En Lagash -ciudad sumeria en la cuenca baja del Tigris- existían zonas de regadío donde crecían las viñas unos 3.000 años antes del nacimiento de Cristo. En esta cultura, el vino era la bebida preferida de los reyes y comerciantes y además tenía un reconocimiento mítico de fertilidad.
Por ejemplo, una escultura hitita de uno de sus reyes representa al dios de la fertilidad con racimos de uva en sus manos.