LOS PASOS DE LA CATA AL DETALLE
La cata, directa a los sentidos
Una copa de vino no debe beberse a tragos, como si de agua se tratara. El vino reune una muy variada gavilla de matices y, para gozar de todos ellos, se inventó el arte de la cata; un arte que exige conocimiento, práctica y devoción.
ara beber un vino con sentimiento hace falta recrearse en los sentidos. Hay que mirar, oler, acariciar y degustar. Hay que dejarse llevar por las emociones y comprobar cómo un caldo cobra energía en el mismo momento del descorche. Para catar un buen vino como lo hacen los profesionales hay que seguir una serie de pasos. Todos juntos harán posible que el acto de beber vino se convierta en un ritual cargado de parafernalia y sentido. La cata es, sin duda, uno de los momentos en el que los expertos más disfrutan. Es el instante en el que el caldo queda completamente desnudo. Con la copa inclinada, unos 45 grados, y con un papel blanco de fondo es como mejor se pueden apreciar los matices, las tonalidades o la limpidez de un vino. La parte externa del vino, la que choca contra el cristal, se denomina ribete o menisco; la interna, bulbo.
Ambas nos ofrecen información sobre las características de ese vino: los tonos violáceos, morados o purpúreos indican su juventud; por el contrario, el color de un vino más viejo habrá evolucionado hacia el teja o el castaño. En el caso del vino blanco el recorrido es más sutil: la palidez amarilla de la juventud se convertirá luego en un tono dorado o ambarino.