El oficio de los Rosa se basa en los telares. Ellos tienen
tres, pero según contaba Eustaquio, el problema es
que este tipo de maquinaria «no se encuentra en la
tienda de enfrente». Cuando una pieza se rompe recurren
al carpintero del pueblo, que «toda la vida le ha
estado trabajando a mis padres, a mis abuelos, a mis tíos»,
recordaba, y que es el encargado de reponerlas.
La dificultad para encontrar telares que se ajusten a lo
que ellos hacen impide, además, que estos artesanos
de Casas de Lázaro puedan dar más cursos de
formación y transmitir su saber, a pesar de que les
consta que hay«muchas personas interesadas en ello,
por ejemplo en la Universidad Popular».