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Dioses divinos
Vino y religión han ido de la mano a lo largo de la historia

La simbología ha estado intrínsecamente unida al vino en todas las civilizaciones. Su poder embriagador y su fuerza colectiva han hecho que este alimento haya sido venerado por el hombre y utilizado como fuente de inspiración en muchas religiones. El vino socializa, es un elemento civilizador, y su planta, la vid, ha acompañado al hombre desde sus albores. Su uso ha protagonizado fiestas, acciones cotidianas y se ha sacralizado, adquiriendo un sentido en las celebraciones religiosas más importantes de los distintos pueblos y civilizaciones.

Desde los sumerios, los arcadios y los egipcios; hasta los judios, los griegos y los romanos, el vino ha encontrado en la religión la misma asociación. La sangre y el vino son portadores del espíritu, de las almas. La unión entre estos dos elementos se ha dejado notar en los rituales religiosos, en los sacrificios, en los ritos funerarios. Sangre y vino se han fundido siempre, en armonía, tienen idénticas raíces y la misma simbología mística. Los cristianos Diez palabras hebreas y dos griegas, por lo menos, representan al vino en los textos bíblicos. En Nehemías 5:18 se traduce por vino la voz yayin, equivalente al oinos griego.

Yayin denomina a toda clase de vino de escasa graduación alcohólica. El vino nuevo mencionado por Isaías (62:8,9) Joel (1:10) y Miqueas (6:15) se dice, en hebreo, tirsohy tenía poderes embriagantes. La referencia bíblica al vino y a la viticultura ya se encuentra en el Antiguo Testamento. En él se presenta a Noé como el inventor de la vitivinicultura. «Entonces dijo Dios a Noé: Sal del Arca, con tu mujer, tus hijos, las mujeres de tus hijos (...) Noé se dedicó a la agricultura y fue el primero que plantó una viña pero cuando bebió vino se embriagó y quedó tendido en medio de su carpa (...)" (Génesis, IX, 19, 20.). Pero no sólo Israel cultivó la vid a gran escala. Para los escritores sagrados, el pueblo mismo es la viña de Dios. Y esta imagen adquiere su máxima expresión en la asimilación que Jesús hizo de la vid con el pueblo de Dios.

«Tomad y bebed todos de él porque ésta es mi sangre, la sangre de la alianza nueva y eterna que será entregada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados» (Cfr. Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20; I Cor 11, 23-26). Pero éste no es el único pasaje que hace referencia al vino en la Biblia. En las Bodas de Canaán, Jesús transforma el agua en vino ante la urgencia de agasajar a los invitados, escogiendo ya el fruto de la vid como símbolo de la vida eterna. El islam y el vino La creencia de que el Islam prohíbe beber el jugo fermentado de la vid ha llevado a muchos a analizar este tabú como un rechazo y convertir así a los musulmanes en la única cultura que se escaparía de la unión vino-religión.

No en vano, el Corán reitera sus advertencias: «En verdad, el vino y el maisar, y los anazab y las flechas son abominación de los hechos de Schaitán (Satán); evitadlos, pues, que acaso, vosotros seréis felices... En verdad, quiere el Schaitán introducir entre vosotros la enemistad y la cólera en el vino, y apartaros del recuerdo de Alá y de la oración; pero vosotros absteneos y obedeced a Alá, y obedeced al Profeta, y estad sobre aviso..." (Asura). Sin embargo, Mahoma, reserva a sus elegidos el tasnim, la fuente del vino paradisíaco, el río de vino de Alchenna (Paraíso), donde los bienaventurados podrán comer, beber y rodearse de huríes. El vino, prohibido en la tierra, es otorgado con generosidad en el cielo.

«Ríos de vino, una delicia para los bebedores...y rondará sobre ellos una copa de plata y vasos como botellas. Botellas de plata; las medirán exactamente, con medida. Y les darán a beber una copa, cuya mezcla será de jengibre...» (Asura). El Talmud judio El Talmud judio asegura que «no hay alegría sin vino» e incluso llega a comparar la propia Torah con el mismo vino, puesto que si el vino se sazona conservándose, las palabras de la Torah se prueban madurándose en el hombre y alegrándole el corazón. Numerosos pasajes de los libros rabínicos ensalzan el noble jugo de la uva, e inclusive examinan determinadas implicancias teológicas cuando aluden a los bebedores y a los abstemios.

Pero también advierte, como en las Escrituras, acerca de los resultados del mucho beber. «Cuando entra el vino, el buen sentido se va; cuando entra el vino, los secretos se escapan».

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