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Son dos municipios colindantes
y constituyen las dos caras del secano. Los almendros de Fuente
Álamo sólo pueden regarse con agua de lluvia y
la producción bajará este año un 60%. La
almendra de California, donde se riega por goteo gracias a que
existe un banco de agua estatal para tiempos de penuria, es la
gran beneficiada: la industria turronera ya está echando
mano de ella. Mazarrón es el buque insignia de la exportación
hortofrutícola murciana. Los tomates de los invernaderos
llegan al consumidor europeo con regularidad. Paradójicamente,
este municipio se parece mucho a un desierto. La escasez aguza
el ingenio y una desaladora, que se ha quedado pequeña,
proporciona agua cara pero que convenientemente administrada
y con tecnología puntera, sólo comparable a la
israelí, hace rentable las plantaciones. |
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En teoría, los cultivos de tomate más punteros
de Mazarrón podrían cultivarse sobre el asfalto
recalentado de la Gran Vía de Murcia. No les hace falta
suelo. Todo es alta tecnología: el sustrato sobre el que
se plantan las raíces es fibra de coco importada de Sri
Lanka, el riego por goteo está minuciosamente controlado
por ordenador al segundo, el anhídrido carbónico
necesario para la fotosíntesis lo proporcionan grandes
vaporizadores, el abono y los productos fitosanitarios los administra
un cerebro electrónico en función de las necesidades
de la planta y una escuadrilla de abejorros de laboratorio poliniza
la flor del tomate en los invernaderos. El agua es abundante,
inagotable: la proporciona el mar.
Cristóbal Llamas es el
especialista en cultivos hidropónicos ­así
se llaman los que prescinden de la tierra y se sirven de la mencionada
fibra de coco, de lana de roca, de arena y hasta de agua­
del Grupo Paloma, uno de los gigantes de la exportación
regional.
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El cultivo hidropónico, del
que los países tan necesitados de aprovechar al máximo
sus escasísimos recursos hídricos como Israel son
pioneros, tiene varias ventajas: no se agota el suelo por el
expeditivo método de no utilizarlo, las enfermedades y
plagas son más controlables y el agua se drena y se vuelve
a utilizar, con el consiguiente ahorro no sólo en el riego,
sino también en fertilizantes o fungicidas, que se administran
a la planta ya disueltos y en cantidades medidas con tanta exactitud
como un medicamento recetado por el doctor. |
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El
embalse del Cenajo en mayo de 2000 al 17,5 % de su capacidad |
«Un metro cuadrado de cultivo
hidropónico puede producir más de 30 kilos de tomate,
mientras que en el suelo es raro que se vaya por encima de los
24. A la antigua usanza, como es el caso del tomate de Muchamiel,
la variedad más cara en el mercado, se producen sólo
tres o cuatro kilos», explica Llamas.
Alguien debería pensar
en ponerle nombre a los kilómetros de calles asfaltadas,
todas idénticas, que compartimentan el enrevesado laberinto
de plástico en que se han convertido los invernaderos
de Mazarrón. Imposible no extraviarse. Un ordenador central
controla la vida vegetal y tiene en cuenta hasta las radiaciones
lumínicas, medidas en watios por metro cuadrado. La enfermedad
del colapso de los tomates, que está haciendo estragos
en la zona marchitando plantaciones enteras en 24 horas para
pasmo de los científicos, apenas ha afectado al hidropónico.
Por algo será. |