Especial '35 Años de La Verdad Albacete - 27/5/2008' - laverdad.es

La pareja Dámaso y Rojas definieron la Feria otra vez
El primer espada cortó ocho orejas y un rabo en la Feria de 1973, mientras que su compañero fue herido gravemente. Se presentó como novillero, Sebastián Cortés y triunfó Juanito Martínez



SÁNCHEZ ROBLES ALBACETE

La historia taurina de Albacete está unida con singular fuerza al devenir y a los aconteceres de la sociedad y la cultura. La plasmación máxima de lo que ocurre en el panorama taurino provincial tiene un cauce generacional muy considerable y una concreción absoluta: la Feria de septiembre y su organización.

Antecedentes

Buscando antecedentes que marcan las décadas y favorecen una explicación rigurosa, nos centramos en primer lugar en el año 1953, en el que la plaza de Albacete recupera la figura del empresario profesional tras aventuras con diverso resultado de albacetenses que siguiendo la tradición inicial del coso taurino se erigen en gestores taurinos, en un autogestión, con más problemas que soluciones.

La experiencia dice que Albacete necesitaba un profesional de la empresa taurina, que encuentra en este año de referencia en Pablo Martínez Elizondo, creador de la Casa Chopera, de indudable vinculación en muchas etapas con diversas familias con Albacete. La perspectiva del tiempo, el análisis de lo ocurre año a año trascenderá en múltiples perfiles que explican lo que es la historia. Si no se puede entender el gótico sin el románico en el conjunto de las artes, tampoco se puede analizar con precisión lo que sucede en un año concreto y sus posteriores etapas. La historia debe entenderse de esa manera.

Metidos en la harina taurina, Chopera organizó el abono con dos corridas y dos novilladas en el año 1953. ¡Quien lo diría! La base de los carteles fue netamente albacetense, con Pedrés y Montero y la prometedora ascensión de Chicuelo II, base de los dos festejos con los del castoreño. Diez años más tarde, con Jumillano como empresario, Pedrés sigue siendo la base de los carteles, en una de ellas acompañado por Pepe Gómez Cabañero y un novillero gitano, Manolo Amador emergía con fuerza, produciéndose ese año, en 1963 la presentación como matador de toros en la plaza albacetense de Manuel Benítez, El Cordobés.

La Feria taurina va adoptando la conformación propia de la segunda mitad del siglo en lo que se refiere a la composición de las combinaciones, existiendo una mayor variedad de nombres, de toreros y ganaderos, lejos del acaparamiento de las grandes figuras que se producía en las primeras décadas del siglo. Así llegamos a 1973, fecha del inicio de la actividad periodística en Albacete de La verdad y año en el que una empresa compuesta por Miranda Dávalos-Jiménez Blanco terminaba su gestión, la que había dado a Albacete la categoría del inicio de una gran Feria taurina, de las mejores de España.

Y es que la honradez, la capacidad de visión de futuro de estos empresarios, el bien hacer en la gestión había dado sus frutos tras una etapa de progreso del abono taurino albacetense. Estos empresarios habían conseguido aumentar la cantidad y calidad de los festejos programados, pues aquellas dos corridas de toros organizadas veinte años antes por Chopera habían pasado a ocho festejos ininterrumpidos. Albacete vivía ya su esplendor con una combinación que ha sido y debe seguir siendo leit motiv de la actuación empresarial: combinar las grandes figuras de la época, con un protagonismo amplio de los mejores profesionales del toreo en Albacete, que siempre han sido muchos en mayor o menor medida.

Clave

Era la clave que utilizaron Miranda y Jiménez Blanco para el éxito. Aquella Feria taurina de 1973 basó sus carteles en Ruiz Miguel, Antonio José Galán, Diego Puerta, Santiago López, Luis Miguel Dominguín, Curro Romero, José María Manzanares, José Fuentes y Paquirri en acertada, diría yo muy acertada combinación con maestros albacetenses de la talla de Gómez Cabañero que reaparecía, Dámaso González, Antonio Rojas, toreros que hicieron doblete en el abono midiéndose a las estrellas taurinas del momento. Su actuación combinó la gloria y el drama, pues Dámaso cortó en sus dos actuaciones ocho orejas y un rabo y Rojas fue herido gravemente Y también campo abierto para la esperanza novilleril que ese año estaba representada por Julio González, hermano de Dámaso, Juanito Martínez, torero de excepcional clase, al que la crítica denominaba como ‘el juvenil espada’ junto al ‘mimbre calé’, que no era otro que Sebastián Cortés, sobrino de Manuel Amador, quien cogió el testigo de la raza gitana torera de Albacete.

