Juan Antonio Rubio es un físico español
que, tras licenciarse en la Universidad Complutense
de Madrid y ser becado en la entonces denominada
Junta de Energía Nuclear (JEN), obtuvo
una beca para investigar en el Laboratorio Europeo
de Partículas, el CERN, que es la principal
institución mundial en el campo de la
Física de altas energías.
A su vuelta a España creó el
grupo de Física de Altas Energías,
desarrolló una gran actividad en la JEN
y en la Universidad, pero una retirada española
del CERN, que tuvo lugar por aquel entonces,
posiblemente terminó de decidirlo a volver
en 1987 al CERN. Allí ha llevado a cabo
una brillante carrera científica, siendo
en los últimos cuatro años asesor
científico del gran investigador Carlo
Rubbia, Premio Nobel de Física y director
general de esa Institución hasta su retiro,
que tuvo lugar hace muy pocos meses.
EL RUBBIATRON. Hace seis meses, Carlo
Rubbia, Juan Antonio Rubio, los ilustres físicos
franceses Robert Klapisch, Pierre Mandrillon,
Jean Pierre Revol y Christian Roche, así
como el italiano Federico Carminati, anunciaron
públicamente en París el desarrollo
conceptual de un nuevo proceso revolucionario
para producir energía mediante un reactor
nuclear de fisión "intrínsecamente
seguro, más limpio y no proliferador
de residuos incontrolados", tal como expusieron
mediante una simulación realizada por
ordenador. Este llamado amplificador de energía
fue rebautizado por algunos medios de comunicación
como el Rubbiatron. ¿Cuáles son
sus características?.
En principio trataría de fusionar o romper
núcleos de átomos de uranio, es
decir, exactamente lo mismo que hacen los actuales
reactores nucleares, pero con una gran y fundamental
diferencia: el uso del isótopo uranio-233
(que posee 141 neutrones) en lugar del isótopo
uranio-235 (con 143 neutrones). Éste
último es el combustible común
de las presentes centrales nucleares, cuya producción
de energía aproximadamente representa
un 6% del total, ya que la energía mayoritaria,
un 85%, procede de las reservas fósiles
de petróleo, carbón y gas, de
carácter limitado y cuyo uso tan notoriamente
está intensificando el conocido efecto
invernadero, que lentamente va calentando nuestro
planeta.
LAS VENTAJAS. Las ventajas del uranio-233
como material nuclear son múltiples.
No es fisionable por sí mismo sino tan
solo con el suministro de neutrones energéticos,
y bastaría cortar al suministro, cosa
fácil, para que se detuviese inmediatamente
la fisión y radicalmente impidiese la
reacción en cadena, característica
de la fisión nuclear usual. Así
se asegura que el proceso nunca pueda quedar
fuera de control. Una segunda ventaja, también
relacionada con la seguridad, es lo que ocurriría
en caso de un exceso de aporte de neutrones.
El uranio-233 se convertiría en el isótopo
uranio-234, que no es fisionable, no sirve para
la reacción, lo que significaría
la existencia de una especie de regulación
automática del sistema. Efectivamente,
ya que si bien ese mayor flujo neutrónico
produce, en principio, un incremento en la cantidad
de uranio-233, inmediatamente el exceso se transformaría
en uranio-234. Por tanto, la cantidad de material
fisionable, el uranio-233, siempre sería
constante y homogénea en el reactor,
sin problemas locales de calentamiento. Ello
significa que el reactor siempre estaría
en fase subcrítica, por debajo del límite
en el que las reacciones de fisión pueden
descontrolarse y dispararse, tal como desgraciadamente
ocurrió en los conocidos accidentes de
la comarca de la isla de las tres Millas y en
Chernobyl. Con el Rubbiatron ello sería
imposible.
Otra ventaja diferente es que los desechos
radiactivos producidos serían más
limpios que los de los reactores nucleares actuales,
que es bien sabido que consisten básicamente
en isótopos de plutonio, cuyos periodos
de semidesintegración superan los veinte
mil años, acumulándose actualmente
en del mundo más de mil toneladas de
este peligroso, radiactivo, tóxico y
casi eterno material. Por el contrario, los
residuos del uranio-233 consisten en isótopos
de menor peligrosidad y con periodos de semidesintegración
siempre inferiores a los cien años. Una
última ventaja es que la instalación
precisa es de gran tamaño, con la necesaria
incorporación de un acelerador de partículas,
lo que hace que sea inviable el construir con
esta tecnología una bomba atómica
con fines militares.
INCONVENIENTES. No todo puede ser maravilloso.
El uranio-233 presenta un par de problemas previos
de cierta entidad. En primer lugar, no existe
como tal en la naturaleza: ha de ser producido.
Por otra parte, es muy poco fisionable y los
neutrones producidos por su fisión no
son capaces por sí mismos de mantener
la reacción en marcha. Ello es lo contrario
de lo que ocurre en los reactores nucleares
clásicos en los que, por la gran facilidad
de fisión existente, hay que situar barras
frenadoras absorbedoras de neutrones, para evitar
la iniciación de una reactivación
en cadena. Para Rubbia y sus colaboradores ambos
problemas tienen una solución común,
consistente en montar un ciclotrón (un
acelerador de partículas) previamente
adosado al reactor.
En el ciclotrón se acelerarían
protones, hasta una energía en torno
a 1 GeV, de manera que al incidir el haz energético
de protones sobre un blanco denso se originase
una cascada de neutrones, de energía
moderable con un medio acuoso. Los neutrones,
al bombardear núcleos de torio-232, materia
prima bastante abundante, harían que
se produjese inmediatamente protoactinio-233,
que se desintegraría hasta el uranio-233
en un periodo de 27 días. Con ello, ya
se tendría producido el uranio-233, que
activado por los restantes neutrones sufriría
la fisión, con la correspondiente liberación
de energía aprovechable.
En cuanto al rendimiento energético,
de un montante total de unos 200 MeV por cada
fisión, habría que descontar el
costo energético previo de la aceleración
de partículas y los factores de eficiencia
y de conversión en energía eléctrica,
lo que haría que la ganancia final se
situase entre 10 y 20 MeV por cada fisión.
Trasladado al total de una instalación
tipo, ello significaría la producción
de unos cien megawatios eléctricos por
planta, una cifra bastante inferior a la asociada
a una instalación nuclear convencional
actual. En el Rubbiatron se estima que la concentración
de uranio-233 existente, como consecuencia del
balance entre su producción a partir
de torio y su fisión, se mantendría
en torno al 1% de la del torio, una vez obtenida
la fase estacionaria. A esta fase se llega cuando
los neutrones producen la misma cantidad de
uranio-233 que la que se consume en la fisión,
con independencia de cual sea la intensidad
del flujo de neutrones.
Lo que por ahora es quizá tan solo una
bella idea tiene la ventaja de que podría
abordarse con las tecnologías actualmente
existentes, sin tener que esperar a nuevos desarrollos.
¿Será ello posible?. La verificación
de las posibilidades dependerá mucho
de las pruebas que Rubbia y su equipo de colaboradores,
entre ellos el español Rubio, están
intentando realizar, usando diversos aceleradores
de particulares europeos, a fin de comprobar
la realidad de sus cálculos respecto
a la ganancia energética esperada. Si
todo va bien, los estudios previos durarían
unos 5 años y, a partir de entonces,
se abriría una nueva época en
la que la Humanidad no tendría frente
a sí la amenaza de un agotamiento rápido
de las reservas energéticas, reduciéndose,
simultáneamente, los aspectos nocivos
que ejercen los combustibles fósiles
sobre el medio ambiente y el efecto invernadero.