LA CONJETURA DEL MILLÓN DE DÓLARES
16-01-2004
Las Matemáticas han sido
capaces de romper sus barreras internas, e interaccionan
con otras ciencias, con las empresas, las finanzas,
las cuestiones de seguridad, la gestión,
la toma de decisiones o la modelización
de sistemas complejos. Y algunas de estas disciplinas,
por su parte, están retando a los matemáticos
con nuevas clases de problemas interesantes
lo que, a su vez, está dando lugar a
nuevas aplicaciones.
Quizá, por ello y por el
sentido práctico americano, se crean
instituciones como el Instituto de Matemáticas
Clay, financiado por el rico empresario americano
Landon Clay, con sede en Cambridge (Massachussets).
Es una fundación privada, sin ánimo
de lucro, dedicada a estimular y divulgar el
conocimiento de las Matemáticas.
POINCARÉ. Con motivo
del cambio de siglo, en el año 1900,
el científico alemán David Hilbert
elaboró una lista con los 23 grandes
problemas que los matemáticos del siglo
XIX habían sido incapaces de resolver.
Ello marcó buena parte de la investigación
matemática del siglo XX y de los 23 retos
de Hilbert, 20 fueron resueltos o abordados
satisfactoriamente, dos ya no se consideran
cruciales y otro sigue estando vigente.
Dentro de los actos celebrados
por el College de France para conmemorar el
centenario de esa lista, el 25 de mayo del 2000,
en París, el Instituto Clay ofreció
un millón de dólares a cada uno
de quienes solventen cualquiera de los siete
enigmas fundamentales de una nueva lista de
problemas que, hasta ahora, han derrotado a
la matemática del siglo XX. En este Millennium
Prize Problem, una de las reglas del premio
especifica que la solución propuesta
deberá estar expuesta previamente, por
un periodo de al menos dos años, al escrutinio
de la comunidad matemática internacional.
Para muchos matemáticos es claro que,
dada la importancia y naturaleza de los problemas
seleccionados, la solución de cualquiera
de ellos indudablemente proporcionará
a su autor no sólo una considerable cantidad
de dinero sino además un lugar sobresaliente
en la historia de la Matemática.
Entre estos problemas, tras más
de un siglo de su enunciado, sigue figurando
la conjetura de Poincaré. Henri Poincaré
(1854-1912), físico francés y
uno de los principales matemáticos del
siglo XIX, realizó importantes y originales
aportaciones a las ecuaciones diferenciales,
la probabilidad y a la teoría de las
funciones. Destacó por su desarrollo
de las llamadas funciones fuchsianas, y por
sus contribuciones a la mecánica analítica.
Sus estudios engloban investigaciones sobre
la teoría electromagnética de
la luz y sobre la electricidad, mecánica
de fluidos, transferencia de calor y termodinámica.
También se anticipó a la teoría
del caos.
Y todo parece indicar que, antes
de un año, de acuerdo con las normas
de la competición, habrá un ganador,
un matemático ruso, que habrá
solucionado su conjetura topológica,
la conjetura de Poincaré.
TOPOLOGÍA. Poincaré
inventó la Topología. La topología
se interesa por establecer una clasificación
apropiada de las superficies, por las propiedades
fundamentales de las estructuras y de los espacios.
Existe una cantidad infinita de superficies
distintas en el espacio. Ejemplos sencillos
son los planos, las superficies de las esferas,
de los elipsoides, de los toros, de los paraboloides,
los hiperboloides, etc. Para simplificar podemos
imaginarnos las superficies como delgadísima
láminas de goma totalmente flexibles,
contraíbles o extensibles, con posibilidad
de transformarse, siempre que no se pinchen
o rasguen. A los ojos de un especialista en
Topología, si una superficie puede ser
deformada continuamente en otra, entonces las
dos son "esencialmente iguales" ya
que sus propiedades topológicas no son
afectadas por la deformación. Los topólogos
utilizan la expresión superficies homeomorfas
para referirse a aquellas superficies que son
"esencialmente iguales". Así,
topológicamente, las superficies de dos
esferas con radios distintos son homeomorfas.
Para un topólogo es lo mismo una manzana,
un balón de fútbol, uno de rugby
o la superficie terrestre. Se dice que un topólogo
ve un donut y una taza de café como la
misma cosa, porque puede deformar cualquiera
de ellos hasta obtener una forma básica
común a ambos, que se llama toro.
Los topólogos están
particularmente interesados en las variedades,
o multiplicidad de formas. El objetivo de los
topólogos es identificar todas las variedades
posibles, incluyendo la forma del universo.
Un balón de fútbol,
por ejemplo, es una variedad de dimensión
2, una 2-esfera; lo podemos manipular como queramos,
dándole diferentes formas, pero sin romperlo,
y seguirá siendo una 2-esfera. El criterio
para comprobar si una variedad es una 2-esfera
es muy simple. Imagine el lector que coloca
una goma elástica tremendamente deformable
apoyada sobre la superficie del balón.
Si la goma se puede comprimir (sin salirse de
la superficie) hasta ocupar un solo punto, y
esto en cualquier parte de la superficie, el
balón es una 2-esfera y decimos que es
simplemente conexa.
El problema de clasificar las
variedades en el espacio usando como criterio
de clasificación el concepto de homeomorfismo
fue resuelto en el siglo XIX. Así, la
esfera es una variedad de dimensión 2
(cada trozo pequeño de la esfera es un
pequeño trozo de plano ligeramente deformado),
cerrada y simplemente conexa y se estableció
que toda variedad de dimensión 2, cerrada
y simplemente conexa es homeomorfa a la esfera.
Dicho de otro modo: sólo hay una variedad
de dimensión n=2, cerrada y simplemente
conexa, y se trata de la esfera.
Todas las variedades de dimensión
n=2 están inmersas en el espacio de dimensión
3. Por analogía, se definen otras variedades
de dimensión n estarían inmersas
en espacios de dimensión n+1.
CONJETURA. En 1904, Poincaré
(1854-1912) conjeturó que el resultado
obtenido para la esfera n=2 del espacio de dimensión
3 tenía un análogo para la esfera
n=3 del espacio de dimensión 4. En otras
palabras: en el espacio de dimensión
4, toda variedad de dimensión n=3, cerrada
y simplemente conexa, sería homeomorfa
a la esfera de dimensión n=3. Pero Poincaré
no consiguió probar su conjetura. Tampoco
ninguno de sus contemporáneos ni sucesores.
Con el tiempo, la conjetura de Poincaré
cobró interés hasta convertirse
en el problema abierto más notable de
la Topología Geométrica, con destacables
implicaciones para la Física. Más
aún, llegó a convertirse en uno
de los problemas abiertos más importantes
de la Matemática.
Para n=1 la conjetura es trivial
y para n=2 ya fue demostrada en el siglo XIX.
Para n=5, hubo de esperar hasta 1961, a que
lo hiciera Erik Christopher Zeeman. Ese mismo
año Stephen Smale lo consiguió
para n igual o mayor que 7 y, en 1962, John
R. Stallings para el caso n=6. Los casos n=3
y n=4 se resistían y hubo que esperar
a 1986 cuando, en lo que se consideró
una hazaña matemática del estadounidense
Michael Hartley Freedman, se consiguió
demostrar el caso n=4. Lo irónico es
que, resuelto con éxito para todas las
demás dimensiones, el caso original n=3,
planteado por Poincaré, se resistía,
hasta ahora, denodadamente a cualquier demostración
matemática.