Bodega y sótano del hotel Casa Luzón. A.F.R. / ENFOQUE
Atraer al ciudadano no sólo por el gusto, sino también por la sensaciones es algo que se han propuesto muchas bodegas. Además de comercializar internacionalmente sus vinos han apostado por ofrecer a los visitantes los mejores rincones para degustar los caldos. Así han dotado a sus empresas de restaurantes de prestigio e, incluso de hospederías de toque tradicional. Algunas, las más atrevidas ya empiezan a ver el turismo de salud y la vinoterapia con buenos ojos.
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