Un embargo sobre los alimentos impuesto por
los alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial
en la zona occidental de Holanda condujo a multitud
de sufrimientos y a la muerte por hambre de
más de 30.000 personas. El análisis
médico de los supervivientes, a través
de varias generaciones, ha conducido a revelaciones
muy interesantes como es la de que, 60 años
después, los nietos y bisnietos de aquellos
supervivientes, al nacer, sigan presentando
pesos inferiores al de los niños controles
normales.
En un artículo, publicado en esta misma
Sección hace cinco años (consúltese
en el canal Ciencia y Salud de la versión
electrónica de La verdad el artículo
"¿SOMOS LO QUÉ COMIMOS?")
ya nos hacíamos eco de alguna posible
influencia de la alimentación materna
previa al nacimiento sobre la salud del futuro
recién nacido.
LAMARCK. La heredabilidad de los caracteres
adquiridos fue la base de la teoría del
lamarckismo. El científico francés
Jean Baptiste de Lamarck nació en 1744.
Su teoría de la evolución, expuesta
en el libro "Filosofía Zoológica"
(1809) afirmaba que los órganos se adquieren
o se pierden como consecuencia del uso o desuso
y que los caracteres adquiridos por un ser vivo
son heredados por sus descendientes. Por ejemplo,
un herbívoro que estire el cuello para
alcanzar las ramas altas, lograría el
alargamiento del cuello, y tras varias generaciones
se transmitiría esta característica
a sus descendientes, dando origen a las jirafas.
Pero, desde las aportaciones de Darwin, en
las que el principio que rige la evolución
es la Selección Natural, que se basa
en la supervivencia del más apto, el
lamarckismo quedó desacreditado y Lamarck
perdió su prestigio y su posición
científica, aparte de que nunca expuso
con claridad ni razonó de forma coherente
sus argumentos y de que utilizaba un lenguaje
presuntuoso y grandilocuente, ganándose
la enemistad de importantes adversarios. Lamarck
murió, en 1829, a los 85 años,
solo, ciego y empobrecido.
El descrédito del lamarckismo arrastró
consigo, injustamente, al resto de su obra,
ya que, entre otras aportaciones valiosas, había
escrito el excelente libro "Flora de Francia"
en el que comenzó a aplicar claves dicotómicas
en la clasificación de las especies;
fue el primer científico en utilizar
el término de biología para referirse
a las ciencias de la vida y el que acuñó
la palabra invertebrados; y escribió
una impresionante "Historia natural de
los animales invertebrados" (1815-1822),
en siete tomos, muy avanzada para su época.
Y, ahora, debidamente matizada, se abre paso
la idea de que es posible heredar algún
tipo de caracteres adquiridos, lo que se conoce
con el nombre de información epigenética,
es decir, variaciones en la información
celular que se transmite de una generación
a otra sin que ocurra un cambio en la secuencia
fundamental de bases del ADN. Por ejemplo, en
roedores aguti (con una mutación que
afecta a su pigmentación) se ha demostrado
que los cambios en la dieta pueden alterar profundamente
la herencia de sus características fenotípicas
(aspecto, etc.) sin que ello signifique ningún
cambio genético, es decir en la secuencia
de bases del ADN, sino tan solo en la susceptibilidad
de metilación de tales bases.
EPIGENÉTICA. El principal mecanismo
epigenético es de la metilación
o transferencia de grupos metilos a algunas
de las bases citosinas (C) del ADN que están
situadas previa y contiguamente a una guanina
(G). Ello juega un papel importante en la regulación
de la expresión o, mejor, del silenciamiento
de los genes, ya que es bien sabido que aunque
todos los genes están presentes en las
células de un determinado tejido, sin
embargo solo una pequeña proporción
de ellos se expresan y el resto están
silentes. La metilación favorece el silenciamiento
y ello juega un papel importante en el desarrollo
normal de órganos, tejidos e individuos.
Así, en experiencias con ratones, se
ha comprobado que si se suprime su capacidad
de metilación de citosinas mueren antes
de nacer.
En el ejemplo de los ratones agouti antes citados,
partiendo de un material genético (con
una determinada secuencia de bases del ADN),
diferentes nutriciones maternas han afectado
el grado de metilación del gen agouti
y ello hace que sus descendientes, aunque tengan
la misma secuencia básica genética,
posean fenotipos variables, debidos a las diferencias
en la metilaciones, lo que se expresa, en este
caso, por sus diferencias de color.
Otro mecanismo epigenético es el de
la impronta genética. Cada gen de nuestro
genoma suele estar duplicado, siendo uno de
ellos de origen materno y el otro paterno. Su
grado respectivo de expresión o silenciamiento
depende también de metilaciones diferenciales
que se pueden reprogramar en las líneas
germinales.
Aún menos conocida es la herencia epigenética
relacionada con las modificaciones de histonas
(proteínas que participan en el mantenimiento
estructural del genoma) que incluyen no solo
metilaciones sino otras transformaciones como
acetilaciones y fosforilaciones.
EPIGENOMA. A lo largo de una extensísima
cadena secuencial de las bases del ADN se van
sucediendo las bases C (citosina) metilables.
Pero no todas ellas lo son, tanto cualitativa
como cuantitativamente, por lo que, recientemente,
nació una iniciativa de colaboración
pública y privada internacional, el Proyecto
Epigenoma Humano con el fin de investigar los
patrones de metilación de nuestros genes
en los diferentes tejidos y órganos corporales.
Ello está comenzando a conducir a la
elaboración de los correspondientes mapas
de las Posiciones Variables de Metilación.
En todo caso, un hecho que se está revelando
como muy importante es el de la estrecha relación
entre cambios epigenéticos con patrones
anormales de metilación y enfermedades,
incluyendo el cáncer. Así ocurre
en el caso del síndrome ICF, en el que
se dan alteraciones inmunológicas, inestabilidad
cromosómica y anomalías faciales),
así como en diversos síndromes
como los de Rett, Angelman, Prader-Willi o Beckwith-Wiedemann.
La relación entre patrones anormales
de metilación y cáncer se hizo
evidente al encontrarse hace pocos años
que la hipometilación conduce a la activación
de oncogenes mientras que la hiepermetilación
anula la acción protectora de los genes
supresores de tumores.
Estamos en el inicio de la Epigenética
pero los conocimientos que estamos logrando,
aunque todavía escasos, ya se están
empezando a aplicar con la aprobación
hace unos meses del primer medicamento destinado
a corregir una alteración epigenética
negativa. Se trata de la azacitidina, para el
tratamiento del síndrome mielodisplásico
óseo, consiguiendo que se expresen genes
que se habían silenciado debido a una
excesiva metilación.