EL EFECTO MOZART
27-05-2001
Transcurridos más de 200
años de la muerte del genial músico
se descubrió, rodeado de polémica,
el que se ha bautizado como "efecto Mozart",
divulgado tras los sorprendentes resultados
expuestos, por la psicóloga de la Universidad
de Wisconsin, Frances Rauscher y el neurobiólogo
Gordon Shaw, en 1993, en la revista Nature,
respecto al efecto sobre el cerebro de la audición
de la sonata para dos pianos en re mayor, K448,
de Mozart. Ahora, hay más novedades al
respecto.
Albert Einstein, que aparte de
extraordinario científico era un experto
mozartiano, había señalado que:
"la sonata K448 es una de las más
profundas y maduras de todas las composiciones
escritas por el compositor". Según
parece, acostumbraba a escucharla en sus momentos
más creativos. El efecto se refiere a
que grupos de estudiantes, después de
haber escuchado durante 10 minutos la sonata,
mejoraron temporalmente su razonamiento espacio
temporal, en cuantías de 8 ó 9
puntos, medidos mediante pruebas objetivas de
coeficientes intelectuales.
CEREBRO. Entonces, ¿la
audición de esa sonata u otras posibles
piezas musicales, mejoran los coeficientes intelectuales
de los escuchantes, o al menos, algunas de sus
actividades cerebrales?. La discusión
no es baladí ya que interesa a uno de
los debates más interesantes de la neurociencia
contemporánea: el de la plasticidad cerebral.
Las dos posturas extremas estarían representadas
por los seleccionistas y los constructivistas.
Los primeros sostienen que nuestro genoma determina
las conexiones cerebrales y, por tanto, esencialmente,
la capacidad intelectual del individuo está
determinada desde el nacimiento. Los constructivistas
sostienen que la actividad neuronal, tanto intelectual
como motora, modula el desarrollo del cerebro
sin un determinismo a priori. Para los primeros
el medio ambiente ejerce su influencia en la
ontogenia de la especie; para los segundos,
en la filogenia. Posiblemente, el punto de equilibrio,
y la razón, se encuentre en lo expuesto
por Cajal en 1894: "el órgano del
pensamiento es, dentro de ciertos límites,
maleable y puede ser perfeccionado... por una
bien estructurada gimnasia mental".
Dos años después
de su primera Investigación Rauscher
y Shaw extendían sus hallazgos con investigaciones
con 79 jóvenes que deberían averiguar
la forma que tendrían unos pedazos de
papel tras doblarlos y cortarlos de cierto modo.
Tras obtener las respuestas, se dividieron en
tres grupos, a los que se ofrecía, respectivamente,
la sonata K448 de Mozart, una composición
minimalista de Philip Glass, o silencio. Tras
ello, se repetía la prueba. Los resultados
mostraron que el grupo que había escuchado
a Mozart acertaba un 62% más que la vez
anterior, mientras que la mejora de los otros
dos grupos se situaba en solo un 10%.
El interés suscitado por
estos hallazgos hizo que apareciesen numerosas
iniciativas, sobre todo en Estados Unidos. En
el Estado de Georgia, se les entrega a todas
las nuevas madres una casete de música
clásica. Lo mismo sucede en Dakota del
Sur, Texas, y Tennessee. Otro regalo semejante,
a todas las madres, hace la Academia Nacional
Americana de las Artes y Ciencias. Y una reciente
ley de Florida obliga que todos los niños
con edades inferiores a cinco años escuchen
en sus colegios 30 minutos diarios de música
clásica.
De un modo paralelo y rápido
también se ha desarrollado la conocida
como Terapia Musical para el tratamiento de
diversas enfermedades. Al último 9.º
Congreso mundial de Terapia Musical asistieron
más de 2500 participantes procedentes
de 44 países del mundo.
