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El ‘reestreno’ de San Juan
DE GALA. En la Feria de 1946 se inauguraron las obras que ampliaron y dieron su aspecto actual a la Catedral
La Feria de 1946 comenzó con un destacado protagonismo religioso. El día 7 de septiembre la Cabalgata fue especial, ya que la imagen de la Virgen de los Llanos se llevó en solemne procesión al Ferial, donde se le colocó la Medalla de Oro de la ciudad, para volver luego a la Iglesia de San Juan Bautista (aún no era Catedral), donde se inauguraron las obras que se habían realizado en el templo. También se entregó el título de hijo predilecto de la ciudad al párroco de San Juan y arcipreste Francisco Gálvez Gómez.

La Medalla de Oro fue costeada por suscripción popular, y se impuso a la imagen en el templete, donde se colocó la Virgen al término de la procesión en la que participaron todas las autoridades locales y una nutrida representación de la sociedad albacetense. Se la colocó el alcalde accidental, Francisco Ponce.

Luego, de nuevo en procesión, se volvió hasta el templo de San Juan, donde se colocó la imagen de la Patrona de cara al pueblo y se cantó su himno. La emoción era tanta, cuentan los cronistas de la época, que se rompieron los cordones policiales y la gente entró en masa a la iglesia, llevando la imagen y colocándola en el altar mayor. Se realizó la bendición y se cantó una salve a la Virgen. Las campanas no repicaron porque las anteriores se habían perdido y las nuevas no se adquirieron hasta 1947, un año más tarde. La celebración se cerró con una serenata y una traca.

Estas ceremonias fueron presididas por el obispo de Cartagena, Miguel de los Santos Díaz y Gómara; la diócesis propia de Albacete y su primer obispo, Arturo Tabera, no llegarían hasta cuatro años más tarde, en 1950.

Cinco capillas

La ampliación llevada a cabo en el templo, según publicó el diario Albacete en aquellos días, aumentó en cinco capillas: las de San José, Santo Sepulcro, Resucitado, Cristo de la Agonía y Dolorosa, si bien estas dos últimas no se habían podido terminar completamente en la fecha de la inauguración. Son las capillas -algunas reformadas posteriormente- más próximas a la puerta de entrada, en la obra nueva.

Dos elementos más se colocaron en esas obras, los dos obra de Benito Soriano; la cristalera del coro con la imagen de la Patrona (que se mantiene, aunque actualmente la falta de color la hace casi invisible), y en el atrio la escena del bautismo de Cristo que preside esta entrada.

Aunque en aquel momento se habló de la «inauguración del templo», se trató de unas obras que, aunque fueron importantes porque dieron la configuración actual a la parte moderna, sólo fueron un episodio más en la larga (de siglos) y todavía inconclusa tarea constructiva de la Catedral de Albacete.

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