El nudo de las generaciones de toreros seguía extendiéndose con estos nombres y estos hombres, cuyas gestas eran contadas y cantadas en las páginas de La verdad de Albacete volcada desde su inicio con la información taurina, al entender con acierto indudable que la variedad de la información no podía obviar uno de los elementos de primer orden en el sentir y el vivir de Albacete como es el mundo del toreo.

La verdad de Albacete iniciaba su etapa en nuestra provincia con el cierre del ciclo de una empresa inolvidable y el nuevo horizonte representado por toreros grandiosos de larga y fecunda historia hasta nuestros días y el de una empresa nueva, pues como se recoge en la información y análisis del decano de la prensa diaria albacetense.

En 1974 nada más y nada menos que Camará se hacía cargo de la gestión de la plaza de toros de Albacete junto a un nombre para la historia del toreo, Pedrés, ahora en la faceta empresarial de su tierra. Y de ahí hasta ahora, todo lo pasó tuvo su trascendencia en estas páginas con el mismo planteamiento periodístico de cualquier otra actividad que ocurriera en Albacete.

No es extraño, entonces, que La verdad de Albacete tenga tanta trascendencia en Albacete, también en la llamada Fiesta brava. Un acierto que luego otros siguieron en el panorama local.

El progreso de La Verdad

Una felicitación por delante para La verdad de Albacete en fecha tan conmemorativa. Gracias al decano de la prensa diaria de Albacete, pues ha hecho una historia ejemplar del día a día del acontecer de nuestra tierra en todos los puntos cardinales de este Albacete que ha progresado tanto y en el que La verdad ha tenido una función definitiva. Creo que no se puede entender la historia de Albacete sin nuestra querida verdad, sin este periódico, tan bien hecho, tan bien diseñado, tan cercano a la realidad de nuestros hombres y mujeres a los miles de acontecimientos que ha sabido con la puntualidad exquisita del momento plasmar en sus páginas. Hay mucho, yo diría que todo, del sentir y del vivir de Albacete y sus gentes en La verdad, que es cierto y nos orgullecemos hace honor a su nombre.

Si hablamos de progreso, tenemos obligatoriamente que referirnos a La verdad de Albacete. Desde aquel inmenso periódico en tamaño y profundidad periodística de hace 35 años se ha pasado utilizando las más modernas tecnologías al diario ameno, crítico, preciso y abierto a todas las tendencias e ideas actual. Es mérito de muchos y buenos profesionales, de directores, periodistas, colaboradores, de grupos empresariales que han colocado con su trabajo difícil y complicado a este periódico en la vanguardia local y regional. Han sabido estos profesionales abrir sus páginas a la libertad, a la democracia en tiempos incluso en los que se pretendía vanamente domesticar la libertad de expresión, información y crítica. Allí estaba La verdad presentando la batalla del progreso e incluso ganándola. Han sabido estos profesionales responder a lo que un ciudadano quiere, es decir una buena información, bien escrita, claramente expuesta, excelentemente presentada y ágilmente comentada. Lograron, logran cada día explicar con acierto lo que sucede, nos guste o no en algunas ocasiones para que los ciudadanos nos hagamos nuestra composición de lugar y lo han realizado olvidando lo que a veces el tiempo y otros aspectos sin que fueran dogmas, pues la experiencia me dice que la noticia y la opinión tienen más de un ángulo.

Pienso en el silencio del campo, paseando por los caminos de la sierra de Alcaraz, en mi casa tan cerca de la Naturaleza que en la profesión del Periodismo como en la crianza del toro bravo, una de mis pasiones, hay mucho de romántico. La comparación no se hace esperar, pues en treinta y cinco años de ganadero, en el mismo tiempo de periodismo hay mucho de alegrías y tristezas, de noches y días, de lluvia y sequía, de trigo, de tierra en fin, de sueños cumplidos, de ética y estética. Los profesionales de La verdad de Albacete, como todos los periodistas, lo saben bien, lo han heredado de generaciones anteriores de periodistas, desde Ferrando, Sánchez de la Rosa, Faustino López, José Antonio Domingo y ahora José Fidel López, que han sabido crear un equipo de periodismo de primer nivel, en el que también como no se podía esperar menos han hecho una apuesta muy clara por el mundo de los toros, tan enraizado en nuestra cultura. No podía olvidarme de este subrayado, de este apartado, en el que también son referencia.

Y para terminar mi gratitud por permitirme esta presencia en tan señalado aniversario y el deseo de que la verdad siga siendo fiel a su tradición de periódico de referencia, de cercanía a la gente, de apoyo a Albacete, a Castilla-la Mancha a través de la información y la crítica en el mismo cauce de respeto a una tierra ya una deontología profesional que tanta falta hace en los tiempos que corren y los que vendrán. El progreso de La verdad es el progreso de Albacete.

SAMUEL FLORES, ganadero


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