CARAVACA DE LA CRUZ
Caravaca de la Cruz, Ciudad Santa

El Vaticano aprobó en 1998 la institucionalización del Año Santo in perpetuum cada siete años

Ya han pasado dos años desde que la Santa Sede concedió la institucionalización del Año Jubilar en torno a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. La ciudad vive inmersa en varios proyectos que persiguen prepararla como el Centro de Peregrinación Permanente en el que ya se ha convertido.

Vista panorámica del Real Alcázar Santuario de Caravaca de la Cruz.

La concesión del Año Santo, quinto del mundo junto a los de Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela (Galicia) y el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Potes (Cantabria), supone la celebración de un Año Jubilar cada siete años, siendo el próximo en el 2003. El decreto de concesión se hizo público en un acto celebrado el día once de febrero de 1998 en la Sala de Cabildos del Real Alcázar Santuario por quien entonces era el obispo de la diócesis Cartagena-Murcia, monseñor Javier Azagra Laviano.

Entre las causas que motivaron la concesión por parte del Vaticano del Año Santo In Perpetuum cabe destacar un hecho religioso, cuya trascendencia se remonta a más de setecientos años en la Historia de España, de la Región de Murcia y de Caravaca de la Cruz: la presencia de la Santísima y Vera Cruz en estas tierras desde el siglo XIII, cuyo origen oriental es harto comprobado, y en la que la tradición religiosa y la fe cristiana considera depositada una astilla del lignum crucis en que murió Jesucristo.

Siete siglos de culto

Este hecho ha supuesto el desarrollo, a lo largo de siete siglos, de un culto religioso enraizado en el seno de la fe cristiana y admitido por la Iglesia Católica, hasta el punto de asignársele por el Vaticano (siglo XVIII) el culto de «Latría», equivalente al tributado al Santísimo Sacramento. Esta realidad trascendió los estrictos límites geográficos locales, comarcales, regionales e incluso nacionales, convirtiéndose la Ciudad de la Cruz en un punto neurálgico y de referencia religiosa, teniendo su máximo apogeo en los siglos XVI, XVII y XVIII, épocas en las que primó el verdadero carácter religioso de la Sagrada Reliquia, frente a otros atribuidos con posterioridad (mágico-religioso, supersticioso o esotérico).

La fe generada en torno a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca propició, fundamentalmente en los siglos referidos, y aún con anterioridad, verdaderas corrientes de peregrinación hacia su santuario desde los más diversos puntos de la geografía española, hasta tal punto que ya en pleno siglo XVI se hallaba establecido un Hospital en la localidad, el del Buen Suceso, con el fin fundamental de atender a los peregrinos.

Asímismo, y con la finalidad de propiciar, difundir y mantener el culto a la Vera Cruz, nació la Real e Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca, cuyos orígenes documentalmente probados se remontan a la Edad Media y que, ya en el siglo XVII, estaba admitida como canónicamente instituida, con base en las constituciones de Clemente VIII (Quicumque, 1604) y Paulo V (Quae Salubriter, 1610).

A modo de muestra del valor de las referidas peregrinaciones nos pueden servir los jubileos decretados en distintos años de los siglos XVI y XVII, con motivo de las diferentes festividades de la Cruz (mayo, julio, septiembre) o la solicitud concreta que dirigía la Cofradía en 1663 al Papa Alejandro VII, para que se pudiera admitir en la misma cofrades procedentes de distintos puntos de España (lo que fue un hecho), y en la que hace referencia a los peregrinos «...que frecuentemente concurren de toda la Cristiandad a adorar a esta Santa Reliquia..».

Al mismo tiempo, y en el mismo año, se pide al Papa conceda algunas indulgencias «...como están concedidas a cualquiera de los santuarios de Santiago de Galicia o de la Virgen del Pilar de Zaragoza o de Monserrate o de Guadalupe o de los Santos Corporales de Daroca o de San Toribio, todos santuarios de España...».

Otros dos motivos pueden servir de móvil justificativo a lo que ha sido la base para la concesión eclesiástica del Año Santo. Por una parte el hecho de que hace diecinueve años, en 1981, fuese concedido un Año Jubilar a Caravaca (tal vez el primero en su historia), con motivo de la celebración del 750 Aniversario de la Aparición de la Vera Cruz en Caravaca y que, hace cuatro años, en 1996, se concediese otro Año Jubilar que atrajo hasta la localidad a más de 700.000 peregrinos.

Por otra, el deseo de clarificar, a nivel nacional, el verdadero sentido de la Vera Cruz de Caravaca, como símbolo de fe cristiana, frente a la difusión simplista e incluso no religiosa, que de ella se viene haciendo en los últimos tiempos en España.

La solicitud para la institucionalización del Año Jubilar fue realizada por la Cofradía de la Santísima y Vera Cruz antes de que finalizara el II Año Jubilar, en 1996. Las sucesivas Juntas Representativas de esta institución mantuvieron reuniones y contactos para dar curso a esta inquietud.

El obispo emérito de la diócesis, monseñor Javier Azagra, entonces al frente de la Iglesia Diocesana, realizó diferentes consultas tanto con la Conferencia Espicopal Española como con el Vaticano. Finalmente, la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede comunicó la concesión del Año Santo in perpetuum con una periodicidad de siete años.

En este mismo documento, firmado por el regente de la citada institución vaticana, se precisa que se concede Indulgencia Plenaria para los días de la Apertura y Clausura del Año Jubilar y también para los días 3 de mayo, festividad que dio origen a las fiestas patronales, y el 14 de septiembre, fecha en las que la Iglesia celebra la conocida Exaltación de la Cruz. Durante el Año Jubilar también podrán ganar estas gracias los que «siempre por devoción peregrinen al Santuario en grupo».


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