Además de todas estas pequeñas anécdotas los recepcionistas, camareros y directores de los hoteles conocen multitud de historias inconfesables que no se pueden ni comentar y otras de las que se puede decir el pecado, pero no el pecador. «En el Gran Hotel -nos comenta Pepe Sánchez- llego una vez un personaje de la televisión y venía muy mal, muy mal, con una tajada impresionante, no podía ni abrir el ascensor y me pidió que lo acompañara a la habitación, porque no sabía ir. Al llegar a la puerta casi no pude ni abrir, me empujó y cayó sobre la cama vestido y allí se quedó».
Por El Parador va un actor muy famoso, que está muy sordo, por lo que siempre pide una habitación alejada del resto, para poder oír la tele sin molestar al resto de clientes, siempre procuran dejarle una que al menos tenga vacías las dos contiguas.
Otra de las actrices que suele hospedarse aquí, solamente sale de su habitación para ir a la función y vuelve inmediatamente y pasa toda su estancia con la habitación a oscuras, sin que entre la luz del día. Cuando pide algo siempre abre a oscuras. En El Parador piensan que es para que no se la vea sin arreglar y un poquito menos guapa de lo que sale en televisión.
En el Hotel Los Llanos hubo una cantante, que ya no está en activo, algo caprichosa, como asegura el jefe de recepción Salvador Sánchez. «Hubo una cantante que vino a desayunar a las seis de la mañana y abríamos a las siete y media. Le hicimos el favor de abrirle el comedor para ella sola, porque lógicamente estaba cerrado. Cuando le trajeron el desayuno, encima se quejó de que los cruasanes no estaban bien hechos o algo por el estilo. Ella se enfadó, pero el camarero aún más. Fue hace muchos años».
Borracheras inconfesables, gente que a su paso por Albacete sin su pareja, encuentra una nueva aunque sólo sea para una noche, vicios caros y caprichos de diva
de todo hay en este mundillo del espectáculo, aunque en honor a la verdad, tengo que confesarles que si algo destacan en los hoteles de la mayor parte de los famosos, es su normalidad.