CARAVACA DE LA CRUZ
«Ni el dos, ni el tres, el uno tie que ser»

Tras la carrera en la Cuesta del Castillo llega la tensa y larga espera para la entrega de premios

Una vez concluida la Carrera en la Cuesta del Castillo llega la tensa y larga espera para conocer el resultado del concurso de enjaezamiento. La fuerza liberada en la cuesta da paso a un incierto descanso.
Los latidos del corazón han acelerado su ritmo y ahora vuelven a la normalidad. Pero no hay una calma total, por las cabezas de los caballistas resuena de forma insistente la pequeña cantinela que los caballistas han coreado durante toda la mañana: «¡Ni el dos, ni el tres, el uno tié que ser!».Sólo unos pocos habrán podido conocer los detalles de la primera votación, la realizada por las peñas en El Templete y entregada más tarde a los representantes del Bando de los Caballos del Vino, pero falta la segunda, la definitiva.

La explanada del Santuario de la Cruz está repleta de personas que quieren prolongar aún más la Mañana de Caravaca. El sol también sucumbe al inexorable paso del tiempo, un tiempo que se hace eterno. La comitiva, por fin, sale junto a las escaleras del Santuario. Se inicia la ceremonia. El corazón vuelve a latir con fuerza, ahora no es el esfuerzo físico, es la emoción, la espera, el deseo de ser el primero. Se inicia la cuenta atrás, el presidente va dando lectura a los premios de participación; el caballo más rápido recibe su trofeo; pero ellos ya sabían que eran los primeros, lo supieron al cumbrar la cuesta. Para el enjaezamiento habrá que esperar hasta el final.

El presidente sigue dando lectura a la relación de premiados en orden inverso. La duda sume en la desesperación a los caballistas. En el momento en el que el presidente va a pronunciar el nombre del caballo que va a quedar en segundo posición se hace un silencio imposible y sepulcral. Los caballistas sabrán en ese momento quién es finalmente el campeón. Las ilusiones se vuelven a desatar, los corazones palpitan, es el momento del desencanto y de la alegría. Desencanto para los que tienen que recoger el trofeo al segundo clasificado; rostros cariacontecidos que reflejan una cierta indignación, miradas que expresan el descontento, el desacuerdo con la decisión final. La alegría, para los ganadores, sus rostros son el contraste con los que han ocupado ese mismo espacio segundos antes. Ellos van a recibir el ansiado primer premio.


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