Francisco Iniesta, presidente
del Coiterm. / N.E. |
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La revolución digital que vivimos pone
a disposición de cualquier ciudadano todos los medios necesarios para realizar
contenidos multimedia de calidad, que además, pueden ser ofrecidos a otros
usuarios, sin graves impedimentos técnicos o económicos. Los dispositivos
que hace unos años sólo estaban al alcance de multinacionales o
profesionales especializados en imagen y sonido, hoy están a disposición
de cualquier estudiante de ESO, y aunque aún no somos plenamente conscientes
de sus posibilidades, experiencias como Youtube, eMule, Kazaa, etc, demuestran
que la revolución digital de contenidos va a ser protagonizada por ciudadanos
anónimos, con mentalidad abierta, dispuestos a alcanzar el éxito
desde la innovación, y también, desde la provocación.
Para
impulsar la innovación es preciso favorecer la creatividad individual y
para ello nada mejor que las aplicaciones P2P (intercambio gratuito de ficheros)
que permiten rapidez y máxima difusión de contenidos a través
de Internet. La innovación surge desde la especialización y del
conocimiento del detalle, nunca desde los estantes de un supermercado de venta
generalista. Los ciudadanos ya se han pronunciado: los intercambios P2P suponen
el 80% del tráfico de datos en las redes de telecomunicación y su
índice de crecimiento se duplica cada seis meses. No hay duda, los ciudadanos
desean ser consumidores activos. El problema surge al tratar de garantizar los
derechos de artistas y creadores, frente a la libertad del ciudadano para utilizar
los medios técnicos disponibles.
La respuesta a este dilema no puede
ser desde la imposición de un canon indiscriminado sobre la venta de cualquier
producto tecnológico (desde grabadores y reproductores hasta un simple
cedé de almacenamiento o una impresora), puesto que además de limitar
la capacidad de innovación social, reduce el derecho a la libertad de elección,
aplicando un restrictivo impuesto que perjudica especialmente a los más
desfavorecidos. Tampoco parece razonable perseguir el intercambio P2P, pues sería
como culpar al mensajero sobre el fondo del problema. A los creadores hay que
retribuirles, pero no de cualquier manera, sino de forma justa y equilibrada.
Desde el poder legislativo o ejecutivo no se pueden impulsar normas contra
los intereses generales. Aplicar un canon indiscriminado o permitir a las entidades
gestoras de los derechos audiovisuales la capacidad de bloquear contenidos en
Internet, además de irracional, es perjudicial para nuestra salud intelectual.
¿Cuál es la razón para aplicar un canon indiscriminado a
cualquier dispositivo multimedia? Deben buscarse soluciones tecnológicas
que, facilitando la libertad del individuo a decidir, retribuyan dignamente a
los creadores. Los ingenieros de Telecomunicación afirmamos que existen
respuestas técnicas al problema y en ello estamos trabajando.