as fiestas de Cartagineses y Romanos forman
ya parte del patrimonio de los cartageneros. Representan el
momento del año en que nuestra historia milenaria sale
a la calle en forma de fiesta y nos permite convertir en diversión
y espectáculo acontecimientos que no deben quedar encerrados
en los libros de historia.
La Cartagena del siglo XXI se convierte en campo para las
batallas que los dos colosos que se repartían el
Mediterráneo libraron entre sí para disputarse
el abrigo de este puerto.
Con iniciativa e imaginación nació la fiesta;
con esfuerzo y con ilusión, la fiesta ha ido creciendo
y consolidándose como una de las manifestaciones
culturales y festivas más sorprendentes del Mediterráneo.
Las fiestas han ido creciendo al tiempo que se ha trabajado
en la recuperación de las huellas físicas
de ese pasado. De ese modo y gracias a la suma de esfuerzos,
podemos presumir de una ciudad en la que la Historia se
contempla, se vive y se festeja como en pocas otras.
El empuje de mucha gente y el respaldo de toda una ciudad
han conseguido ese milagro y hoy, dieciséis años
después, todos tenemos la oportunidad y la suerte
de seguir disfrutándolo y mostrándolo con
orgullo a nuestros visitantes.
Quienes disfrutamos de la fortuna de trabajar codo con
codo con los festeros sabemos mejor que nadie que los cimientos
del Campamento son el esfuerzo de los festeros, que los
actos nacen de horas de ensayo, que los desfiles salen a
la calle porque hay cientos de cartageneros dispuestos a
hacer grade la fiesta.
Las fiestas de Cartagineses y Romanos nos han dado mucho
a todos en muy poco tiempo. Por eso, el trabajo de sus dirigentes
y la ilusión de los miembros de cada tropa y cada
legión siguen mereciendo el aplauso y el agradecimiento
de toda Cartagena.