CRÍTICAS. El médico
francés Alfred Tomatis, que ha dedicado
más de 50 años de su vida al estudio
de los efectos fisiológicos del sonido
fue quien usó por primera vez, en los
50, el término efecto Mozart que fue
patentado poco después por Don Campbell
un controvertido escritor-psicólogo-terapeuta-educador
musical. Con ese título, "Efecto
Mozart", en 1997, escribió un libro,
pronto convertido en gran éxito de ventas,
con millones de ejemplares vendidos, traducido
a 14 idiomas, además de 8 CD anexos,
5 para niños, 2 para bebés y 1
para el feto, antes de nacer. En muchas tiendas
musicales se abrieron secciones especiales dedicadas
a las ediciones específicas que varias
compañías discográficas
han realizado de composiciones a las que se
les pretende adjudicar un cierto efecto Mozart.
Lo cierto es que Campbell y lo que le rodea
constituye, desde hace unos años, un
verdadero imperio financiero muy rentable económicamente.
Mientras tanto, bastantes investigadores
han mostrado su escepticismo respecto a la naturaleza
y magnitud del efecto Mozart. Varios estudios
de Iwaki y Larkin, publicados entre 1995 y 1999
sugieren que cualquier mejora temporal se debe
más a un cambio de ánimo que a
un aumento de actividad cerebral por la audición
musical. Y, otros investigadores, como Steele
y Newman, no fueron capaces de repetir los resultados
positivos de Rauscher. Y, lo más significativo,
fue el estudio realizado por Christopher Chabris,
de la Harvard Medical School, publicado en 1999
en la revista Nature. Tras analizar 16 investigaciones
previas concluía con la aseveración
general de la inexistencia de mejoras estadísticamente
significativas en los coeficientes intelectuales
de los oyentes, concluyendo que "escuchar
la música clásica es bueno para
los niños, pero no porque los vayan a
hacer más inteligentes".
NOVEDADES. En uno de los
últimos números de la revista
Journal of the Royal Society of Medicine el
Dr. J. S. Jenkins ha realizado una excelente
recapitulación respecto al efecto Mozart.
El efecto Mozart existe, pero hay que delimitarlo
y estudiarlo con más profundidad. He
aquí algunos hechos recientes:
1. Usando ratas como animales
de experimentación, tras escuchar la
sonata K448, salieron más rápidamente
de un laberinto que las expuestas a silencio
o música minimalista; 2. En cuanto a
niños, tras 6 meses de clases de piano
y aprender a tocar melodías simples (incluyendo
a Mozart), mostraron mejores resultados en las
pruebas espacio-temporales que otros niños
que dedicaron el mismo tiempo a los ordenadores;
3. No es la música de Mozart la única
en producir esos efectos favorables. Algunas
melodías contemporáneas también
lo hacen, como ciertas composiciones del músico
griego-americano Yanni, cuya música "new
age", analizada informáticamente,
ha mostrado poseer una estructura similar a
la de Mozart; 4. Las técnicas tomográficas
y otras han mostrado que el cerebro humano utiliza
diversas zonas para procesar la música.
El ritmo y el tono tienden a procesarse en el
lado izquierdo; el timbre y la melodía
en el derecho. Las zonas que corresponden a
tareas espacio-temporales se superponen a las
musicales, por lo que el profesor Jenkins afirma
que "la audición musical podría
estimular la activación de las zonas
cerebrales relacionadas con el razonamiento
espacial"; 5. El principal y más
claro efecto Mozart, con la sonata K448, es
el de sus excelentes resultados al hacer disminuir
la actividad epileptiforme en un gran número
de pacientes con diversos grados de gravedad
de episodios epilépticos; 6. ¿Cuál
es el componente mágico del efecto Mozart?.
Los potentes análisis realizados informáticamente
sobre la naturaleza de la música de varios
compositores han mostrado que las que poseen
propiedades sobre el razonamiento espacial o
la epilepsia, como la de Mozart y Bach, tienen
una "periodicidad de largo plazo",
que no presenta el resto de música sin
efecto Mozart. La periodicidad consiste en formas
de ondas que se repiten regularmente, pero espaciadas.
En resumen. Hace falta profundizar
científicamente más en las relaciones
entre música y actividades cerebrales.
Mientras tanto deleitémonos con la de
Mozart y aconsejemos que hagan lo mismo nuestros
futuros arquitectos, matemáticos, pilotos,
controladores aéreos, jugadores de ajedrez,
etcétera, cuyas habilidades espacio-temporales
son esenciales.