ESPECIAL FIESTAS PATRONALES ALCANTARILLA
 

Un fuego que nunca llegó a quemar a nadie aquí

G. H. ALCANTARILLA

Mucho se ha discutido sobre los orígenes de la costumbre de quemar a la Bruja, el símbolo popular de las fiestas. La decisión de indultarla el pasado año reavivó una polémica que no se ha apagado aún. El origen de esta mezcla de tradiciones hay que buscarlo en los siglos pasados y en diversos hechos que finalmente motivaron que Alcantarilla fuera conocido como «el pueblo de las brujas».

Rebuscando en los archivos, distintos investigadores, entre los que destaca el cronista oficial de la VIlla y Brujo del Año 2001, Fulgencio Saura Mira, ha descubierto un hecho singular: en Alcantarilla no se quemó a ninguna, bruja o no. Los autos de fe pasaron de largo por la villa y se quedaron en un modesto 'auto público', en el que el Santo Oficio decretó la expulsión y destierro de la Villa de dos maestras, acusadas de curanderismo y de pactar con el mismísimo Diablo.

¿De dónde proviene entonces esa pasión por el fuego? Saura Mira apunta a razones más antropológicas que religiosas. El carácter mediterráneo y latino de los alcantarilleros, al igual que el de sus vecinos alicantinos (Fogueres) o valencianos (Fallas) les impulsa atávicamente a encender la pira de la consumación y el renacimiento, de la expiación de todo lo ocurrido en el pasado año. Pero de ahí a quemar brujas en la plaza pública media todavía un paso, que los investigadores siguen buscando.


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