmicidad, y viceversa. También
resulta muy sugestivo el que la dinámica
del caos parece aplicable a procesos biológicos
tan importantes como la expresión de
los genes o la traducción biológica
de sus mensajes genéticos.